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Nick Cave en movimiento: editó un disco de rarezas, ajusta detalles de un libro, compuso una banda sonora y es homenajeado por The Flaming Lips

·6  min de lectura

En 1984 Nick Cave le dijo primero a la prensa inglesa y después a la española que iba a retirarse muy pronto de la música. Y que ese retiro sería para siempre. Estaba de gira presentando From Her To Eternity, su primer disco con los Bad Seeds -hoy transformados en leyenda viva- y también muy enganchado al consumo de heroína, un caso más entre miles que en esa época eran, en gran parte, un síntoma de la degradación social en Europa.

Treinta y siete años más tarde, Nick Cave sigue aplicado a su carrera profesional, pero además con una intensidad y una energía que no flaquean ni por un instante. Con los Bad Seeds ya grabó casi dos decenas de discos, ha girado por todo el planeta, protagonizado colaboraciones notables -con PJ Harvey, con Johnny Cash, con Pulp, con Kylie Minogue, con Pulp- y gozado en este último tiempo una nueva primavera de popularidad gracias al impacto que produjo Red Right Hand (una vieja canción de un disco formidable -Let Love In, de 1994) entre los seguidores de la serie Peaky Blinders.

Aquel anuncio fatalista del ‘84 fue una muestra embrionaria del humor sardónico de un artista que esconde otras facetas detrás de su más usual máscara de fría solemnidad. El Nick Cave que se ha erigido como un héroe romántico y trágico del post-punk es el mismo que se ocupa de elogiar, inesperadamente, en público a Ben Brooks, joven escritor inglés nominado al prestigioso Premio Dylan Thomas por Crezco (que ya está adaptando el canal británico Channel 4 y cuyos derechos también se han vendido para hacer una película) y autor de Lolito, una novela ligera que narra la relación virtual entre un adolescente y una Mrs. Robinson del siglo XXI.

Lejos de la apatía que marcó ese pronóstico de abandono y ostracismo demasiado prematuro, el veterano músico australiano (cumplió en septiembre los 64 años que los Beatles promovieron como mojón universal para la asunción definitiva del ingreso a la tercera edad) se mantiene tan activo e infatigable como de costumbre: prepara un libro con reflexiones motivadas por la dolorosa muerte de su hijo Arthur en 2015 (tenía apenas 15 años), un tema que también sobrevuela el documental One More Time With Feeling (2016), dedicado a seguir el difícil proceso de grabación del disco Skeleton Tree en ese ambiente de lógico duelo, y ya entregó la banda sonora de Blonde, una muy esperada película sobre Marilyn Monroe producida por Netflix, dirigida por el neozelandés Andrew Dominik (Chopper, El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford), basada en una fascinante biografía novelada de la diva escrita por Joyce Carol Oates y protagonizada por la cubana Ana de Armas. Su compañero para este proyecto cinematográfico, cuyo estreno inminente llega precedido de polémicas por un presunto intento de censura, es Warren Ellis, viejo compinche de la larga aventura musical con los Bad Seeds y amigo íntimo de Cave desde hace años. “Es un privilegio increíble trabajar con Warren -aseguró Cave hace unos días-. Hemos desarrollado un método en el que ambos renunciamos a los personalismos y al control de la música que hacemos juntos. Pasamos muchas horas improvisando, sentados y tocando de buena fe, sin ocuparnos de cuestiones de manejos del poder o de imposición obstinada de ideas”.

En cuanto al libro, titulado Faith, Hope & Carnage y resultado de más de cuarenta horas de entrevistas en las que el foco es mayormente el trauma por la pérdida de su hijo, fue muy importante el papel de Sean O’Hagan, periodista irlandés The Guardian y también gran amigo de Cave. “El dolor es ese recordatorio terrible que surge de las profundidades de nuestro amor cuando se siente dañado -asegura el músico en una de esas charlas-. Ese dolor no es negociable. Existe en él una inmensidad que abruma nuestra pequeñez, porque en el fondo somos pequeños y temblorosos racimos de átomos integrados por la grandiosa presencia del dolor. Ese dolor también ocupa el centro de nuestro ser y se extiende a través de nuestros dedos hacia los límites del universo, como guías espirituales que nos orientan en la oscuridad. Por todo eso la presencia de mi hijo Arthur siempre está en mi”. Faith, Hope & Carnage está teñido de una angustia que probablemente nunca se extinga del todo, pero además enhebra ideas sobre la creación musical, la fe y las transformaciones personales.

Todas estas noticias llegan en coincidencia con la reciente edición de B-Sides & Rarities Part II, un nuevo compilado de alto valor simbólico para los acérrimos fans de Nick Cave & The Bad Seeds que complementa a uno similar aparecido en 2005. Tiene veintisiete tracks producidos durante la gestación de los discos Skeleton Tree (2016) y Ghosteen (2019). Se trata de versiones primerizas de algunos de los temas de esa época y un puñado de inéditos realmente atrapantes como “King Sized Nick Cave Blues” (voz y piano de Cave, loops y sintetizadores de Warren Ellis), “Opium Eyes” y “Glacier”, instrumental que provoca una tristeza apabullante. El disco también recupera canciones que pasaron algo inadvertidas como singles o parte de algún EP, el hermoso encuentro con Debbie Harry para grabar “Free To Walk” en homenaje a Jeffrey Lee Pierce (The Gun Club) y la versión con piano y violín de “Avalanche” (Leonard Cohen) -tema que abre el fuego en “From Her To Eternity” (1984)- que Cave hizo especialmente en 2015 para la serie de televisión de Starz “Black Sails”. El compilado tiene también una costosa edición en vinilo que incluye un pequeño libro con textos de Sean O’Hagan.

Y por si todo esto fuera poco, acaba de editarse un nuevo delirio de los Flaming Lips que en esta ocasión involucra a Cave: Where The Viaduct Looms, un disco de versiones de temas del artista australiano que la banda interpreta en sociedad con una vocalista inesperada, Nell Smith, una fan de 14 años al que los integrantes de la lisérgica banda de Oklahoma conocieron en un concierto al que asistió con sus padres. Smith declaró hace unos días que no conocía la obra de Nick Cave hasta que Wayne Coyne, el líder de los Flaming Lips, le habló de él y le comentó la idea de grabar este álbum. El resultado es muy singular: la voz aniñada de Nell transmite inocencia, pero la combinación con el espíritu lúgubre de algunos temas del fundador de los Bad Seeds por momentos suena algo inquietante, como sucede en esas películas de terror donde un simple juguete puede transformarse, por el contexto, en un objeto siniestro. Pero el disco no es una humorada ni mucho menos. Es más, da la impresión de que Phil Spector viajó desde el pasado para producir la atmosférica versión de un clásico del repertorio de Cave, la hermosa balada gótica “Into My Arms”. Al margen de lo que él mismo produce, un gran artista también genera ecos, resonancias, estímulos. Y Nick Cave juega sin dudas en esa categoría.

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