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Millones de personas morirían de inanición después de una guerra nuclear

·5  min de lectura

Un equipo de científicos advierte que la detonación de armas nucleares podría conducir a una hambruna de escala global. En un artículo publicado en la revista Nature Food, los investigadores tratan de establecer si el hollín expulsado a la atmósfera tras una guerra nuclear podría conducir a una escasez alimentaria masiva.

Según sus cálculos, si la cantidad de hollín que ingresa en la atmósfera supera los 5 teragramos (Tg; alrededor de 5,000 millones de kilogramos), el ocultamiento de la luz solar sería tan extremo en todo el mundo que resultaría casi imposible desarrollar cultivos.

El artículo señala que un conflicto nuclear entre India y Pakistán despediría entre 5 y 47 Tg de hollín a la estratosfera. Pero mucho peor sería una guerra nuclear entre Estados Unidos y Rusia, ya que podría generar hasta 150 Tg de hollín y desencadenar un invierno nuclear.

“La pérdida de luz solar, el enfriamiento global y las restricciones comerciales que habría que imponer tras una guerra nuclear serían una catástrofe para la seguridad alimentaria mundial”, escriben los autores.

“Una guerra nuclear entre India y Paquistán resultaría en la muerte de más de 2,000 millones de personas. No obstante, el mismo conflicto entre Estados Unidos y Rusia cobraría más de 5,000 millones de vidas”.

La detonación de un arma nuclear libera una cantidad de energía inmensa que vaporiza todo lo que se encuentra dentro de cierta área, la cual depende de la potencia de la bomba.

UNA GUERRA NUCLEAR QUE NADIE DESEA

Las zonas próximas al epicentro de la explosión pueden alcanzar temperaturas de hasta 99 millones 999,983 grados centígrados. La destrucción y los incendios, combinados con las perturbaciones atmosféricas resultantes de las ondas de choque de la bomba, despedirían cantidades inmensas de hollín y otros aerosoles que la atmósfera dispersaría por todo el mundo, bloqueando el paso de la luz solar.

Y dado que los cultivos dependen del sol, la disminución de la luz solar ocasionaría que se desplomara la productividad. Los autores vaticinan que, en un escenario extremo de 150 Tg, las calorías que requerimos para sobrevivir se reducirían en 74 por ciento (como referencia, las mujeres adultas necesitan entre 1,660 y 2,400 calorías diarias, mientras que los varones requieren de 2,000 a 3,000 calorías al día).

En 2010, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) informó que los cereales (trigo, centeno, arroz, avena y maíz) aportan 51 por ciento de las calorías alimentarias de todo el mundo.

En tanto, las frutas, las verduras y otros alimentos de origen vegetal contribuyen con 31 por ciento de las calorías. El restante 18 por ciento restante proviene de productos animales como carne, lácteos y huevos.

En su comentario sobre el artículo (publicado también en Nature Food), Deepak K. Ray escribió que un conflicto nuclear ocasionaría un enfriamiento global de 13.11 grados centígrados.

MILLONES DE MUERTOS

“En un escenario extremo, la cifra de muertos ascendería a mucho más que las poblaciones conjuntas de Estados Unidos, Europa, la Federación Rusia y sus aliados”, aseguró a Newsweek.

Ya hemos visto colapsos agrícolas provocados por grandes erupciones volcánicas que arrojan a la atmósfera cantidades inmensas de ceniza y aerosoles de ácido sulfúrico. Un ejemplo quedó registrado en 1815, tras la erupción del estratovolcán indonesio de Tambora. Ese estallido, en 1816 condujo a lo que ha sido llamado el “año sin verano”.

En una escala mucho más grande tenemos la extinción de los dinosaurios y tres cuartas partes de las especies de aquella época, erradicadas de la tierra a causa del invierno nuclear global que precipitó el asteroide de casi 15 kilómetros que impactó con nuestro planeta.

“Un conflicto nuclear limitado a India y Paquistán tendría el efecto global de una erupción volcánica semejante a la del Tambora. Sin embargo, una guerra nuclear de escala global sería equivalente al choque del asteroide que acabó con los dinosaurios y precipitó el evento de extinción masiva”, afirmó Ray.

En su artículo, los autores exploran métodos que tal vez pudieran reducir el impacto en el suministro calórico mundial en la eventualidad de una guerra nuclear.

“Las medidas de adaptación —como reducir el desperdicio de alimentos— tendrían un impacto limitado en los esfuerzos para incrementar las calorías disponibles”, escriben los científicos.

CARENCIA GLOBAL DE ALIMENTOS

Sus modelos sugieren que alimentar a las personas con cultivos habitualmente destinados al ganado podría compensar las pérdidas alimentarias en el nivel local. No obstante, en la escala global esa estrategia no impactaría gran cosa en la cantidad total de alimentos disponibles.

Los autores también predicen que la reducción doméstica de desechos de comida podría contribuir a contener la pérdida de calorías durante una guerra nuclear pequeña, pero no en un conflicto más extenso.

Más allá de su impacto en la atmósfera, las bombas nucleares matan cantidades inmensas de personas, ya sea directamente o a resultas de la enfermedad por radiación que ocasiona la exposición a la lluvia radiactiva.

La mengua ulterior en la población mundial disminuiría un poco la presión sobre la industria alimentaria, aunque es difícil afirmarlo debido a una gran cantidad de incógnitas.

“Vamos a suponer que las bombas caen en áreas despobladas y ocasionan menos muertes. Aun así, el hollín precipitará hambrunas y muertes adicionales. Ese es el tipo de escenario que [el artículo] explora”, agregó Ray. “A futuro, los autores tendrán que analizar un escenario más apegado a la realidad actual. Eso les dije cuando revisé su trabajo”. N

(Publicado en cooperación con Newsweek. Published in cooperation with Newsweek).

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