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El oscuro final del hombre que hizo saltar la banca del casino de Montecarlo

·6  min de lectura
Charles De Ville Wells
Fuente: Archivo
Charles De Ville Wells
Fuente: Archivo

El hombre de mediana edad entró al casino de Montecarlo como un simple apostador y salió de allí como un millonario. Charles De Ville Wells, que de él se trata, se recibió de ingeniero y anduvo a los tumbos en empleos mal pagos, hasta que se dedicó a la invención y con la venta de una de sus patentes obtuvo el dinero que usaría para convertirse en "el hombre que rompió la banca". Pero solo un año después, cayó en desgracia y terminó varias veces tras las rejas, hasta que finalmente murió envuelto en el misterio.

Wells había nacido en 1841, en Broxbourne, en el sur de Inglaterra. Su padre, Charles Jeremiah Wells, era poeta y abogado, y su madre, Emily Jane Hill, era maestra de escuela. Cuando tenía pocas semanas de vida, toda su familia se mudó a Francia, por lo que terminó radicado en un principio en Quimper y finalmente en Marsella.

De mente muy ágil, estudió ingeniería y se recibió sin problemas. Consiguió trabajo en los astilleros y muelles de Marsella, pero un día se cansó de ese trabajo y cruzó el Canal de la Mancha, para probar suerte en Inglaterra. Volvió a andar a los tumbos en empleos mal pagos, pero pronto descubrió algo que lo podría sacar de perdedor: advirtió que en plena revolución industrial, había una gran avidez por los inventos y que los nuevos ricos estaban deseosos de invertir su dinero en todo tipo de avances.

Así fue cómo decidió ser inventor, pero con una rara particularidad: no había inventado nada. "Comenzó a poner anuncios en la prensa sobre patentes de inventos ficticios con la esperanza de que algún incauto millonario mordiese el anzuelo", se cuentan en una nota publicada en El Confidencial, de España.

Como no pescó a ningún desprevenido, no le quedó otra que ponerse a inventar algo de verdad y llegó a desarrollar creaciones tan originales como poco celebradas, entre las que se encontraba un limpiafondos para barcos en movimiento o una especie de carrito para hacer las compras (se dice que al final de su vida llegó a acumular unas 192 patentes).

Charles De Ville Wells
Fuente: Archivo

Tal como se lee en El Confidencial, no es que fuera Edison pero, entre inventos y tejemanejes, lograba embolsar algún suculento fajo de billetes, hasta que en 1891 un burgués decidió comprar una de sus inefables patentes (una cuerda de saltar con música) por 4000 libras. Con ese dinero, Wells tomó una decisión que le cambiaría la vida: se internó cinco días en el casino de Montecarlo y fue allí donde logró lo nadie había podido antes: hizo saltar la banca cinco veces.

Wells eligió la ruleta, uno de los juegos en que menos posibilidades hay de trazar una estrategia. "Eliges un color y esperas a que caiga la bola; esa parecía ser la de Charles. Se sentó a la mesa y, sin parar ni siquiera para comer, comenzó a apostar mientras la gente se agolpaba alrededor a observar su racha ganadora", se relata en El Confidencial.

Este ingeniero de mediana edad hizo eso durante los próximos cinco días. En una de esas jornadas, llegó a hacer saltar la banca (se produce cuando esta se queda sin dinero en la mesa, en cuyo caso se cubre con una tela hasta que traen otra remesa de dinero para continuar jugando) hasta en cinco ocasiones.

En el libro The Man Who Broke The Bank At Monte Carlo (El hombre que rompió la banca de Montecarlo), de Michel Butterworth, se cuenta cómo Wells alternaba la ruleta y las cartas en lo que un observador describió como "una imprudencia que sugería la imagen de un millonario que quiere deshacerse de su dinero aprisa".

Según se describe en El Confidencial, durante una sesión de ruleta llegó a ganar en 23 tiradas de 30. "Se cuenta que tenía predilección por apostar al número cinco, y que ganó, apostando a ese número, cinco veces seguidas, contra toda probabilidad. No es más que una leyenda, pero el cinco se convirtió así en un número mágico, el que le acompañó, y en un número pretendido entre los jugadores de casino", se lee en la publicación española.

El casino inició una serie de investigaciones para ver si había alguna trampa en la racha ganadora de Wells, hasta se llegó a especular que había empleado alguna especie de martingala u otra artimaña, pero jamás se le pudo probar nada. Él solo se limitó a decir: "Cualquiera es libre de verme jugar y de imitarme, pero el defecto común de la mayoría de los jugadores del casino es que carecen de valor".

Así fue cómo este hombre entró al casino como simple apostador y salió como millonario. Usó parte de sus ganancias para comprar un yate que se llamaba Tycho Brahe, pero que él rebautizó como Palais Royal, y empezó a darse todos los gustos imaginables. Aquel ingeniero de poca monta, que "no daba pie con bola" en sus comienzos, era ahora un hombre millonario y tenía todo para disfrutar de la Belle Epoque. Estaba en su mejor momento. Tocando el Cielo con las manos. Pero... siempre hay un "pincelazo" que lo arruina todo.

Algo no salió bien: El avezado jugador que se pasó de vivoColumna Algo no salió bien, en Lo que el día se llevó

A fines de 1892, fue arrestado a bordo de su yate y extraditado a Gran Bretaña para enfrentar cargos relacionados con su plan de patentes. Fue juzgado, declarado culpable de 23 cargos de fraude y condenado a ocho años de prisión. Obtuvo su libertad a los seis años, por buena conducta, pero al poco tiempo volvió a hacer de las suyas.

Esta vez, se radicó en Paris, estableció un banco privado y organizó una de las estafas piramidales más grandes de la historia. Cuando lo descubrieron, huyó con todo el dinero a Inglaterra, pero fue capturado y encarcelado nuevamente. Años después, murió de forma misteriosa, solo y sin un centavo. Se terminó así la vida del hombre que durante mucho tiempo fue llamado "Monte Carlo Wells".

Su historia inspiró varios libros, como el mencionado de Michel Butterworth (que es de 1938), y uno más reciente del escritor británico Robbin Quinn, que tiene un título parecido: El hombre que rompió la banca de Montecarlo. Charles De Ville, jugador y extraordinario estafador. También llegó al cine, ya que en 1935 se rodó una película sobre su vida. Mucho antes de todo eso, en 1892, Fred Gilbert escribió una popular canción inspirada en sus hechos, que también se llamó El hombre que rompió la banca de Montecarlo.

* Si querés ver la columna en vivo, sintonizá los viernes a las 23 Lo que el día se llevó (martes a viernes), por LN+: 715 y 1715 de DirecTV, Cablevisión 19 Digital y analógico/ 618 HD y Flow, Telecentro 705 Digital, TDA 25.3, Telered 18 digital y servicio básico y Antina 6 digital.