El mercado negro, en pleno auge en el norte de Siria

Con su tráfico de coches de lujo, carburante o cigarrillos, Azaz, una localidad fronteriza del norte de Siria, cuenta con un mercado negro floreciente desde el inicio del conflicto, en marzo de 2011.

"Por 4.000 o 6.000 dólares puedes comprar un BMW o un Mercedes. Están en perfecto estado y con los papeles en regla. Todo legal", afirma Abu Ahmad, dueño de un particular concesionario de coches de alta gama en Azaz, cerca de Turquía. "Los coches proceden todos de Suiza, mi hermano tiene allí un concesionario de coches de segunda mano y nos manda bastante género", relata, mostrando los papeles de un Mercedes V230.

Un total de doce vehículos de diferente marca y modelo son analizados por ávidos compradores que revisan el estado de los neumáticos, del motor o del interior del mismo.

"Aquí antes de la guerra lo único que podíamos comprar eran coches chinos, rusos y coreanos; así que poder comprar un coche alemán por 4.000 dólares me parece una oferta más que atractiva", comenta Abu Mohamad Faid, que se ha acercado junto con su hermano y dos primos a comprarse un coche.

Dos soldados del Ejército Sirio Libre (ESL) abren el maletero de un Opel de color oscuro. "Tiene muy buen aspecto, parece casi nuevo y el precio me parece correcto", afirma Abu Tarek, capitán de la brigada Al Faruq, que ha venido para comprar "tres vehículos con los que poder mover a nuestros hombres por Idlib y Alepo".

Los rebeldes son los principales clientes de Abu Ahmad; pero esto, en vez de una bendición, es un grave problema para este empresario. "No ganamos mucho dinero; sólo lo justo para sobrevivir porque casi todos los coches se los vendemos a los rebeldes y les tenemos que hacer un precio especial, o directamente se los tenemos que regalar porque no tienen intención de pagar por ellos", comenta este sirio, que abrió este negocio hace poco más de un mes después de huir de Alepo, donde tenía una tienda de alimentación.

"Son muy pocos los sirios que vienen a comprarnos coches porque la mayoría no tiene dinero ni para comer, así que les resulta imposible comprar un coche por 4.000 dólares", expone Abu Ahmed, quien afirma que en la última semana ha vendido "quince coches".

El negocio funciona mejor para Abu Ismael y su hermano Hamid, que han instalado un negocio de venta de carburante en un edificio aparentemente abandonado. "Compramos el diesel y la gasolina en los mercados negros de Hama y Arraka, son zonas que están bajo control del ejército y allí no faltan suministros, por lo que los contrabandistas están haciendo un negocio redondo. Se los compran al régimen y nos lo revenden a nosotros por un precio muy superior", cuenta Abu Ismael, exestudiante de filología árabe.

"El petróleo lo traemos de Deir ez Zor", una región rica en hidrocarburos del este del país, especifica Abu Ismael mientras llena bidones.

La afluencia de clientes es constante. "En las últimas semanas, apenas damos abasto. Con el frío, la gente ha comenzado a encender las estufas y cada pocos días tenemos que ir a buscar más suministros porque los agotamos", relata.

Mustafá acude junto con uno de sus hijos a la tienda para comprar petróleo y poder calentarse. "Antes usábamos gasoil para las estufas, pero es muy caro y nos tenemos que conformar con llenarla de petróleo. No es bueno para los niños por los olores que suelta, pero morirse de frío es mucho peor", comenta este sirio, que pagará 65 libras sirias por litro (95 centavos de dólar).

La guerra ha disparado el precio de los combustibles. "Antes de la guerra, un litro de diésel costaba cerca de 20 libras (28 centavos de dólar), ahora ronda las 200 (2,81 dólares); lo mismo pasa con la gasolina: antes podías comprar un litro por 45 libras (0,63 dólares), ahora su precio está cerca de los 250 (3,52 dólares)", detalla Abu Ismael. "La gente ha tenido que recurrir al petróleo y los que no pueden pagarlo, pues cortan ramas de olivo y las queman para entrar en calor", añade.

Los hermanos abrieron este negocio hace más de ocho meses y, desde entonces, el imparable precio de los carburantes les está haciendo ganar muchísimo dinero.

"Por cada barril (de diésel) podemos sacar unos 20 dólares, fácilmente", indica Hamid. No obstante, lamenta,"el ESL nos cobra un impuesto revolucionario de 100 libras (1,40 dólares) por barril. Nos dicen que es por usar las carreteras", se lamenta Hamid.

Si en Azaz los coches de alta gama y la gasolina son la punta de lanza del mercado negro que se propaga en Siria, el tabaco es el producto estrella en el barrio de Ban Al Nera, de Alepo. "Lo traemos de Irak, tenemos nuestros ‘proveedores’ que lo cruzan ilegalmente por la frontera por diferentes vías. Es mucho más barato (en torno a un 10%) que el que se compra en Siria y mucho más que el de Turquía, y por eso se lo vendemos a ellos, también ilegalmente", explica Abu Asad, quién lleva más de 12 años dedicándose a la compraventa de tabaco.

En el pasado, el tabaco llegaba también desde Homs, "pero desde que empezó la guerra, el régimen ha cortado esta vía de abastecimiento y ya no llegan mercancías desde allí", indica este empresario, que gana cerca de 3 dólares semanales en beneficios, con los que tiene que alimentar a cinco bocas.

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