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'Hasta aquí llegué con él': la furia de una madre por el ataque a Salman Rushdie

·8  min de lectura

Hadi Matar, de 24 años, era muy reservado. Un viaje a Oriente Medio en 2018 lo cambió.

FAIRVIEW, Nueva Jersey — A Hadi Matar le molestaba que lo presionaran a seguir estudiando. A los 24 años, tenía un trabajo de bajo nivel en una tienda de descuentos, hacía torpes intentos en el boxeo y se enfocaba cada vez más en la religión. Ahora, acusado de intentar matar a una figura notable de la libertad de expresión, Matar ha perdido incluso el apoyo de su madre.

“Hasta aquí llegué con él”, dijo Silvana Fardos en una breve entrevista, en la que renegó de Matar, acusado de apuñalar repetidamente al escritor Salman Rushdie en un osado ataque diurno en un retiro intelectual en el oeste del estado de Nueva York.

Esta semana comenzó a surgir un retrato de Matar que lo perfila como un ermitaño problemático. Fardos dijo que no había hablado con él luego de que fue acusado de intentar matar a Rushdie el viernes. El escritor ha vivido intermitentemente en la clandestinidad desde que, en 1989, el líder supremo de Irán emitió un edicto que pedía su muerte después de la publicación de Los versos satánicos, un libro que provocó la indignación de algunos musulmanes.

Rushdie, que fue apuñalado unas 10 veces, fue hospitalizado con lesiones que sus familiares han dicho que alterarán su vida. Su agente ha comentado que es probable que pierda un ojo.

El FBI, que dirige la investigación, no ha revelado un motivo claro para el ataque. El Ministerio de Relaciones Exteriores iraní culpó esta semana al propio autor y negó su participación.

Pero el martes, mientras los equipos de noticias nacionales e internacionales seguían rondando frente a la casa de Fardos en el norte de Nueva Jersey, ella confirmó que su hijo volvió de un viaje a Oriente Medio en 2018 convertido en otro hombre: aislado y cada vez más centrado en su papel como seguidor del islam.

Salman Rushdie en 2012. (Richard Perry/The New York Times)
Salman Rushdie en 2012. (Richard Perry/The New York Times)

“No tengo nada que decirle”, dijo Fardos el lunes mientras caminaba rápidamente hacia la casa de ladrillo de dos pisos en Fairview, pidiendo privacidad y con el rostro protegido por una mascarilla, gafas y sombrero.

Los asistentes que acudieron a escuchar el discurso de Rushdie, de 75 años, en la Institución Chautauqua, cerca de Búfalo, sometieron a Matar antes de que fuera detenido.

Matar sigue encarcelado. Su abogado, Nathaniel L. Barone II, presentó una declaración judicial de no culpabilidad en su nombre. Barone, abogado de oficio, dijo que esperaba que un gran jurado analizara los cargos formales contra su cliente en los próximos días.

“En estas situaciones en las que las emociones se disparan, los sentimientos se disparan, es importante que el sistema de justicia penal siga siendo el mejor”, dijo Barone el martes. “Esta es la oportunidad para que Matar reciba todos los beneficios de nuestra Constitución: la presunción de inocencia, el debido proceso, un juicio justo”.

La familia de Matar llegó a Estados Unidos procedente de Líbano y se estableció en California antes de la disolución del matrimonio. El padre de Matar regresó al pueblo de Yaroun. En Nueva Jersey, donde Fardos y sus tres hijos han vivido durante varios años luego de mudarse de California, ya se habían formado opiniones sobre Matar mucho antes de la semana pasada.

Conocidos y familiares describen a un hombre que prefería mantenerse al margen de la vida cotidiana.

“Es el cliché del solitario”, dijo Desmond Boyle, propietario de un pequeño gimnasio tipo garaje donde Matar estaba aprendiendo a boxear.

Matar había trabajado en una tienda de ropa Marshalls antes de su detención, dijo un funcionario de la empresa. Su madre dijo al tabloide británico The Daily Mail, en una entrevista que confirmó el martes, que pasaba meses sin hablar con ella o con sus hermanos. La culpaba de animarlo a enfocarse en los estudios académicos en lugar de los religiosos.

Jorge Diaz dijo que a menudo asistía a la misma clase de las 6:30 p. m. a la que iba Matar en el State of Fitness Boxing Club, un gimnasio en North Bergen, Nueva Jersey, a unos tres kilómetros de la casa de Matar.

“Siempre… así, aislado”, dijo Díaz, de 34 años. “Siempre solo, muy callado”.

A diferencia de la mayoría de los estudiantes principiantes, había llegado en abril dispuesto a matricularse de inmediato, sin antes tomar una clase de muestra como hacen la mayoría de los estudiantes, dijo la gerente del club, Rosaria Calabrese.

Educado y reservado, se mantenía casi totalmente al margen, y rara vez levantaba la voz más allá de un susurro, dijeron varios estudiantes e instructores.

