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El mapa del empleo: cómo es la realidad laboral en las provincias

La participación en el mercado de trabajo como porcentaje de la población va desde 53,5% en CABA a 37,2% en Formosa.
La participación en el mercado de trabajo como porcentaje de la población va desde 53,5% en CABA a 37,2% en Formosa. - Créditos: @shutterstock

CÓRDOBA.– En años electorales como el actual hay dirigentes que echan mano a las tasas de desempleo para mostrar que en sus territorios la economía marcha bien o, al menos, mejor que a nivel nacional. Aparecen, así, casos como los de Santiago del Estero-La Banda, con 1,6% de desocupación; Formosa, con 2,8%; La Rioja (4,4%) o Chaco-Gran Resistencia (4%). Sin embargo, los números, explican los economistas, ocultan distorsiones: son distritos que tienen bajo desempleo, pero también poco trabajo privado y bajas tasas de actividad. Por caso, en esos conglomerados urbanos, siempre según los últimos datos de Indec, los niveles de pobreza son de 40%, 24,4%, 36,2% y 49,9%, respectivamente.

A nivel país, en el tercer trimestre del año pasado (último dato disponible) la desocupación fue del 7,1% (1,1 puntos porcentuales menos en la comparación interanual) y la tasa de actividad (personas que buscan trabajo) fue del 47,6%, 0,9 puntos más que en el mismo período de 2021. Una buena parte de la mejora en la ocupación es por el crecimiento del trabajo informal, que en igual período varió de 33,1% a 37,4%.

De esa medición deriva que las mayores tasas de desocupación se registraron en Gran Buenos Aires y la región Pampeana, con 8,2% y 6,8%, respectivamente. El Noreste, con 3,8%, fue la de menor nivel de desempleo.

Las bajas tasas de participación laboral –dice Jorge Colina, economista titular de la consultora Idesa– reflejan la escasez de empleo, por lo que subraya que hay que mirar los dos indicadores, ése y la desocupación. La Argentina, como país, tiene una tasa de actividad menor a la de Chile, que registró 59,8% en octubre pasado (último dato) y Uruguay, 62,7% en diciembre.

“En las provincias es lo mismo: Formosa tiene bajísimo desempleo, pero su tasa de actividad es del 37,2%, la peor del país –añade el experto–. En Gran Buenos Aires, los números son 8,2% y 47,5%, respectivamente, y en Córdoba, 7,2% y 48,9%. Hay que atender ese esquema y también mirar que hay gente que migra de lugares con menos posibilidades de ocupación hacia donde tiene más chances, incluso cuando sean puestos de baja calidad”.

Un trabajo del Ieral sobre datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec muestra que la participación en el mercado de trabajo como porcentaje de la población va desde 53,5% en CABA a 37,2% en Formosa. En general, describe el economista Marcelo Capello, se observa que en las provincias pampeanas y patagónicas, con mayor nivel de desarrollo económico, la participación laboral es mayor. El caso de Misiones resulta “atípico”, al ubicarse como la segunda jurisdicción con mayor participación laboral.

Como las tasas de participación resultan muy disímiles entre jurisdicciones y puede darse que una aparezca con desempleo muy bajo, pero no necesariamente con elevadas cantidades relativas de personas ocupadas, el Ieral propone, como trabajo teórico, asignar a todas las jurisdicciones la misma tasa de participación que CABA (53,5%, la más alta del país), pero la misma cantidad de empleados que marcan las mediciones.

En esa simulación, detalla Capello, la tasa de desempleo resultaría 17,4% de la Población Económicamente Activa (PEA) en lugar del 7,1% del tercer trimestre de 2022, y existirían provincias en las que la tasa de desocupación llegaría hasta cerca de un tercio (Formosa) o un cuarto (Entre Ríos, San Juan) de su PEA. En el caso de Buenos Aires, pasaría de 8,8% (GBA más el resto de los partidos de la provincia) a 19%.

Agrega que, como suele ser “típico”, especialmente en países subdesarrollados o en vías de desarrollo, la tasa de participación femenina es bastante menor a la masculina: 59,3% varones y 48,6% mujeres en CABA, y 51,5% y 25,4% en Formosa, respectivamente.

