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Por qué los alemanes se han lanzado a comprar oro como locos

Jaime Quirós – Hacerse de oro ya no es sinónimo de riqueza individual, sino que también puede extenderse a unidades territoriales. Alemania parece que está apostando fuertemente por el metal dorado, en una práctica que recuerda mucho a las empleadas después de que, tras la Segunda Guerra Mundial, sus reservas se quedaran hechas triza.

Fue entonces cuando los germanos fueron tomando la decisión de agrandar su cantidad de lingotes con el fin de afrontar épocas oscuras, como sucedió después de las dos grandes contiendas continentales. Con la llegada de la guerra fría, el oro alemán quedó repartido por varios territorios, principalmente en la Reserva Federal estadounidense, en Francia o en el Banco de Inglaterra.

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Sin embargo, a lo largo de las vacaciones veraniegas se dio a conocer que el país germano tomó la decisión de traer de vuelta la mitad del oro que estaba siendo custodiado en otros países, debido a un auto del tribunal de cuentas, que solicitaba “verificar la autenticidad y el peso” de todas esas reservas. Al César lo que es del César, en otras palabras.

Y es que Alemania se ha hecho de oro, valga la redundancia, en los últimos diez años. En esta década ha multiplicado por cinco su nivel de compras y ya tiene en sus arcas hasta 120.000 millones de euros (141.000 millones de dólares), lo que asciende a alrededor de 3.378 toneladas. Por eso, es el segundo país que tiene más reservas de este metal precioso por detrás de Estados Unidos, que cuenta con más de 8.000 toneladas. Casi nada.

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Foto de CNBC.

¿Y por qué tanto interés en esta acumulación masiva de oro? Fundamentalmente la abundancia de liquidez disponible, con los tipos de interés en los mínimos históricos y la carencia de rentabilidad en los activos tradicionales, provoca que el banco central busque alternativas para buscar la protección ante episodios turbulentos en el futuro.

De hecho, con el bund alemán que ha llegado a traspasar el rendimiento negativo, las opciones se agotan para encontrar un refugio ante las posibles tormentas. De ahí a que, a partir del 2009, el mercado del oro haya escalado sin control, habida cuenta también de la aparición de nuevos vehículos de indexación, como los ETFs. Más números que jugar en el casino.

El pasado ejercicio Alemania invirtió aproximadamente 6.800 millones de euros. “Los inversores alemanes son muy conscientes de los efectos de la inestabilidad financiera. La hiperinflación de los años veinte –la República de Weimar– permanece vivo en la memoria colectiva. Los germanos han visto sucederse ocho monedas en el último siglo y no es de extrañar que, en este contexto, hayan apostado por el oro, considerado como un valor duradero”, apuntaban los analistas del World Gold Council en un informe hace escasas fechas.

Con la subida de tipos de interés aún lejana en el horizonte en el ámbito europeo, la posibilidad de que el metal brillante siga ejerciendo como soporte para los inversores sigue siendo alta. ¿Seguirán desde territorio germano alimentando al monstruo para sortear terremotos que están por venir o cambiarán su política? Parece que su suerte está echada.

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