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Mario Casas y Leonardo DiCaprio, dos estrellas con algo especial en común

Valeria Martínez
·6  min de lectura

Lo tenía más que merecido. Mario Casas ganó por fin el Goya a mejor actor después de haber sido injustamente “olvidado” en el pasado, y gracias a su magnífico trabajo en No matarás. Ese joven actor que lleva años entregándose de lleno a sus personajes ha conseguido su primer cabezón (y a partir de la primera nominación de su carrera), rompiendo una mala racha que lo encumbra definitivamente como el Leonardo DiCaprio del cine español.

Una comparativa que no solo de debe a que ambos ganaron un premio que se resistió durante años. Porque, en realidad, tienen mucho más en común de lo que uno pensaría a primera vista.

(RTVE / Jordan Strauss; Gtres)
(RTVE / Jordan Strauss; Gtres)

No cabe duda que hay comparaciones evidentes. Los dos empezaron en televisión, son guapísimos y se labraron un lugar en la industria como ídolos adolescentes (las de carpetas que han forrado sus rostros sería incontable). Ambos se abrieron camino como actores serios a base de arriesgarse con personajes intensos y diferentes a esos ídolos pasajeros que el mercado les ofrecía continuamente, sin embargo, sufrían el "olvido" constante de las adademias de sus países. Por más que Leo y Mario se arriesgaban, el Óscar y el Goya no llegaban, y a diferencia de otros artistas las ausencias de sus nombres en las listas de nominados o ganadores siempre terminaba siendo noticia.

Además, los dos sufren el acoso de la prensa del corazón cada vez que su vida personal recibe un nuevo amor, y tienen una legión de fans en diferentes rincones del mundo. Pero hay más. Un detalle muy especial que ha servido de influencia para que los dos alcancen los merecidos premios: el apoyo incondicional del público y la crítica.

Que la audiencia y la prensa especializada coincida cuando se trata del mundo del cine no suele ocurrir a menudo. Creo que son más las veces que difieren en gustos y opiniones, que aquellas en las que coindicen. Pero casi nunca cuando se trata de Leo o Mario.

El propio actor español lo reconoció en su discurso tras ganar el Goya en la noche del sábado. Después de agradecer a su familia, al equipo de la película y su coach Gerard Oms, fue el turno de dar gracias al público. “Muchísimas gracias porque me lleváis apoyando desde hace 15 años, y me habéis llevado a donde estoy ahora mismo. Me habéis apoyado desde el principio” dijo desde su casa. Algo muy similar a su discurso días atrás en los Premios Feroz al recoger el mismo reconocimiento: “Los críticos y la gente especializada en el cine lleváis apoyándose desde años atrás, lo que me ha hecho seguir trabajando y esforzándome día a día”.

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En el caso de DiCaprio, desde que se convirtiera en ídolo de masas con Romeo y Julieta (1996) y Titanic (1997), el público comenzó a apoyarlo de manera incondicional, yendo a ver todas o la mayoría de sus películas sin importar el género, temática o idea. Los resultados de taquilla lo demuestran, donde encontramos muy pocos fracasos económicos. Y lo mismo pasó con la crítica. Desde ¿A quién ama Gilbert Grape? (1993), la prensa del mundo del cine no pudimos quitarle los ojos de encima y somos muchos los periodistas que llevamos apoyando su talento desde entonces. Incluso, también son numerosos los medios que han escrito sobre las injustas veces que no alzó el premio Óscar o lo mucho que tardó la Academia en premiarlo finalmente (recién lo ganó en 2016 por El renacido tras otras cuatro nominaciones desde 1994).

Y lo mismo pasó con Mario Casas en España. Si Leo tuvo a Jack y Romeo como tirón carpetero, Mario tuvo a Hache de Tres metros sobre el cielo (2010) y su secuela. Después de haberse ganado a gran parte del público con su papel de enamorado no correspondido en Los hombres de paco, cuando el cine tocó a su puerta lo hizo por la puerta grande. Fuga de cerebros, Mentiras y gordas y Carne de neón alimentaron la vorágine juvenil a su alrededor para de golpe desprenderse con su primer personaje alejado de imagen de ídolo adolescente con Grupo 7.

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Si DiCaprio encontró personajes diferentes de la mano de Martin Scorsese, Mario lo hizo junto a Álex de la Iglesia, quien supo exprimir rincones de su talento que hasta él mismo desconocía, como su naturalidad para la autoparodia, la comedia y el riesgo a probar ideas distintas.

Y en el proceso consiguió algo inusual, pero que también logró DiCaprio: que ese público que lo apoyaba como ídolo juvenil de masas creyera en él y no dejara de seguir sus pasos, mientras la crítica especializada veía cómo su talento iba evolucionando con cada película. Hizo que fuera imposible que sus fans y la crítica dejara de seguirle la pista. Con La mula, Las brujas de Zugarramurdi y Contratiempo, nos hizo ver que había mucho más en su talento de lo que habíamos visto hasta entonces. Ese talento estaba creciendo y madurando y, de seguir así, tenía todas las papeletas para traernos cosas aun mejores. Y no nos equivocábamos. Ni la crítica ni los espectadores que siguieron confiando en él.

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Se convirtió en el Christian Bale español al ceder su físico a la orden del cine, subiendo y bajando de peso a su antojo según lo pedía un personaje. Y en Bajo la piel del lobo y El fotógrafo de Mauthausen nos dejó boquiabiertos. Su entrega dramática fue máxima, y fueron muchos los fans y prensa que pusimos el grito en el cielo cuando la Academia de cine española ni siquiera lo nominó por dichos trabajos. Sin embargo, volvió a sorprender en 2020 con El practicante y luego con No matarás, un thriller oscuro donde Mario carga con todo el peso de la trama. Y, por fin, llegó el Goya.

A Mario le costó conseguirlo, así como a Leo le llevó varios años alzar el Óscar que tanto se le resistía. Los dos vieron cómo sus academias los dejaban de lado cuando el público y la prensa alababan sus trabajos, pero tarde o temprano todo esfuerzo tiene su recompensa.

Uno nació en La Coruña hace 34 años, el otro en Los Angeles hace 46, y si bien las comparaciones son odiosas, y ciertamente Leo y Mario son actores diferentes en estilo y elecciones, los dos tienen algo que muchos actores no tienen: un apoyo incondicional unánime. Y eso, en la carrera de un actor, vale más que cualquier premio disponible en el mundo.

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