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Nobel en Economía 2021: mañana habrá fumata blanca

·6  min de lectura
Esther Duflo, una de las únicas dos mujeres que ganó el Nobel de Economía
Esther Duflo, una de las únicas dos mujeres que ganó el Nobel de Economía

La probabilidad de que mañana por la mañana la Fundación Nobel no dé a conocer quién (o quienes, máximo tres personas) ganaron el premio Nobel en Economía es mucho menor que la probabilidad de que me ponga una corbata. Esta noche, en varios países del mundo, varios economistas no dormirán, permaneciendo en vela, con el celular en la mano, esperando un llamado telefónico originado en Suecia. ¿Cómo se asignó hasta ahora el premio, desde que en 1968 fuera creado gracias al apoyo económico del Banco de Suecia, a propósito de cumplir el 300 aniversario de su fundación?

Al respecto conversé con el ruso Leonid Vitalyevich Kantorovich (1912-1986), quien en 1975 compartió el premio Nobel con Tjalling Charles Koopmans.

–Según la información oficial, ustedes lo merecieron “por su contribución a la teoría de la asignación óptima de los recursos”. En su caso, ¿no podría ser más específico?

–Primero le relato lo que inspiró la invención de la herramienta por la cual fui premiado. Cuando estaba trabajando en la universidad de Leningrado (hoy San Petersburgo), los directivos de un aserradero me mostraron los datos del establecimiento, preguntándome cómo había que cortar los tablones para minimizar el derroche de madera. No era fácil hablar de derroche en Rusia, en la época de Joseph Stalin, cuando “don José” llevaba adelante una purga de economistas, que le costó la vida a Nikolai Dmitrievich Kondratieff, entre otros; al parecer, salvé mi vida porque expresaba mis ideas en lenguaje matemático.

–Hubo un segundo episodio, que tiene ribetes tragicómicos.

–En efecto, aplicaron mis recetas al corte de planchas metálicas para la producción de vagones de ferrocarril. El método redujo tan drásticamente el material que se derrochaba, que les produjo un fenomenal problema de abastecimiento de materias primas a las acerías instaladas en la región. Tuve que ser rescatado de quienes me acusaban de sabotear la economía, por los militares rusos, quienes me necesitaban para su programa atómico.

–¿En qué consistió su invención?

–Volvamos al primer ejemplo. El problema era cómo disponer los cortes de tablones de madera, según medidas específicas, utilizando cinco tipos diferentes de tablones, producidos por ocho clases de máquinas, de manera de minimizar el desperdicio de madera. Al intentar resolverlo encontré que, con el cálculo diferencial, aplicable a variables continuas, era imposible. Entonces senté las bases de lo que se denomina programación lineal.

–En conexión con el otorgamiento del Nobel a Koopmans y a usted, se plantearon los casos de George Bernard Dantzig y José Barral Souto.

–Vamos por partes. Que no incluyeran a Dantzig a mí también me llamó la atención, pero al respecto cito una anécdota contada por Herbert Eli Scarf. “Cuando en octubre de 1975 lo visité a Koopmans en su casa, para felicitarlo por el premio Nobel, buena parte de la conversación giró acerca de la pena que le había causado el hecho de que Dantzig no hubiera sido galardonado. Entonces me dijo que había decidido dedicar la tercera parte del dinero que recibiera él para financiar una beca en su honor”.

–¿Y con respecto a Barral Souto?

–Estamos delante de un nuevo ejemplo de invenciones simultáneas, realizadas de manera independiente. La diferencia es que Barral no inventó la programación lineal para resolver un problema, sino con propósitos de divulgación: la exposición de la teoría de la ventaja comparativa, de David Ricardo. Lo cual no implica que su aporte haya sido menos valioso que el mío. Se argumentó que, lamentablemente, Barral publicó su trabajo en castellano, en 1940, y recién apareció en inglés en 1967; a mí me pasó algo parecido, porque mis aportes, en inglés, recién fueron publicados en 1960.

–Hablemos del Nobel en Economía, hasta hoy.

–Entre 1969 y 2020, 86 personas lo obtuvieron; 25 de ellas de manera individual; 40 en grupos de dos y 21 en grupos de tres; 84 varones, dos mujeres. En el momento de ser galardonados, en promedio tenían 67 años de edad y 44 de los 86 premiados fallecieron. Robert Merton Solow, nacido en 1924, es el más viejo de los que viven. En promedio, vivieron 16,4 años, luego de haber recibido el galardón. Encabeza la tabla Kenneth Joseph Arrow, quien vivió 45 años más, seguido por Paul Anthony Samuelson, quien vivió 39 años más. William Vickrey, en el otro extremo, murió pocos días después de que se lo otorgaran y, por consiguiente, no pudo pronunciar la conferencia Nobel.

–¿Y desde el punto de vista geográfico?

–Le digo: 49 de los 86 galardonados nacieron en Estados Unidos (57% del total) y 20 en otros países, pero migraron y desarrollaron su carrera profesional en dicho país (sumados, equivalen a 80% del total). Los 17 restantes se reparten entre Inglaterra (3), Alemania (2), Francia (2), Noruega (2), Suecia (2), Escocia (1), Holanda (1), Chipre (1), India (1), Indias Occidentales (1) y Rusia (1).

–Ningún argentino.

–No se ofendan, hasta ahora no lo recibió ningún latinoamericano y tampoco ningún japonés.

–¿Alguno de los 86 no lo merecía? ¿Alguno fue y sigue siendo discutido?

–Con respecto a lo primero, soy enfático. Es difícil, frente a la planilla que contiene a los premiados, tachar a alguno de ellos. Discutidos, obviamente, porque cada economista tiene su lista de candidatos, en función del campo de estudio en el cual trabaja, o sus preferencias personales.

–¿Sirvió el Nobel para llamar la atención sobre cuestiones o herramientas que no integraban la corriente principal del análisis económico?

–Efectivamente y en esto el premio provee un gran servicio. Ejemplos: la cuestión de las restricciones constitucionales a la política económica, planteada por James McGill Buchanan; la del enfoque empírico a los problemas generados por los bienes públicos, debido a Elinor Claire Ostrom; y la de los experimentos de campo, que no son iguales a los experimentos naturales, propuestos y desarrollados por Abhijit Vinayak Banerjee, Esther Duflo y Michael Robert Kremer.

–¿Qué les recomendaría a los economistas que hicieran mañana, además de enterarse quiénes son los nuevos premiados?

–Que se metan en la página de la Fundación Nobel y que lean un trabajo denominado Scientific background, que lamentablemente se publica en inglés, pero que bien vale el esfuerzo de leerlo.

–¿De qué se trata?

–Cada año la premiación empieza con cerca de 100 candidatos. Al someter la lista a diversos filtros, termina en una lista corta, de cuatro o cinco. La Academia Sueca les pide a algunos economistas, familiarizados con cada uno de ellos, que redacten una monografía explicando por qué merecerían ganar. Simultáneamente con el comunicado de prensa, se publica el trabajo, con el cual uno se familiariza con el núcleo del aporte y las principales referencias bibliográficas. Muy útil para seguir aprendiendo.

–Don Leonid, muchas gracias.

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