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Los inconvenientes de dejar de ser pobres

Jaime Quirós – La Unión Europea ha reclamado incrementar las aportaciones de los Estados miembro para poder disponer de mayores recursos para las políticas comunitarias. Ese dinero sale de la recaudación de los estados mediante impuestos como el IVA, el IRPF o los que se cobran por productos del exterior mediante aranceles.

Hasta hoy, la diferencia de la cantidad con la que se contribuía al “bote europeo común” y lo que recibía de éste siempre beneficiaba a España. Era lo bueno que tenía ser pobres. Infraestructuras, formación o ayudas a los agricultores eran algunos de los destinos. Los países europeos “ricos” veían como España se desarrollaba a su costa. A veces se despilfarraba y otras también contribuían a financiar la vida de unos cuantos políticos corruptos, lo que irritaba especialmente a alemanes o franceses, es este caso no sin razón.

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REUTERS / Toby Melville

España vivía cada vez mejor. Llovía dinero y de eso nadie se quejaba. Más justo o más injusto, según la perspectiva, el país se desarrollaba a un ritmo casi nunca visto. A cambio sacrificaba poder tomar decisiones autónomas al tener que supeditarse a las políticas comunes europeas. Desde luego compensaba.

Décadas de desarrollo han hecho acercar a España a las economías más ricas de Europa. Y eso quiere decir que la consideración del país pasa a ser más alta. Además, la ampliación de la Unión Europea con la entrada de países con economías mucho más débiles que la española lo cambió todo. Todos los países del Este eran (desafortunadamente para nosotros) más pobres, lo que provoca que automáticamente nuestro país parezca más rico y el dinero se vaya para allá.

La otra clave es que la salida de un contribuyente como el Reino Unido, que por el Brexit deja un agujero de más de 10.000 millones de euros. España, como nueva cuarta economía de la Unión, tendrá que responder con un esfuerzo económico incluso mayor y convertirse en un contribuyente neto. Toca aportar más de lo que se recibe.

Lógicamente era más bonito recibir dinero. Después de tres décadas “chupando del bote” sería muy hipócrita no querer contribuir y ayudar al desarrollo de los que lo necesitan. Eso sí, que a cambio tenga un lógico aumento de peso en la toma de decisiones comunitarias. Igual que antes acataba decisiones de Schröder, Blair o Chirac, ahora que las “imponga” como hacían ellos.

Parece que toca apechugar. Son los inconvenientes que tiene dejar de ser pobres. Pero mejor que nunca más lo volvamos a ser.

Laotracaradelamoneda

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