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Por qué las madres de las redes sociales se apartan cada vez más del ideal de orden y “normalizan lo normal”

Más personas muestran del desorden de sus casas en las redes sociales
Más personas muestran del desorden de sus casas en las redes sociales - Créditos: @Captura

NUEVA YORK.– La semana pasada, la actriz Julia Fox posteó en TikTok un recorrido por su departamento de Nueva York que se viralizó de inmediato. “Nunca, ni en un millón de años, pensé que iba a hacer una cosa así, pero yo apuesto a una máxima transparencia”, dice Fox al principio del video. “Y sé que me van a criticar a muerte, pero tal vez alguno mire este video y piense: ‘Bueno, al fin y al cabo no soy tan desastroso”.

Es cordobés, tiene 102 años y una activa vida social, con Paulo Dybala entre sus amigos: “Me siento bien, estoy en forma”

El tour por el departamento de Fox es entretenido y resulta fácil identificarse con la situación, sobre todo para quienes viven en departamentos en una gran ciudad. La actriz, que se hizo conocida por su papel en Uncut Gems, puso su cama en el living para que su hijo tenga lugar para un cuarto de juegos. Hay juguetes desparramados por todas partes, cajas de zapatos en la cocina, y según Fox, “tenemos un pequeño problemita con un ratón”. En su columna para la revista Romper, una publicación online para madres, Evie Ebert habla de la sensación de autenticidad que transmite el video y señala que lo que Fox nos muestra no es la típica “imperfección perfecta” de otros contenidos de influencers que muestran breves momentos de caos y desorden en sus cuentas usualmente antisépticas de TikTok. Por el contrario, señala Ebert, Fox seguramente apreciaría la “caja de basura” que tiene Ebert en su departamento, porque Fox ha sabido construir “un nido acogedor donde una madre soltera y su hijito tienen todo lo que necesitan, y toda la ciudad a su disposición a un paso de distancia”.

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El video de Fox me hizo pensar en Emily Feret, la creadora de TikTok que está “normalizando lo normal” con posteos sobre su “dieta mezcolanza”, su esforzada rutina matutina antes de encarar el día y el poco estético estado del playroom de su hogar. Los posteos de Feret funcionan como una suerte de antídoto contra el gusanito de la perfección que inoculan en nuestro cerebro las cuentas de TikTok de algunas “mami-influencers”, por más que sospechemos que sus vidas online son un montaje.

@emilyjeanne333

It really is cool though cuz it means they are playing ❤️ #normalizethemess

♬ original sound - DL TOOTS

Mientras que esas irreprochables madres de las redes sociales –con sus inmaculados azulejos de cocina y sus peinados de peluquería– siguen siendo muy atractivas para los anunciantes, me parece que estamos viendo un “cambio de onda” en las madres de las redes sociales, que se apartan cada vez más del ideal inalcanzable y se vuelcan cada vez más a contenidos que reflejan la vida real.

Hasta Marie Kondo, que se convirtió en un fenómeno global con su best-seller La magia del orden, acaba de reconocer que desde que tuvo su tercer hijo, en 2021, su casa ya no es lo que era. Y tal como informó Jura Koncius en el diario The Washington Post, el nuevo libro de Kondo es sobre encontrar alegría en otros aspectos de la vida. Allí, en referencia a una casa perfectamente ordenada, Kondo dice: “Me di por vencida de la mejor manera. Para mí ahora lo importante es disfrutar del tiempo que paso en casa con mis hijos”.

¿Qué es exactamente lo que está cambiando? El nuevo libro de Emily Hund, The Influencer Industry: The Quest for Authenticity on Social Media (El negocio del influencer: la búsqueda de autenticidad en las redes sociales), dice que el punto de inflexión fue la pandemia. Después de años de fotos en Instagram que priorizaban la imagen y lo aspiracional, había un incipiente apetito por contenidos más cercanos a la vida cotidiana de los consumidores, señala Hund. Y de pronto, en 2020, quedamos atrapados en casa, empezamos a pasar aún más tiempo en las redes sociales, y experimentábamos más ansiedad y preocupación.

Los eventos de ese año “terminaron acelerando cambios en el negocio influencer que se venían gestando desde hace tiempo: el final demorado de una era en la que los estándares eran marcados por megainfluencers delgados, blancos, heterosexuales, ricos y apolíticos”, escribe Hund, investigadora del Centro de Cultura y Sociedad Digitales de la Escuela de Comunicación de la Universidad de Pensilvania.

Sumándose a la propuesta de realities de Netflix, "Tidying Up with Marie Kondo" estrenó el primero de enero del 2019
En su nuevo libro, Marie Kondo admite que ahora pasar tiempo con sus hijos es más valioso que mantener el orden

Para su libro, Hund entrevistó a numerosos influencers y a sus patrocinadores. Allí cita a una promotora de marcas llamada Beth que habla de ese giro hacia contenidos más auténticos que se dio en 2021: la base de Instagram era mostrar “vidas de alto vuelo”, explica Beth, “pero ahora la gente cambió y ya no quiere ver eso: quiere ver algo real, y TikTok permitió que esa idea eche raíces y florezca”.

En parte, eso se debe a que el lenguaje universal de Instagram era la imagen fija, mientras que el de TikTok es el video, que premia el humor y la personalidad, señala Kathryn Jezer-Morton, socióloga y autora de una columna sobre vida familiar en The Cut. Para Jezer-Morton, el ambiente de TikTok implica “un relajamiento de las garras de la moralidad que gobernaban la maternidad en las redes sociales”, y agrega que el video de Fox era el mejor ejemplo de este nuevo momento, porque la actriz no se disculpa por la sensación que pueda transmitir su casa. “Si nos disculpamos, no estamos liberados –sostiene Jezer-Morton–. Y creo que vamos a ver cada vez más contenidos como ese, porque la tendencia va en aumento”.

Otra característica de TikTok que lo vuelve menos acartonado es su función “stitch”, que permite responder con un video propio a un video existente. En un video reciente, una madre se puso seria: “No me identifico con las mujeres que necesitan tiempo lejos de sus hijos. Yo estoy obsesionada con los míos, y si ellos no pueden ir a algún lugar, yo tampoco voy”, dice acurrucada con su hijo y con una canción de amor sonando de fondo. Aprovechando la función “stitch”, otras madres sumaron sus propios videos riéndose, chocando copas de vino o simplemente reaccionaron con un jocoso “Okaaayyyy”. Responder a un video con otro video es más espontáneo y divertido que dejar un comentario escrito debajo de una publicación de Instagram.

Dicho lo cual, está de sobra aclarar que todo lo que posteamos en las redes está “editado”. En su libro, Hund señala que la autenticidad sigue siendo una construcción. “Los cambios de la autenticidad en el contexto de las redes sociales se siguen dando dentro del mismo sistema de cultivo y comunicación, solo cambia su aspecto”, señala sagazmente.

Por Jessica Grose

(Traducción de Jaime Arrambide)