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El misterio de los visones de Míchigan: ¿Cómo se produjo un brote entre especies?

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A finales de septiembre de 2020, los visones cautivos de una granja de Míchigan enfermaron de repente. Dejaron de comer, les costaba trabajo respirar y sangraban por la nariz, según un informe de la Organización Mundial de Sanidad Animal. Dos mil animales murieron.

Poco tiempo después, las pruebas de laboratorio confirmaron que los visones se habían contagiado de coronavirus.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) enviaron un equipo a investigar el brote, el cual colaboró con otros organismos para tomar muestras de visones, empleados de la granja y varios animales más, desde ratas hasta mapaches, para determinar cómo se había propagado el virus.

“No escatimamos esfuerzos”, afirmó Casey Barton Behravesh, directora de la Oficina de Salud Única de los CDC.

El mes pasado, los CDC confirmaron que cuatro residentes de Míchigan, entre ellos dos empleados de la granja, se habían infectado con la misma variante única del coronavirus que se encontró en el visón. Fue el primer, y hasta ahora único, caso conocido de posible transmisión de animal a humano en Estados Unidos.

Pero aún quedan muchas preguntas: ¿Cuándo y en quién apareció la variante por primera vez? ¿Cómo la contrajo un taxidermista sin ninguna relación con la granja? ¿Podría haber una relación entre el brote de visón de Míchigan y una variante de ciervo de cola blanca que los científicos descubrieron hace poco en la vecina Ontario?

“La verdad es que es casi como un rompecabezas”, explicó Samira Mubareka, experta en virus del Instituto de Investigación Sunnybrook y la Universidad de Toronto. “No solo faltan piezas, sino que faltan piezas contiguas e interconectadas”.

Un investigador trata de obtener una muestra con un hisopo de un venado de cola blanca en el centro de vida silvestre de la Universidad de Texas A&M en College Station, Texas, el 2 de febrero de 2022. (Sergio Flores/The New York Times)
Un investigador trata de obtener una muestra con un hisopo de un venado de cola blanca en el centro de vida silvestre de la Universidad de Texas A&M en College Station, Texas, el 2 de febrero de 2022. (Sergio Flores/The New York Times)

Desde los primeros días de la pandemia, cuando el coronavirus arrasó con las granjas peleteras, a los científicos les preocupaba que el visón pudiera convertirse en un reservorio a largo plazo del virus y en una fuente potencial de variantes nuevas.

Hasta la fecha, se han detectado infecciones de coronavirus en visones de 18 granjas estadounidenses, la más reciente en Wisconsin el mes de febrero. Aunque el Congreso estudia la posibilidad de prohibir la cría de visones, todavía no existe un sistema nacional de vigilancia proactiva de las granjas de visones, las cuales no están obligadas a notificar los casos a las autoridades federales. Además, las autoridades no han revelado mucha información sobre las investigaciones de los brotes que han llevado a cabo; algunos de esos detalles se presentan aquí por primera vez.

De acuerdo con los científicos, en combinación, la falta de transparencia y la supervisión irregular dificultan determinar el grado de riesgo que suponen las granjas de visones. Y esto amenaza con hacer que los expertos no vean la aparición de nuevas y preocupantes variantes que podrían llegar a los humanos, lo cual extendería la pandemia.

“Aunado a la necesidad desesperada de una vigilancia más eficaz y sistemática en humanos y animales, en verdad podríamos beneficiarnos de una mayor transparencia en cuanto al riesgo de propagación y retroceso”, mencionó Vivek Kapur, microbiólogo veterinario de la Universidad Estatal de Pensilvania.

La investigación

Los Países Bajos y Dinamarca fueron los primeros países en reportar los brotes en las granjas de visones, en la primavera y el verano de 2020. Los científicos reconstruyeron una inquietante cadena de acontecimientos: al parecer, los humanos le transmitieron el virus al visón; el virus mutó en su propagación entre estos animales, que luego propagaron el virus alterado entre los humanos.

“Lo que vimos fue todo este ir y venir entre unos y otros”, manifestó Marion Koopmans, experta en virus del Centro Médico de la Universidad Erasmus en Rotterdam, Países Bajos. “Y eso es algo que, como viróloga, en verdad no nos gusta”.

