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Nina Hagen, la cantante preferida de Angela Merkel que le puso furiosos colores punk a la Alemania oriental de los 80

·5  min de lectura
La imagen de Nina Hagen, aquí en 1991, influyó en buena parte de las estrellas de pop de Occidente, de Cyndi Lauper a Madonna
picture alliance

“Escupieron a Nina Hagen”, decía la portada de la revista Pelo Festivales de octubre de 1985, y un poco más abajo -como si hiciera falta- reforzaba: “Nina no gustó”. La foto de la alemana terminaba de redondear el concepto: de turbante, aros gigantes, top a rayas amarillo y blanco y su característico maquillaje teatral, miraba con los ojos bien abiertos al frente y levantaba el dedo medio de la mano izquierda, en un gesto que en aquella época pocos habrán sabido interpretar como una obscenidad. Casi cuarenta años antes de que Angela Merkel la devolviera a todos los medios del mundo al elegir su canción “Du hast den Farbfilm vergessen” para que suene en la ceremonia en la que se despedirá del poder, Hagen visitaba Buenos Aires para cantar en la primera noche del festival Rock & Pop, aquel en el que (en esa misma jornada) le embocaron un piedrazo a Miguel Abuelo mientras cantaba “Himno de mi corazón” con la cara ensangrentada.

La relación de Nina con la política no es nueva: en el momento de su visita a la Argentina, con sólo treinta años, ya era una veterana tanto en la música como en la militancia. Fue clave en ambas formaciones su padrastro Wolf Biermann, cantautor y poeta que se casó con su madre Eva-Maria Hagen cuando ella tenía once años y le transmitió su activismo. De hecho la canción elegida por la canciller germana es, justamente, un acto de protesta sutil: “Du hast den Farbfilm vergessen” (editada junto a su banda Automobil en 1974) significa “te olvidaste el rollo en color”, y detrás del reclamo de una chica a su novio por haber llevado a las vacaciones sólo una película en blanco y negro hay una crítica al estado comunista de Alemania de Este, al que una Hagen adolescente veía como gris y aburrido.

Fuera de su país generó mucho asombro la elección de Merkel, pero –más allá de que en ese tipo de ceremonias no suele usarse música popular– no puede haber sorprendido demasiado a los alemanes: una encuesta de 2003 mostró que aproximadamente el 40 por ciento de los teutones sabían de memoria la letra de esta canción.

También generó sorpresa que Merkel se inclinara por una artista punk tan shockeante en su estética y su mensaje. Lo que no se tuvo en cuenta es que en el momento en el que Nina Hagen grabó “Du hast den Farbfilm vergessen” no era todavía la cantante que conocimos de este lado de la Cortina de Hierro. En 1976 se le revocó a Biermann la ciudadanía de la República Democrática Alemana por sus críticas y por haber actuado en un programa de televisión de la ciudad occidental de Colonia. Por ese motivo tuvo que radicarse en la Alemania Federal, y toda su familia (aunque ya a esa altura estaba separado de la madre de Nina) lo acompañó. Ahí, ya sin las limitaciones para conocer el mundo, la artista empezó a viajar por recomendación de su discográfica, que quería que se aclimatara a las tendencias de Occidente para poder venderla por fuera de su patria. El destino elegido fue nada más y nada menos que Gran Bretaña en 1976 y 1977: no hace falta explicar cómo terminó convertida a la “religión” punk.

“Cómplice” de las Slits y los Sex Pistols, Hagen llevó los usos y costumbres de las calles de Londres a su Alemania natal. Ahora sí, con el pelo corto y en punta, maquillada para escandalizar y mucho más revulsiva en su estilo que en la primera etapa de su carrera, formó la Nina Hagen Band, con quienes grabó un álbum debut homónimo que incluía “TV-GLOTZER”, un cover de “White Punks on Dope” de The Tubes. Más pistas de su renovada estética había en el título del segundo elepé de la Nina Hagen Band: Unbehagen (1979), que en alemán significa “incomodidad” o “malestar”. Este disco le dio el primer gran hit de su carrera punkie: el single “African Reggae”.

Poco quedaba de la estrellita pop juvenil a principios de los 80. En lo personal alternaba relaciones intensas que se estrellaban rápido (estuvo en pareja con el rockero holandés Herman Brood, a quien Nina llamó “mi alma gemela” cuando éste se suicidó en 2001), una adicción a la cocaína y una inesperada maternidad fue bienvenida: su hija Cosma Shiva Hagen nació en los Estados Unidos en 1981. En tanto, en lo mediático no dejaba de generar controversia: muy recordada es en Europa su participación en el talk show austríaco Club 2 en 1979, donde demostró técnicas de masturbación y discutió a los gritos con otro invitado, por lo cual el conductor tuvo que renunciar. En sus entrevistas hablaba de OVNIs, de religión, de política, de derechos de los animales.

La visita a la Argentina la encontró presentando In Ekstase (1985), que aportó siete de los dieciséis temas que tocó en el festival (entre ellos dos covers: “My Way”, que popularizó Frank Sinatra, y “Spirit in the Sky”, de Norman Greenbaum). Poco después contó en su autobiografía Ich bin ein Berliner (1988) que aquella gira había tenido su cuota de pesadilla: antes de salir a la ruta se enteró de que estaba embarazada, pero su manager la amenazó con cancelar el tour si no abortaba. En su primer disco había grabado “Unbeschreiblich Weiblich” (“indescriptiblemente femenina”), un tema en el que cantaba “estaba embarazada, tenía ganas de vomitar, no lo quería, ¡ni me preguntes! Tomo pastillas pero igual no voy a tener bebés. ¿Por qué tendría que cumplir con mi deber como mujer? ¿Para quién? ¿Para ellos? ¿Para vos? ¿Para mí? No tengo ganas de cumplir con mi deber. Ni para vos ni para mí. ¡No tengo ningún deber!”.

Nina Hagen en 2011 en la apertura del congreso de iglesias evangélicas en Dresde
Nina Hagen en 2011 en la apertura del congreso de iglesias evangélicas en Dresde


Nina Hagen en 2011 en la apertura del congreso de iglesias evangélicas en Dresde

Como le pasó a muchos artistas que probaron el éxito en los 80, el cambio de década no la benefició en lo que a repercusión respecta. De todas formas nunca bajó el perfil ni abandonó su activismo ni sus excentricidades: su última “mutación” fue la adopción de la fe cristiana, que se reflejó en sus últimos dos discos, Personal Jesus (2010) y Volksbeat (2011). A Cristo lo conoció –dice– en un trip de ácido en 1974, y valga la paradoja: el mismo año en el que llamaba la atención de una joven Angela Merkel con una canción alegre sobre fotos grises, a Nina se le revelaban todos los colores del universo.

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