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Este niño de 10 años es capaz de desbloquear el iPhone X de su madre

Carlos Martinez
(Attaullah Malik)

Ya hemos visto como el grupo de ciberseguridad vietnamita Bkav consiguió engañar a Face ID con una máscara casera de 150 euros, pero parece que hay alguien que tiene un método más fácil y sin coste alguno. Es lo que le ha ocurrido a Sana Sherwani, que presumiendo de la seguridad de su nuevo iPhone X vio con sorpresa como su hijo Ammar de 10 años podía desbloquear el teléfono por el simple hecho de parecerse a su madre.

El suceso es cuanto menos curioso, y arroja ciertas dudas sobre qué probabilidades hay de encontrar otro caso similar. Puede que todo se limite a familiares y nunca ocurra con desconocidos pero, ¿estarías tranquilo si alguien de casa pudiera desbloquear tu teléfono tan fácil?

Nuestros protagonistas han colgado un vídeo que demuestra que efectivamente dos personas pueden desbloquear el mismo teléfono con Face ID, algo que Apple ya advirtió en su día, confirmando que gemelos y miembros no tan idénticos de la familia podrían confundir al sistema, así que simplemente podríamos estar ante uno de esos casos.


También debemos de recordar que Face ID pide el código de seguridad la primera vez que nos reconoce en un caso diferente al normal (si llevamos gafas, nos tapa una bufanda, etc.) así que tendríamos que ver si la primera vez que Ammar intentó desbloquear el teléfono se topó con el código de seguridad (y si posteriormente su madre introdujo el código correcto). De ser así, se podría haber modificado involuntariamente el aprendizaje del teléfono, por lo que a partir de entonces el rostro de Ammar se traduciría como válido en todas las ocasiones.

Según las declaraciones de la familia a Wired, el proceso fue directo y sin errores, ya que la madre le mostró el terminal al niño, y este desbloqueó el teléfono a la primera. Para comprobar descartar errores, Sana volvió a registrar su rostro desde cero en el terminal, consiguiendo que el pequeño no pudiera desbloquear el teléfono nunca más. Pero una tercera prueba confirmó que, al registrar de nuevo el rostro con las mismas condiciones de luz que la primera vez (de noche, con la luz del interior de casa), los problemas volvían a aparecer, ya que tras varios intentos el pequeño Ammar consiguió programar la IA del terminal para que le reconociera como un rostro válido.

La conclusión que podemos sacar con este suceso es que se pueden dar casos en los que la correcta programación de Face ID resulta vital para mantener la seguridad del teléfono, aunque siempre deberemos de encontrar personas con rasgos similares para que nuestro teléfono pueda estar en peligro.

Wired