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Nunca una serie tuvo tanta química como 'Secretos de un matrimonio' de HBO

·6  min de lectura

La química, o la apariencia de ella, es tan esencial para el éxito de una historia de pareja que Hollywood cuenta con una gran variedad de trucos técnicos para manipular el corazón del bienaventurado espectador. Desde castings dedicados exclusivamente a descubrir la posible conexión entre candidatos (se llaman ‘tests de química’ o ‘chemistry tests’ y forman parte del proceso de casting), a una ciencia cinematográfica apoyada en estadísticas demográficas que señalan qué parejas pueden interesar según qué targets de audiencia, a juegos de iluminación, sonidos, ángulos de cámara y un trabajo de posproducción que retuerce, manipula, edita y transforma un trabajo en pareja a química ficticia en pantalla. Como Robert Pattinson y Kristen Stewart en Crepúsculo, o Brad Pitt y Angelina Jolie en Frente al mar ¿o me van a decir que eso era química? O Emma Stone y Ryan Gosling que a golpe de talento y un buen guion, permitieron que el director de La La Land creara una de las parejas con más química aparente en pantalla.

Y aunque se puede debatir si la química es algo subjetivo, dado que sentirla o palparla puede depender de los deseos, gustos, aspiraciones amorosas y experiencias del espectador, Hollywood nos guardaba una sorpresa en la plataforma de HBO consiguiendo captar la química más abrumadora vista hasta ahora en el mundo de las series.

Oscar Isaac y Jessica Chastain en 'Secretos de un matrimonio' (cortesía de HBO)
Oscar Isaac y Jessica Chastain en 'Secretos de un matrimonio' (cortesía de HBO)

Les hablo de Secretos de un matrimonio, la nueva adaptación del clásico de Ingmar Bergman que aterriza en HBO en forma de miniserie. La icónica historia sueca explora la desintegración de un matrimonio a lo largo de un periodo de tiempo, sirviendo de análisis social ante el egoísmo de las necesidades propias, la rutina, el deterioro de la pasión, el divorcio, la autoestima o carencia de ella pero, sobre todo, el amor según sus etapas. La primera diferencia con la obra original es que la serie intercambia los roles y que las conversaciones de pareja son menos filosóficamente tediosas. Pero la base es la misma: un matrimonio de profesionales, padres de una hija, que comienza dando una entrevista para ahondar en su buena relación basada en la comunicación, pero donde los secretos están carcomiendo por dentro a uno de ellos. Arrancando cada capítulo siendo ellos mismos, con los actores preparándose para comenzar sus escenas (por eso la obra original y en inglés se titula Escenas de un matrimonio, y no secretos como se cambió en España), la serie juega a recordarnos que somos espectadores pero de una obra que nos representa a más de uno en alguna ocasión de nuestras vidas adultas.

El primero de los cinco episodios ya está disponible en la plataforma, haciéndonos testigos de una magia pocas veces vista en pantalla. Y en mi experiencia en el mundo de las series, creo que ninguna historia ha tenido una química como la que transmiten Oscar Isaac y Jessica Chastain. Hablo de esas químicas que nos hacen vibrar por dentro con una sola mirada. Sin trucos, sin juegos de edición ni música manipulando el corazón. Un roce que estremece sin forzar el plano, una mirada que contagia pasión desenfrenada y unos gritos que hieren como si estuviéramos en medio de la discusión. Eso tan único es casi imposible de conseguir pero sus protagonistas lo tienen y contagian con una naturalidad estremecedora.

