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Los carteles latinoamericanos llegan a Asia usando mujeres como mulas

Dentro de un año Daniel saldrá de prisión, pero aún no se sabe cuál será su destino: un orfanato o ser enviado a Venezuela. Lleva dos años encerrado en una cárcel de Hong Kong y cuando cumpla los tres tendrá la edad límite que es permitida para que los niños vivan con sus madres en prisión.

La venezolana Keishu Mercedes Gutiérrez llegó a Hong Kong en el verano de 2016 en avanzado estado de embarazo. Un largo viaje desde Sao Paulo en Brasil, con escala en Abu Dhabi, terminó en Hong Kong y ahí empezó la pesadilla para ella y Daniel, cuyo nombre real fue cambiado para proteger la identidad del menor.

Durante la inspección de aduanas su equipaje fue sometido a rayos X y no encontraron nada, pero cuando hicieron una revisión corporal encontraron cuatro paquetes con 1,6 kilos de cocaína adheridos a sus piernas.

Los dos intentaban escapar de la crisis política y económica que vive Venezuela y ahora están detenidos en la Institución Correccional de Tai Lam de máxima seguridad de Hong Kong.

Este tipo de casos de venezolanos que sirven como mulas del narcotráfico es cada vez más recurrente en Asia y forman parte de un entramado que involucra a nigerianos, que controlan rutas de transporte de narcóticos a través de Medio Oriente.

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Imagen de cocaína aprehendida en el departamento policial de Hong Kong . Foto:  Associated Press.

En su defensa Gutiérrez asegura que dos nigerianos la obligaron a subirse a un avión en Sao Paulo y que después de hacer una escala en Abu Dhabi se dirigió a Hong Kong, donde fue detenida con el alijo de cocaína y condenada a 25 años de prisión.

Su caso no es el primero ni el único. Las autoridades de China, Taiwan, Camboya y Nepal, entre muchos otros países asiáticos, han reportado la captura de venezolanos con drogas. En algunos países se han anunciado los primeros casos y en otros se ha incrementado el número desde que empezó la crisis venezolana. Sin embargo, no se han hecho públicos datos concretos.

Una nueva tendencia en Asia

Mientras la cocaína de Latinoamericana cada vez es más popular en Asia y llega a través de contenedores o mulas, las organizaciones criminales compran productos químicos en China para fabricar opioides como en fentanilo para satisfacer la demanda en Estados Unidos.

La directora del Centro de Criminología de la Universidad de Hong Kong, Karen Laidler, aseguró a la revista “Esta semana en Asia” que “definitivamente es un hecho” la llegada y penetración de las bandas del narcotráfico de América Latina en Asia. “La cocaína viene de Latinoamérica y esta llegando a lugares como Hong Kong (…) parece haber una demanda creciente por esa droga”, indicó.

Laidler indicó que en el pasado la droga que se usaba en Hong Kong era la ketamina, pero “eso ha cambiado mucho y ahora las metanfetaminas y la cocaína son las drogas que la gente está usando”.

El último Informe Mundial sobre las Drogas 2018, publicado en junio pasado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, describe a Asia y África como centros emergentes para el tráfico y el consumo de cocaína.

Un oficial de policía hace guardia junto a las drogas incautadas en Shenzhen, provincia de Guangdong, China April 24, 2018. Chen Hui/Southern Metropolis Daily via REUTERS.

Jeremy Douglas, el representante de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito para el Sudeste Asiático y el Pacífico, con sede en Tailandia, asegura que el mercado asiático todavía esta dominado por las metanfetaminas.

“Pero la cocaína está en la región, principalmente para la clase alta porque es mucho más cara. Se puede encontrar en la escena de la fiesta en Bangkok, Hong Kong, y otras ciudades importantes en el sur y este de China, como Shanghai y Pekín”, señaló al South China Morning Post (SCMP), el principal diario hongkonés.

Un lugar para el blanqueo del dinero

Asia, y en particular China, se han utilizado para ocultar los dineros sucios, limpiarlos y luego devolverlo a los bolsillos de los actores ilícitos.

“Los carteles mexicanos y colombianos se han vuelto ‘globales’ usando compañías e instituciones financieras en Hong Kong y China continental para lavar las ganancias de su comercio de drogas”, dijo al SCMP Celina Realuyo, experta de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional.

Asimismo, indicó que los carteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación están obteniendo grandes ganancias con sus ventas de cocaína a Hong Kong y los mercados asiáticos.

“Como resultado, las instituciones financieras chinas se están convirtiendo en grandes lavadoras de ganancias ilícitas y están bajo un escrutinio cada vez mayor”, observó Realuyo.

Mujeres para trasladar la droga

Las autoridades también han encontrado que un creciente número de mujeres latinoamericanas están llegando a los aeropuertos asiáticos porque los carteles consideran que es menos probable que las autoridades las registren a ellas.

Sin embargo, un portavoz de los servicios correccionales de Hong Kong indicó que en las prisiones de la ciudad estaban detenidos al final de 2018 un total de 1.709 extranjeros, es decir, alrededor del 20,3% de la población penal. De ese total, 655 habían sido condenados por delitos relacionados con drogas, de los cuales 205 eran mujeres.

John Wotherspoon, un sacerdote católico que ha organizado varias campañas internacionales de concientización contra las drogas, ha recopilado información de las mulas con las que ha hablado en Hong Kong.

“En el último par de años, las mulas de drogas (en Hong Kong) han sido en su mayoría mujeres. Los nigerianos abordan a las mujeres que están desesperadas por dinero. Muchas son madres solteras, de países como Perú, Bolivia, Paraguay, Surinam (…) los nigerianos tienen agentes que reclutan personas en todos estos países”, asegura.

Los hombres ancianos también han sido objetivo de estos grupos y en especial los narcotraficantes en la ciudad colombiana de Pereira los reclutan porque saben que Hong Kong tiene una política de deportar a los hombres arrestados de más de 65 años, precisa el sacerdote.

Muchas mulas de drogas no tienen nada que ver con las redes criminales detrás del narcotráfico. A veces incluso son víctimas de la trata de personas, que acaban siendo amenazadas y obligadas a vender narcóticos. “Una minoría no tenía idea de lo que estaban haciendo. Pero los otros son personas desesperadas (…) no son criminales”, puntualizó Wotherspoon.