Colina refuerza que hay una feminización de la pobreza producto de esa tasa de inactividad laboral más alta entre las mujeres. A pesar de que, en los números, son las que más rinden en el sistema educativo, también son las que “se ven obligadas abandonar para dedicarse a las tareas domésticas y al cuidado de la familia”.

Para el economista, el aumento de la tasa de actividad está condicionada por las oportunidades laborales, la capacitación disponible para tener posibilidades de acceder a un trabajo, de las regulaciones y también de “los programas de asistencia social que pueden sacar a la gente” del mercado laboral. “En los distritos con bajo desempleo esa tasa convive con una alta informalidad, pobreza e indigencia”, menciona.

Empleo público

Además de la informalidad, el empleo público considerado en sus tres niveles gana peso en muchas provincias. De hecho, en la mitad supera al privado formal. En general, indica el Ieral, son distritos con baja densidad poblacional y que, por ese motivo, reciben altos niveles de transferencias nacionales por habitante.

“Los gobiernos locales suelen privilegiar el empleo público como destino de esos recursos –apunta Capello–, lo que termina por desmotivar el empleo productivo. Una suerte de ‘enfermedad holandesa’ provocada por el sistema de coparticipación en la Argentina”.

En la misma línea va un reporte del Instituto de Investigaciones Económicas de la Bolsa de Comercio de Córdoba, dirigido por Ariel Barraud. En promedio, en la última década, las transferencias totales por habitante de la Nación a las provincias cayeron 4,4%, mientras que el nivel de empleo público cada 1000 habitantes aumentó 11%.

Mientras mayor es el nivel de transferencias per cápita recibidas por las jurisdicciones, mayor es el nivel de empleo público. Tierra del Fuego ocupa el primer puesto y en ese mismo grupo están Catamarca, La Rioja, Santa Cruz, La Pampa y Jujuy, todas por encima del promedio en ambos indicadores.

Otro indicador es el de la dependencia de las provincias de los ingresos girados por Nación (qué porcentaje de sus ingresos representan esas transferencias). La fotografía se repite: La Rioja, Catamarca, Jujuy, Río Negro y Tierra del Fuego integran el segmento de jurisdicciones en las que los giros nacionales tienen más peso y, a la vez, tienen más agentes estatales cada 1000 habitantes. En el otro extremo están la Ciudad de Buenos aires, la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Misiones.

Barraud señala que “ninguna provincia podría costear todo su gasto en personal con los recursos tributarios propios: el promedio de las jurisdicciones sólo llega a cubrir 45%, y 15 están por debajo de este promedio”. CABA, con 65 empleados cada 1000 habitantes, es la única que, con sus ingresos, cubre el 199% de su personal.

Una foto más realista

Guido Lorenzo, economista de la consultora LCG, ratifica que el nivel de desempleo “no es el mejor indicador” para evaluar cómo está un distrito. “Tienen poca desocupación, pero no baja pobreza. Se revelan incongruencias”, dice, y vuelve sobre el punto de que en varias de las provincias con esas características está el Estado como “principal empleador, con salarios bajos”. Y añade: “No se puede ‘vender’ esa realidad como un logro, porque no lo es. Pobreza y desigualdad son los datos que darán la foto más realista”.

En todas las provincias hay sectores de los más diversos –desde la construcción hasta el comercio, pasando por fábricas de indumentaria– que aseguran no conseguir mano de obra. Lorenzo vincula ese reclamo con el hecho de que debería focalizarse más la capacitación que se ofrece a las demandas del mercado.

“Cada vez son más las políticas que invitan a formarse en programación, pero hay segmentos de la población que no pueden alcanzar directamente ese escalón, a la vez que hay sectores que no tienen gente –sostiene–. La mayoría de los países pasan de una fase de industrialización a una de servicios. La Argentina busca saltar de lo primario a los servicios de alto valor. No hay una política consistente que diga para dónde ir. Con altos niveles de pobreza y hambre, son muchos los que no aprenden a leer y la solución no es un curso gratuito de programación”.

Coincide Colina, para quien hay que buscar una “salida estructural”, que empieza por terminar la escuela secundaria para que después, combinado con un empleo, se puedan seguir estudios superiores. Indica que en las regiones de alta participación laboral de jóvenes –Europa registra entre 70% y 80%– la inserción también es mayor después.