El modelo de "soja y suerte" ya no corre más

"Soja" y "suerte" son dos palabras que definen la última década como pocas veces en nuestra historia. En 2012 y de la mano del "yuyo", los términos del intercambio (precio internacional de los bienes que exportamos dividido los que importamos) han sido los mas altos de la historia (seguidos por los del primer y el último Perón); no sólo subieron 75% desde el mínimo de 1987, sino que también el 80% de ese aumento se produjo en la última década. Más viento de cola imposible: los más altos y veloces términos del intercambio al mismo tiempo. Así, cualquiera.

A lo anterior habría que sumarle que las tasas de interés en el mundo son de las más bajas de la historia (el costo de oportunidad de invertir en emergentes, como la Argentina, es casi nulo) y el dólar ha experimentado una caída pocas veces vista. Algo así como "la Doble Nelson": devaluación homérica del peso acá y del dólar en el mundo.

Suerte, en tanto, es la que se tuvo para haber crecido a pesar de hacer las mismas y decadentes cosas que en los 70 y 80 en un mundo que ha evolucionado tanto (salvo nosotros) que hoy hasta Bolivia coloca deuda a tasa regalada a 30 años, mientras que por acá nos comemos las reservas del BCRA para pagar deuda con el relato de que eso es progresista.

¿Cuáles son esas decadentes cosas? Haber puesto en práctica el vademécum contestatario del correcto Consenso de Washington (*): déficit fiscal financiado con emisión monetaria, tasas de interés reales negativas que han castigado el ahorro y premiado sólo al consumo, destrozo de mercados, reestatizaciones, controles de cambio, ruptura generalizada de contratos, confiscaciones (ahorro de privados en AFJP e YPF) y cierre de la economía.

Veamos esas decadentes cosas:

1) La situación fiscal es la segunda peor de los últimos 20 años, sólo superada por la de 2001, año de la peor crisis económica de la historia local. Luego de llegar a casi 4% del PBI de superávit fiscal en 2004, hoy el fisco ya tiene 4% de déficit a pesar de una recaudación de 50% del PBI sobre los que están en blanco, 10 años de un crecimiento extraordinario y nuevos impuestos por cerca de 4% del PBI. El desendeudamiento es mentira: se rescató deuda que paga interés y genera más déficit fiscal por otra que "cobra" el impuesto inflacionario (emisión monetaria).

2) La política monetaria del BCRA ha sido de tasas de interés reales negativas por una década completa, cosa que ha maximizado el consumo de corto plazo, pero minimizado el ahorro. Los depósitos de los bancos son mínimos, lo mismo su capacidad prestable, con lo cual, el sistema financiero ha terminado siendo en gran parte un prestador de servicios al cliente y generoso prestamista del Banco Central, el monedero de Cristina.

3) Con el cuento de servir la mesa, el tanque de nafta, etcétera, de los argentinos a "precios razonables", hemos puesto retenciones a las exportaciones y prohibiciones para exportar que han derrumbado la producción de todos los bienes exportables que también se consumen domésticamente con la consecuencia de empresas cerradas y despidos crecientes. Carne, trigo, leche, gas y petróleo son sólo la punta del iceberg de la razia kirchnerista para "generar valor agregado en origen".

4) Luego de una reforma estructural pro mercado en los 90, con las privatizaciones como punta de lanza, hemos vuelto a estatizar (con nuevos amigos K) todo lo posible con el cobarde expediente (en vez de recomprar a precio de mercado) de no ajustar tarifas ni contratos para que no inviertan, llenarlas de multas y que el Estado las compre con tanto esfuerzo como en un "Todo por 2 pesos".

5) En materia comercial, el kirchnerismo ha contaminado la mente de la gente con el cuento de la sustitución de importaciones como algo progresista, cuando es lo mismo que venimos haciendo desde hace más de 80 años de decadencia. Cerrarnos al comercio perjudica a las exportaciones tradicionales, pero mucho más a las no tradicionales (industriales) que tienen que pagar los mayores salarios reales derivados de un aumento en la demanda de trabajo de la industria sustitutiva que incrementa su producción, sin recibir el crédito de la suba de aranceles o la restricción a las importaciones dirigidas a las empresas productoras de bienes que compiten con los importados.

Este populismo industrial que pretende evitar la famosa "restricción externa", en realidad, es causa de ella: de tanto inflar la demanda vía déficit fiscal financiado con emisión monetaria y cerrar la economía para que esa demanda quede aquí y no se vaya al exterior, termina generando inflación, atrasando el tipo de cambio, sufriendo ataques especulativos, descontando devaluaciones futuras y perdiendo reservas, motivo por el que aparecen los controles de cambio y se radicaliza el cierre de la economía.

El "modelo" ya fue. Por ahora nos terminó depositando en estanflación. De ahora en más creceremos algo si el shock externo favorable es lo suficientemente fuerte para compensar lo que nos tira para atrás, o le dará vigor al retroceso si el suceso extranjero es desfavorable. Es el costo de imitar a Venezuela en vez de seguir el camino de Chile, Uruguay y Brasil.

(*) http://www.iie.com/publications/papers/paper.cfm?researchid=486

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