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En la ONU, Biden dijo que no busca una nueva Guerra Fría con China y llamó a la cooperación global

·4  min de lectura
El presidente estadounidense Joe Biden habla en la 76ta sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la sede de la ONU en Nueva York
El presidente estadounidense Joe Biden habla en la 76ta sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la sede de la ONU en Nueva York

WASHINGTON.- Ante un mundo dividido, aún jaqueado por la pandemia del coronavirus, que lo recibió con un mayor escepticismo del que anhelaba, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ensayó un llamado a enfrentar “una década decisiva” con una mayor unidad y cooperación global, y buscó ponerle una cota a la creciente rivalidad con China, al afirmar que Washington no busca librar “una nueva Guerra Fría”.

“Nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestras mismas libertades están interconectadas, en mi opinión, como nunca antes. Por eso, creo que debemos trabajar juntos como nunca antes”, dijo Biden, al hablar por primera vez como mandatario norteamericano ante la 76º Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

“Estados Unidos competirá, competirá vigorosamente y liderará con nuestros valores y nuestra fuerza. [...] Pero no buscamos, lo diré de nuevo, no buscamos una nueva Guerra Fría o un mundo dividido en bloques rígidos”, afirmó luego, en referencia a China, el gran rival global de Estados Unidos.

Al abrir su discurso, Biden marcó “un punto de inflexión” en la historia y una “década decisiva” para enfrentar una larga lista de desafíos globales, en la cual sobresale la creciente amenaza del cambio climático, que ha llevado a la comunidad científica a elevar la alarma y reforzar el peligro latente por la inacción. Para todos los problemas, Biden ofreció la misma fórmula: más democracia, más diplomacia, y más cooperación. Más que un punteo de ambiciones o iniciativas, el mensaje de Biden ofreció un decálogo de valores e ideales como guía para su presidencia y su relación con el mundo, aunque su política exterior ha estado embebida de un fuerte realismo.

El discurso de Biden en la Asamblea General de la ONU
Timothy A. Clary


El discurso de Biden en la Asamblea General de la ONU (Timothy A. Clary/)

Biden llegó a Nueva York sin el mismo resplandor con el que asumió la presidencia de Estados Unidos ocho meses atrás. A principios de este año, los aliados históricos de Washington y la gran mayoría del mundo occidental lo recibieron con los brazos abiertos luego de cuatro años traumáticos de prédica nacionalista de Donald Trump. “Estados Unidos está de vuelta”, afirmó Biden. Pero los últimos meses de su gobierno han desnudado una grieta entre las expectativas y la realidad, signada, últimamente, por un creciente escepticismo sobre su administración.

El discurso de Biden marcó su debut en las Naciones Unidas, y fue el primer mensaje de un presidente norteamericano desde 2002 sin una guerra de trasfondo con Estados Unidos como protagonista. Para Biden, la caótica retirada de Afganistán –el conflicto más largo en la historia del país, que se estiró por casi dos décadas y él mismo llamó “la guerra eterna”– marcó el fin de una era de intervencionismo militar, y abrió un nuevo capítulo en la política exterior de Washington dominado por una “diplomacia incansable”.

Biden marcó ese giro al inicio de su mensaje, que incluyó una férrea defensa de la democracia.

“Hemos terminado 20 años de conflicto en Afganistán. Y al cerrar este período de guerra incansable, estamos abriendo una nueva era de diplomacia incansable”, graficó el mandatario. “El poder militar estadounidense debe ser nuestra herramienta de último recurso, no el primero. Y no debe usarse como una respuesta a todos los problemas que vemos en todo el mundo”, remarcó.

“Mientras perseguimos la diplomacia en todos los ámbitos, Estados Unidos defenderá los valores democráticos que van al corazón mismo de quiénes somos como nación y pueblo: libertad, igualdad, oportunidad y la creencia en los derechos universales de todas las personas”, afirmó.

Biden dijo que la democracia sigue siendo “la mejor herramienta” para liberar el potencial humano, y cargó contra el autoritarismo al indicar que el futuro pertenece a quienes “abrazan la dignidad humana, no la pisotean”. Nombró una lista de países para ejemplificar su punto, entre los que incluyó a Cuba y Venezuela. Fue la única mención en todo su discurso a América latina, una región que sigue estando lejos en la lista de prioridades de Washington.

“El mundo democrático está en todas partes”, dijo Biden. “Y aunque ninguna democracia es perfecta, incluida Estados Unidos, que seguirá luchando para estar a la altura de los más altos ideales para curar nuestras divisiones y enfrentar la violencia y la insurrección, la democracia sigue siendo la mejor herramienta que tenemos para liberar todo nuestro potencial humano”, remarcó el mandatario.

De punta a punta, el discurso de Biden ofreció algunos de los ideales y valores que han marcado su carrera política, y su ascenso a lo más alto del poder en Estados Unidos.

Al menos en las palabras, el contraste con el tono nacionalista y aislacionista que caracterizó los mensajes que brindó Trump en la misma sala fue nítido. Pero Biden ha demostrado también en los meses que lleva en la Casa Blanca su determinación para conducir la política exterior de Washington con realismo y pragmatismo, una actitud que ha generado escepticismo en aliados, en particular la Unión Europea. La retirada de Afganistán, a la cual se opusieron algunos socios de la OTAN, y la alianza militar que selló con el Reino Unido y Australia, que desató la furia de Francia porque le costó un multimillonario contrato de venta de submarinos a París, han sido los dos eventos más notables que pusieron en tela de juicio la credibilidad de las promesas de Biden al mundo.

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