Los Países Bajos y Dinamarca tomaron medidas “rápidas y decididas”, dijo Adriana Diaz, estudiante de doctorado de la Universidad de Londres que estudió estas respuestas. Las autoridades holandesas llevaron a cabo pruebas de anticuerpos en todas las granjas y les exigieron a los granjeros que informaran sobre la presencia de síntomas respiratorios en los visones, además de enviar los cuerpos para análisis. A pesar de ello, fue difícil controlar el virus y ambas naciones acabaron por cerrar sus granjas de visones.

Estados Unidos adoptó un enfoque diferente y elaboró una serie de directrices voluntarias para ayudar a los granjeros a mantener el virus a raya, como pedir a los trabajadores que usaran cubrebocas y notificar a las autoridades sobre casos sospechosos.

Pero no se implementó un programa nacional de detección y las autoridades federales confiaron en que los propietarios de las granjas informaran sobre los brotes. “Todos nuestros esfuerzos de vigilancia a nivel federal son voluntarios”, comentó Tracey Dutcher, coordinadora de ciencia y biodefensa del Servicio de Inspección Sanitaria de Animales y Plantas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés).

Los CDC solo investigan los brotes cuando se les hace una invitación oficial. Algunos propietarios de granjas afectadas se negaron a participar y los equipos de campo solo realizaron investigaciones in situ en ocho granjas, explicó Barton Behravesh.

En la granja de Míchigan, los investigadores de los CDC trabajaron con el USDA y las agencias estatales para realizar pruebas de detección del virus en humanos y animales. Recolectaron hisopos y muestras de 159 visones de la granja; a excepción de dos animales, el virus estaba activo en el resto, dijo Barton Behravesh.

Ninguno de los demás animales analizados en la granja (dos perros, un gato, mapaches, zarigüeyas, zorrillos, ratas, marmotas y conejos) estaban infectados, pero un perro dio positivo en las pruebas de anticuerpos, según las autoridades.

Dos de los empleados de la granja estaban infectados con la misma variante del virus que se estaba propagando entre los visones. La variante tenía dos mutaciones que también se habían encontrado en visones de granja en Europa y en personas relacionadas con las granjas de visones.

Las autoridades encontraron las mismas mutaciones en una muestra obtenida de otro residente de Míchigan casi dos meses después del brote de visones y luego en una cuarta persona relacionada con ese residente. El tercer caso era un taxidermista local, según los correos electrónicos internos del departamento de salud obtenidos por el Proyecto Documenting COVID-19 y el Detroit Free Press y el cuarto caso era la esposa del hombre, según informaron después los organismos (el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Míchigan [DHHS, por su sigla en inglés] se negó a confirmar estos datos por motivos de privacidad). Ninguno de los dos tenía ninguna conexión conocida con la granja de visones.

Preguntas sin resolver

Los expertos afirman que estos hallazgos sugieren un escenario plausible: el virus pasó de una persona a un visón y las mutaciones surgieron a medida que el virus se propagaba entre los animales, que luego transmitieron el virus de vuelta a los empleados de la granja. “Concluimos que es probable que se haya producido un contagio de visón a persona en esta granja de Míchigan”, dijo Barton Behravesh.

Pero para determinar cuándo y en quién aparecieron las mutaciones se necesitan muchas más muestras del virus de los trabajadores de la granja, los residentes locales y los visones, recogidas antes y después del brote. “Esos datos no existen”, dijo Arinjay Banerjee, virólogo de la Universidad de Saskatchewan.

Un enigma mayor es cómo se contagiaron el taxidermista y su esposa. La posibilidad más probable, según varios expertos, es que la variante estuviera circulando a mayor escala de lo que se sabía en la población humana y que la pareja se contagiara de otra persona infectada.

Otra posibilidad, más especulativa, es que se contagiaran de otra especie animal. “Los taxidermistas manipulan otros animales muertos”, dijo Linda Saif, experta en virus e inmunóloga de la Universidad Estatal de Ohio.

Pero como los casos se detectaron “semanas o meses” después de que los dos enfermaran, las pruebas a los animales con los que pudieron estar en contacto “no eran factibles o no estaban indicadas”, explicó Lynn Sutfin, vocera del DHHS de Míchigan.