Como decía al principio, la química puede ser algo subjetivo. Lo que para un espectador puede parecer una atracción auténtica, quizás a otro le provoque indiferencia. Como dijo la terapeuta sexual y exactriz Pamela Stephenson en un artículo sobre química cinematográfica publicado en The Guardian en 2016, “Su naturaleza real está siempre en el ojo del espectador”. Pero tras haber devorado la miniserie al completo, estoy convencida de que lo que transmiten Oscar y Jessica es digno de ser visto por todos. Un trabajo artístico impecable, de una entrega completa que palpita emociones a flor de piel, pero sobre todo con una compenetración tan auténtica y única que es capaz de devorarnos por dentro. Una de esas químicas que contagian deseos y emociones de forma universal por la autenticidad que brota por cada arista de la pantalla.

Oscar Isaac y Jessica Chastain en 'Secretos de un matrimonio' (Jojo Whilden; cortesía de HBO)
Oscar Isaac y Jessica Chastain en 'Secretos de un matrimonio' (Jojo Whilden; cortesía de HBO)

Seguramente habrá quien discuta mi alegato recordando parejas conocidas en el mundo de las series precisamente por la química. Como es el caso de los protagonistas de Outlander o Normal People, responsables de algunas de las secuencias sexuales más hot o sensibles vistas en los últimos años. O aquellas secuencias que comparten Phoebe Waller-Bridge y el hot priest de Andrew Scott en Fleabag o los protagonistas de Jóvenes Altezas. Pero esas famosas ‘químicas’ (en el universo seriéfilo) forman parte de un trabajo de guion que, para que funcionen, exigen de una compenetración técnica completa. De coreografías sexuales diseñadas para complacer a la cámara a una pareja que haya pasado el “chemistry test”. Evidentemente se puede palpar el ‘buen rollo’ entre ellos, pero esa “magia” parte de elementos técnicos, en rodaje y postproducción, que funcionan a favor de su creación. Pero en Secretos de un matrimonio la cámara puede quedarse inmóvil durante largos segundos, manteniendo un plano de pareja que no enfatiza en observar bocas, ojos o roces, y aun así logra palpitar naturalidad, entrega personal y una complicidad auténtica.

Por eso mismo Oscar y Jessica se hicieron virales en la alfombra roja del Festival de Venecia, con aquel vídeo donde el actor se la comía literalmente con la mirada mientras le besaba el brazo. Ese momento es básicamente una extensión de la complicidad que viven de forma natural y traspasan a la miniserie, una especie de secuela viviente de lo que podemos ver en HBO. Porque Jessica Chastain y Oscar Isaac no solo son actores sublimes, dueños de un talento que va in crescendo y sorprendiendo con cada uno de sus trabajos; sino también amigos desde hace 20 años, con una complicidad real.

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Así lo confesó ella en una entrevista a People a raíz del estreno de la serie en el festival italiano, revelando que la amistad nació cuando eran estudiantes de la prestigiosa escuela Julliard, y fue precisamente esa cercanía personal la que les permitió navegar los momentos más intensos de sus personajes. “Nos afectamos mutuamente y no tenemos que planificar lo que vamos a hacer” dijo la actriz, haciendo una metáfora de que la unión del talento de ambos es como “surfear juntos [...] Es algo especial y raro de tener con otro actor. Nosotros lo tenemos” admitía. 

En Secretos de un matrimonio somos testigos de cómo retroalimentan mutuamente esa química, a través de roces simples pero naturales como la vida misma. Miradas de deseo, frustración o rechazo total, según la etapa de la pareja. La reacción es mutua, interactúan jugando un partido de pimpón de emociones, sobre todo físicas, que hacen transpirar la pantalla con resentimiento, rabia o amor. Y lo hacen con una entrega que contagia naturalidad extrema, elevando la actuación de cada uno a lo mejor que pueden dar. Son la mejor versión de sí mismos, pero juntos. Y es maravilloso de observar.

Secretos de un matrimonio es una de las miniseries más intensas, genuinas y estremecedoras de la temporada. Una apuesta imprescindible para los amantes de los desafíos dramáticos, una pieza maravillosa que coloca a Oscar Isaac y Jessica Chastain en el mapa de las estrellas predilectas del momento. Y esa química… digna de ser vista. Y sentida.

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