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El milagro de Singapur: claves del país donde más aumentó su riqueza en los últimos 50 años

Carlos Manzoni
Puerto de mercancías de Singapore. Foto: Unkel/ullstein bild via Getty Images.

Hace seis décadas, Singapur era un país pobre, con altas tasas de desempleo y una estructura productiva casi nula, pero hoy se puede colgar la medalla de ser lugar en el que más aumentó la riqueza en el último medio siglo. Tiene uno de los PBI (producto bruto interno) per cápita más altos del mundo, cuenta con el mejor sistema educativo y disfruta del más avanzado servicio de salud.

Como la mayoría de las economías que han logrado progresar, Singapur tomó la decisión en su momento de delinear un plan a largo plazo, basado en una serie de reformas fundamentales y en el compromiso de sostener su rumbo en el tiempo, sucediera lo que sucediera. La fórmula tuvo tanto éxito que hoy este pequeño país insular es reconocido como uno de los cuatro "tigres asiáticos", junto con Corea del Sur, Hong Kong y Taiwán.

Natalia Motyl, economista de la fundación Libertad y Progreso, destaca que las reformas iniciadas en la década de los sesenta permitieron que, entre 1976 y 2014, Singapur creciera a un 6,81% por año, algo que no logró ningún otro país en el mundo. "Su política se centró en cuatro ejes: lucha contra la corrupción, libertad económica, reforma del sistema de salud y reforma educativa", especifica la especialista.

Cuando se le pregunta cuál fue la clave del éxito, Motyl responde: "Tener una visión orientada a la libertad económica. Lee Kuan Yew fue su primer ministro desde 1959 hasta 1990. En materia social, las libertades individuales se encuentran tremendamente coartadas, pero a nivel económico Lee logró convertir a Singapur en un país profundamente capitalista y de los más competitivos del mundo".

Vista panorámica del distrito financiero de Singapore. Foto: Getty Image.

Las políticas económicas orientadas al libre mercado y al respeto de la propiedad privada y los contratos tuvieron como eje la drástica reducción de la presión fiscal, la baja del gasto público, la apertura comercial y la aplicación de la noción de competencia de mercado para todas las empresas, sostienen quienes defienden el modelo.

Los impuestos en este país, que se independizó de Malasia en 1959, son muy bajos. Por ejemplo, el impuesto a la renta (equivalente al impuesto a las Ganancias que rige en la Argentina) es 0% para los ingresos inferiores a US$20.000 anuales y solo llega al 20% en aquellos ingresos que superen los US$320.000 por año.

Además, se redujo el gasto público de manera considerable. "Hoy, representa solo el 14% del PBI [en la Argentina es 47%] y el peso del sector público no supera el 5%. Por otra parte, en materia comercial, el 99% de las importaciones se encuentran exentas de impuestos y los aranceles al comercio exterior bajaron al 0,5%", explica Motyl. ¿Resultado? Tiene un superávit comercial más grande que el de Alemania.

Pero, ¿cómo se vive hoy en este país que alberga a 5,6 millones de habitantes? Henry Sraigman, un argentino que trabaja allí en la industria blockchain, empieza su descripción por lo gastronómico. "Los hawker centers, que son como unos patios de comida que comparten mesas llenas de puestos locales, sin aire acondicionado en un país con clima tropical y caluroso, son muy baratos: por 6 o 7 dólares se puede comer un arroz con pollo singapurense, algún curry indio o dumplings chinos", detalla.

Ahora, si se opta por la comida occidental, la ecuación cambia, porque es carísima. "Un menú con ensalada y bebida, algo muy básico, puede costar 25 dólares singapurenses (0,73 dólar estadounidense). En un lugar lindo estilo Palermo sale 40 dólares. Una hamburguesa o una pizza es una comida de lujo para los lugareños", comenta Sraigman.

Hay que tener en cuenta, además, que Singapur no es productor de alimentos, así que todo lo que se encuentra en el supermercado es premium e importado, en general desde Australia o Malasia. "Un yogur chico cuesta 2,20 dólares singapurenses, mientras que el litro de yogur cuesta 6 dólares. Algo carísimo: el helado. Un pote de Ben and Jerrys cuesta 16 dólares singapurenses cuando, por ejemplo, en Estados Unidos vienen dos potes por 5 dólares", especifica Sraigman.

En materia de transporte, el servicio es impecable y tiene la particularidad de que está prohibido comer, beber o fumar en él o cerca de las estaciones. "Hay un subte bastante bueno que llega hasta el aeropuerto, muy práctico para quienes visitan. Precio del transporte, la MRT card, que sería como la SUBE, en colectivo arranca en 83 centavos de dólar singapurense por 3 kilómetros y va subiendo de acuerdo a la distancia. El metro tiene un valor fijo de 1,50 dólares, a menos se ingrese antes de las 7:45 en la semana, cuando tiene un precio que arranca en 33 centavos para los que van a trabajar", describe Sraigman.

Calle Sago de Chinatown, en Singapur. Foto: Schöning/ullstein bild via Getty Images.

El sistema de salud, según afirma Motyl, es el mejor del mundo. "Más del 60% del gasto en salud es gasto privado, que pagan los individuos a través de aportes que se acumulan en una cuenta que sólo puede ser utilizada para esos fines, lo que se adapta a cada uno de acuerdo a sus aportes. El gobierno subvenciona hospitales y cuenta con fondos públicos destinados a pagar las facturas de salud de familias con bajos ingresos", relata la economista.

De todos modos, no todo es color de rosa en este país, cuya economía creció 2,9% en 2018 y proyecta 2,5% para este año y 2,7% en 2020. Su gran problema es la falta de libertad individual, ya que si bien es un país de vanguardia en lo económico, aún es subdesarrollado en ese aspecto. "No hay libertad individual, sexual o de expresión. Y existen penas muy duras para los infractores", subraya Motyl.

Otros dos grandes problemas son el trabajo infantil y el desempleo. El primero está arraigado culturalmente y es muy difícil de erradicar, porque se lo toma como mano de obra barata, mientras que el segundo, que apenas llega al 2%, preocupa a las autoridades, que ven que costará cada vez más absorber toda la fuerza de trabajo que se volcará en los próximos años al mercado laboral.

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