Boyle dijo que se había acercado a Matar al menos dos veces para hablar con él, un esfuerzo que fracasó. Boyle, bombero, dijo que sus décadas como alcohólico en recuperación lo habían hecho especialmente sensible a “trabajar con los que necesitan ayuda”.

“Parecía el día más triste de su vida”, dijo Boyle en una entrevista, “pero llegaba con ese aspecto todos los días”.

“Se nota que creció tranquilo”, añadió. “Tal vez un poco por fuera. Nunca encajó del todo”.

Matar tenía poca experiencia en el boxeo —“dos pies izquierdos”, dijo Boyle— y realizó pocos avances durante las 27 sesiones a las que asistió en el espacio de entrenamiento revestido de ladrillos y lleno de sacos de boxeo que cuelgan del techo.

Tres días antes del ataque había cancelado su suscripción mensual a State of Fitness, un paquete de 158 dólares con clases y tiempo de práctica ilimitados, contó Calabrese.

“Dijo: ‘No puedo volver ahora mismo’”, señaló.

Las personas que presenciaron el apuñalamiento en Chautauqua describieron la fuerza bruta del agresor. En el gimnasio, el hombre fotografiado tras el ataque, esposado, parecía tener poco en común con el estudiante delgado y torpe que recordaban.

“No parecía agresivo, porque no sabía pelear”, dijo Diaz, un boxeador aficionado que lleva compitiendo unos tres años y que intentó ofrecer a Matar consejos amistosos.

“Hubo un par de veces en las que le dije: ‘Así es como se lanza un golpe. Así es como se hace’. Ese es el tipo de persona que era”.

Un amigo de infancia de California recordó una falta de agresividad similar. “Está completamente fuera de su carácter hacer lo que se le acusa de haber hecho”, dijo Uriel Alberdin, de 26 años.

Alberdin tenía 10 años cuando conoció a Matar, entonces de 8. Los dos se hicieron muy amigos durante las visitas regulares que el menor hacía para ver a su padre, en Bell, California, una ciudad cercana a Los Ángeles, tras separarse de la madre de Matar, dijo Alberdin.

“No parece propio de él”, dijo Alberdin, un estudiante de arquitectura que describió haber jugado a videojuegos con Matar y compartido el gusto por los héroes de cómic Spiderman y Superman.

“Era como mi mejor amigo”, dijo Alberdin.

Se comunicaban unas dos veces al año, principalmente a través de las redes sociales, después de que la familia de Matar se trasladara a la costa este.

“La conversación nunca fue profunda, nunca fue extraña”, dijo Alberdin. “Era lo básico: llamar a tu amigo para saber cómo le va”.

Pero el correo electrónico que Matar envió repentinamente en el que pedía que se cancelara su membresía en el gimnasio sugería que efectivamente se había interesado en la política de un país que Estados Unidos ha designado como estado patrocinador del terrorismo.

Calabrese dijo que se dio cuenta del avatar del correo electrónico únicamente después de la detención de Matar: justo a la izquierda de su nombre hay una imagen circular de un clérigo con barba, el ayatolá Alí Jamenei, el actual líder supremo de Irán, de 83 años, según muestra una copia de la correspondencia vista por The New York Times.

Fue el predecesor de Jamenei, el ayatolá Ruhollah Jomeiní, quien emitió la fatua que pedía la muerte de Rushdie. El escritor rápidamente se convirtió en un símbolo mundial de la libertad de expresión. El edicto llevó al escritor nacido en India y criado en el Reino Unido a vivir en la clandestinidad antes de trasladarse a Estados Unidos, donde ha mantenido una vida cada vez más pública a pesar de las amenazas de muerte recibidas en el pasado.

El viernes estaba previsto que hablara sobre Estados Unidos como un refugio seguro para escritores exiliados. La fiscalía dijo que Matar había ido en autobús al bucólico complejo privado de la Institución Chautauqua, un centro fundado en la idea de la investigación y el discurso serios.

Y justo después de que Rushdie se sentó, Matar se abalanzó sobre el escenario, según los fiscales, y comenzó a golpear furiosamente con los puños a un hombre que le triplica la edad.

Los testigos se dieron cuenta momentos después de que el agresor llevaba un cuchillo en la mano.

Ana Facio-Krajcer reportó desde Los Ángeles y Lauren Hard y Nate Schweber colaboraron con la reportería desde Fairview, Nueva Jersey.

Chelsia Rose Marcius cubre noticias de última hora y justicia penal para la sección Metro, con énfasis en el Departamento de Policía de Nueva York.

Tracey Tully cubre Nueva Jersey. Se unió al Times en 2018 como editora sénior. Anteriormente cubrió el gobierno de la ciudad y del estado en The Daily News, Albany Times Union y el Jersey Journal. @traceytully

Rushdie tenía previsto hablar el viernes sobre Estados Unidos como un lugar de refugio para escritores exiliados. (Maddie McGarvey/The New York Times)

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