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Maíz tardío: la fertilización balanceada, un factor crucial

·3  min de lectura
Red combine harvester using bin auger for unloading yellow corn kernels into grain truck. Sunny day with blue sky during the 2019 harvest season
Red combine harvester using bin auger for unloading yellow corn kernels into grain truck. Sunny day with blue sky during the 2019 harvest season

El cultivo de maíz tardío recibe menor radiación que el maíz de primera; es más eficiente interceptando esa radiación, pero es menos eficiente particionando fotoasimilados a grano. Tener en cuenta este concepto básico de agronomía es fundamental a la hora de manejar los nutrientes.

Respecto de la fertilización, se debe tener en claro que el maíz tardío, al igual que el de primera y el de segunda, es un cultivo de maíz: no requiere menos nutrientes. La única forma de lograr producciones estabilizadas en el tiempo es con fertilizaciones balanceadas, que deben entenderse como aquellas compuestas por nitrógeno (N), fósforo (P), azufre (S) y zinc (Zn).

Malezas: harán mediciones con cultivos de servicio

Este tipo de fertilización mejora la productividad del agua, lo que permite lograr entre 25 y 30 kilos de granos por cada milímetro de agua caída. Por un lado, la fertilización balanceada debe tener fósforo (promueve el desarrollo radicular), pero este nutriente tiene que estar en proporción adecuada con el zinc, debido al antagonismo entre ambos. Las altas dosis de fósforo inhiben la simbiosis de las micorrizas que permiten la entrada de zinc a la planta.

Si se fertiliza fuertemente con fósforo, se debe incorporar 1,5 kg/ha de zinc, independientemente del nivel de rendimiento objetivo. Por otro lado, el azufre y el zinc mejoran la eficiencia de uso del nitrógeno. Agregando 15-20 kg/ha de azufre, se puede disminuir el nitrógeno objetivo en 25 unidades/10.000 kg de maíz.

El nitrógeno y la densidad de siembra tienen una fuerte interacción en la determinación del rendimiento. Ambas variables deben considerarse como dependientes una de otra y bajo ningún punto de vista deben manejarse por separado. Un aumento de densidad, si no es acompañado de una mejor oferta de nitrógeno, no se va a traducir en un aumento potencial de rendimiento. Además, los cultivos antecesores juegan un papel trascendental a la hora de decidir las dosis de nitrógeno de los cultivos de verano. Si el maíz tardío viene de un antecesor gramínea, va a requerir mucho más nitrógeno que si tuvo un antecesor soja o vicia. Por ejemplo, el rastrojo de centeno tiene una relación carbono/nitrógeno (C/N) muy alta, que ocasiona una fuerte inmovilización de nitrógeno por parte de los microorganismos del suelo.

En el orden de prioridades de la nutrición nitrogenada en el suelo está primero los microorganismos y luego el cultivo. Si las dosis de nitrógeno son normales a bajas (120-150 kg/ha de urea), va a haber una “retención” de ese nitrógeno por parte de las bacterias, y el sobrante de su alimento lo recibirá el cultivo, lo que será en muchos casos insuficiente para sostener altos rendimientos; es recomendable agregar un 30% del nitrógeno total a fertilizar en el momento de la siembra de los maíces tardíos con antecesor gramínea.

La fertilización balanceada permite fijar mayor cantidad de hileras/espiga. El número de hileras se define muy temprano en el ciclo del cultivo (V4). Si no se tiene un cultivo bien nutrido y en proporciones balanceadas desde la siembra, el número de hileras puede bajar a 18-16-14, con un impacto muy grande (1500 kg/ha) sobre el rendimiento final del cultivo. Todo lo que se haga de V4 en adelante solo permitirá defender lo que ya se fijó; por esa razón, es clave que los cultivos arranquen bien nutridos desde la siembra.

Gracias a la agricultura de precisión y al manejo por ambientes, en Agronomy Tech observamos que, en promedio, el 85% de la producción de granos proviene de los ambientes de producción promedio, alta y muy alta. Recomendamos no escatimar insumos y manejo en esos ambientes, y agregarles todo lo que necesitan para maximizar rendimientos. Estos ambientes son los más estables, tienen menor variabilidad interanual en los rendimientos, y son los que más respuesta generan al agregado de insumos.

El autor es director de Agronomy Tech

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