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El negocio tras el Premio Planeta: por qué se da siempre a un libro que aún no ha sido publicado

·5  min de lectura

Cuando de premios relacionados con la cultura se trata, lo normal, lo más común, es que la obra a premiar (un disco, una película, una serie) haya llegado primero al público antes de ser elegida por un jurado como la vencedora. Pasa (salvedades como festivales o letra pequeña en las condiciones para concurrir a un lado) en los Goya, por mencionar un ejemplo nacional. También en los Oscar y los Grammy. Sin embargo, en este sentido el Premio Planeta funciona a la inversa: primero se elige al ganador y después su libro llega a los lectores. Esto se debe principalmente a dos razones. La primera, se trata de un concurso en el que parte del premio consiste en la publicación y uno de los requisitos para postularse es que se trate de una obra inédita. La segunda, es un proceder habitual en el mundo literario.

El Premio Planeta de este año ha sido para Jorge Díaz, Antonio Mercero y Augustín Martínez, autores trael pseudónimo de Carmen Mola. (Foto: JOSEP LAGO/AFP via Getty Images)
El Premio Planeta de este año ha sido para Jorge Díaz, Antonio Mercero y Augustín Martínez, autores trael pseudónimo de Carmen Mola. (Foto: JOSEP LAGO/AFP via Getty Images)

El mecanismo por el cual funciona el Premio Planeta es el mismo desde hace mucho. Ha cambiado el montante del premio, que el pasado jueves anunciaron que ascendía a un millón de euros en esta edición (más incluso que el Nobel), pero la mecánica se mantiene y no es muy diferente a la de otras editoriales, grandes o pequeñas. Los escritores presentan sus obras bajo pseudónimo dentro del plazo establecido y acogiéndose a las directrices indicadas en las bases de la convocatoria (extensión, formato, declaración de originalidad, incluso temática en algunos casos). Después un jurado se encarga de seleccionar a los finalistas y de ahí sale el vencedor. 

En una ceremonia, en el caso del Planeta con gran cobertura mediática debido al poder de la editorial en cuestión y del grupo que la sostiene, se anuncia quién es el vencedor y quién se escondía detrás del pseudónimo firmante de la novela galardonada y las finalistas. Anunciado a bombo y platillo, la campaña de publicidad está hecha antes del lanzamiento del libro. Titulares en medios de comunicación, eco en redes sociales, perfiles del autor o autores vencedores por todos lados y entrevistas de los mismos. Además, puede ocurrir que la revelación incluya sorpresa o polémica, como en el caso de este año, haciendo más ruido aún y despertando un mayor interés por los libros del ganador

El viernes por la noche se daba a conocer el nombre del título finalista: La bestia, de Carmen Mola. Pseudónimo muy conocido en el mundo literario desde que en 2019 el sello Alfaguara (de la rival Penguin Random House) publicase La novia gitana, primera novela de una saga del género negro que ha sido un éxito de ventas firmada por esta supuesta profesora de instituto madrileña. El as publicitario en la manga de Planeta es que Carmen Mola no era una docente, ni siquiera era una mujer. Tras ese pseudónimo se escondía la autoría de tres guionistas televisivos: Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez. Rumores sobre quién podría ser la exitosa autora cuentan que ha habido desde su estreno en el mundo literario, pero la sorpresa ha sido mayúscula, polémica y, como tal, sonora y mediática.

No solo por el hecho de que Carmen Mola sea en realidad tres autores, sino porque la futura publicación de La bestia, su obra galardonada por Planeta, supone un cambio de casa. Hasta ahora este pseudónimo iba asociado a Penguin Random House, una de las grandes competidoras de Planeta en el mercado editorial y que también cuenta con su propio premio literario. Bajo su sello se han publicado las tres novelas de la saga La novia gitana y hay anunciada una cuarta para la próxima primavera. Qué pasara ahora no se sabe aún. Pero esta no es la primera vez que un autor o autores de Alfaguara pasan, premio mediante, a la competencia. Ya ocurrió, como recordaba en su crónica El Periódico, con Javier Cercas y Manuel Vilas en 2019. 

El premio está dado y la publicidad hecha. Ahora solo falta que La bestia se publique y que la crítica y el público emitan su veredicto. Algo así es lo que sucede con las películas en los festivales de cine, donde un León o una Palma sirven como antesala publicitaria de cara al estreno comercial. Como una carta de presentación de cara a llamar al público a la salas. Eso sí, en estos casos Venezia y Cannes no reciben a cambio un porcentaje de la venta de entradas como ocurre con los libros. 

En el caso de las editoriales, sea Planeta o cualquier otra con concursos literarios, el sistema es más endogámico ya que ellos lo organizan, ellos premian y ellos mismos se benefician de las ventas de la novela ganadora. Solo Amazon permite al lector acceder a los participantes antes de emitir su veredicto ya que parte de su estrategia se basa en la autopublicación. El premio para el que gana es económico y una campaña de publicidad para aumentar el impacto y las ventas. La publicación se hace previamente. Eso sí, también se pide originalidad. 

Lo que está claro es que un galardón, sea del tipo que sea y se dé cuando se dé, siempre viene bien de cara a la publicidad. No pocas veces se habla de que un Oscar o un Goya pueden dar una segunda vida comercial a una película que quizá pasó desapercibida durante su estreno. 

EN VÍDEO | El Planeta del millón de euros acaba con el secreto de Carmen Mola

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