La pareja también estuvo en contacto directo con venados mientras cazaba “en las fechas, o cerca de las fechas, en que ellos enfermaron”, según los correos electrónicos del departamento de salud obtenidos por el Proyecto Documenting COVID-19 y Free Press.

Los estudios sugieren que en varias ocasiones los humanos han contagiado el virus a los venados de cola blanca, el cual luego se transmite con facilidad entre los animales. La variante del visón quizá se haya transmitido de un humano al venado, y esa podría ser la manera en la cual se transmitió al taxidermista y su esposa. “Dada la altísima carga viral que se ha observado en los ciervos de cola blanca, el contagio a estos dos sujetos bien podría haberse producido a partir de los ciervos”, dijo Kapur.

Otro descubrimiento pone en duda la posible relación con los ciervos, según los científicos. Investigadores canadienses detectaron hace poco una variante única del coronavirus que circula en los ciervos del suroeste de Ontario. Aunque la variante de los ciervos difería bastante de otras variantes conocidas, las coincidencias más próximas eran muestras virales recogidas en personas y visones en Míchigan a finales de 2020.

Banerjee dudaba de la posibilidad de que los ciervos estuvieran relacionados con el caso del taxidermista y su esposa. “Creo que, en el mejor de los casos, se trata de una especulación”, dijo. Pero reconoció que los datos son tan escasos que dan lugar a muchas posibilidades. “¿Hay otros animales que no estamos teniendo en cuenta?”, preguntó.

Oportunidades perdidas

Ni siquiera los datos que se tienen son claros siempre. Como parte de otra investigación en el otoño de 2020, el USDA analizó una decena de reses en una granja de visones de Wisconsin con un brote de coronavirus. Aunque el ganado dio negativo para el virus, tres tenían niveles bajos de anticuerpos, dijo Travis Weger, un portavoz del USDA.

Sin embargo, estos resultados “no cumplían los criterios para un resultado positivo”, dijo Weger en un correo electrónico y podrían haber surgido de los anticuerpos de otros coronavirus que se sabe que infectan al ganado. Los estudios experimentales sugieren que el ganado no es susceptible al SARS-CoV-2, añadió.

Aun así, los expertos externos afirmaron que es difícil sacar conclusiones sin más análisis y que los resultados sugieren la necesidad de vigilar el ganado, en especial a medida que surjan nuevas variantes.

Algunos expertos también manifestaron su preocupación por el hecho de que las autoridades no hayan divulgado estos y otros resultados de las investigaciones sobre los visones.

Barton Behravesh dijo que las secuencias víricas obtenidas durante las investigaciones están disponibles en GISAID, un depósito de genomas víricos, y que con el tiempo se publicarán más detalles en revistas científicas.

El USDA está utilizando fondos del Plan de Rescate de Estados Unidos para aumentar la vigilancia de los animales y le gustaría poder llevar a cabo un seguimiento más activo en las granjas de visones, dijo Dutcher: “Todavía estamos trabajando en algunas cuestiones y conversaciones con la industria”.

Aunque el USDA no tiene informes de brotes activos después de 2020, las infecciones en los visones en ocasiones son silenciosas. Los investigadores encontraron anticuerpos en visones en una granja de Wisconsin en febrero de 2022 y en una granja en otro estado sin identificar en mayo de 2021. No había evidencia de brotes sintomáticos en ninguna de las dos granjas que habían suministrado muestras de animales sanos para la investigación, dijo Weger en un correo electrónico.

Pero la presencia de anticuerpos sugiere que el virus se propagó en las granjas sin ser detectado.

Estados Unidos debería hacer pruebas con regularidad tanto a los visones como a los empleados de las granjas y secuenciar las muestras positivas, así como comunicar los resultados de manera oportuna, dijo Diaz.

A medida que surgen nuevas variantes, algunas de las cuales pueden infectar nuevas especies, se requiere supervisión continua para entender la “red de transmisión que puede estarse dando entre la vida silvestre, los animales de granja y los humanos”, comentó Saif. “El que no busca, no encuentra”, concluyó.

© 2022 The New York Times Company

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