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Primavera en Madeira: la isla de las flores

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A Madeira me fui esta primavera pensando en que, al ser conocida como la isla de las flores, no podría haber mejor estación para visitarla. Y no me equivoqué. Puedo decir que he visto allí infinidad de árboles, plantas y flores desconocidas para mí, y visitado muchos jardines que son auténticos remansos de belleza y paz.

La maravillosa arquitectura de Funchal.
La maravillosa arquitectura de Funchal.

Llegué a Funchal, la capital al sur de la isla, ciudad que con el tiempo y gracias a su aeropuerto y puerto marítimo, recibe muchos visitantes a diario. Cientos vienen en cruceros, se bajan, visitan dos o tres sitios y regresan por la noche a sus barcos. Este tipo de turista no se ve en otros pueblos y sitios de interés de la isla, porque aunque hay autobuses para recorrerla, se requiere de tiempo, y las distancias, aparentemente cortas, no lo son tanto debido al relieve montañoso propio de una isla volcánica.

La Plaza del Municipio de Funchal.
La Plaza del Municipio de Funchal.

Me hospedé muy cerca del Jardín Municipal y apenas salí del hotel me sorprendió la cantidad de árboles exóticos que vi. Visité la catedral (Sé), consagrada en 1517, en pleno periodo manuelino, en donde había una misa por Ucrania. Es un templo sobrio por fuera y de una admirable riqueza en su interior con techo de alfarje morisco (uno de los más bellos de Portugal), azulejos y retablos muy barrocos.

Una misa por Ucrania en la Catedral de Funchal.
Una misa por Ucrania en la Catedral de Funchal.

Lo que los funchalenses llaman la parte vieja de la ciudad es un barrio al este de la bahía que concentra la mayoría de los restaurantes y bares a lo largo de la calle Santa María. Pero los edificios de interés están del otro lado, al oeste de la plaza del Municipio, en que se halla el Ayuntamiento, el interesante Museo de Arte Sacra (con gran cantidad de pinturas flamencas que los comerciantes de vino de Madeira adquirían a cambio de sus barricas) y la muy barroca iglesia jesuita de San Juan Evangelista del siglo XVII, rebosante de azulejos y con techo en forma de quilla de barco.

Parterres del Jardín Botánico de Funchal
Parterres del Jardín Botánico de Funchal

Subiendo por la calle de la iglesia San Pedro pueden visitarse tres casonas que pertenecieron a familias pudientes de la isla. La primera, la Frederico de Freitas, atesora colecciones de pinturas, mobiliario, vajillas y piezas que pertenecieron a los condes de la Calzada y también al abogado y coleccionista que la vivió posteriormente y a la que debe su nombre. Subiendo por la cuesta empinada de Santa Clara, nos toparemos con la fabulosa Quinta das Cruzes. Propiedad de la familia Cámara en el siglo XVII, posee hermosos jardines con especies únicas como el drago y un magnífico orquideario. Objetos de arte, mobiliario inglés, esculturas, piezas de cerámica y porcelanas europeas componen su rica colección.

La maravillosa arquitectura de Funchal.
La maravillosa arquitectura de Funchal.

Justo enfrente, la casa del escritor Juan Carlos Abreu, llamada Universo de las Memorias, es una hermosa residencia de finales del XIX en la que el escritor reunió una enorme cantidad de curiosidades, desde una impresionante colección de corbatas y de caballos en todas las representaciones posibles, hasta broches, piezas de orfebrería, bastones, cuadros, etc. Fuera, alrededor de una fuente, un cenador y pérgola de época brindan la posibilidad de merendar.

La plaza principal de Machico, al este de Madeira.
La plaza principal de Machico, al este de Madeira.

Al oeste de Funchal, donde se encuentran playas y casinos, está el célebre hotel Reid’s, majestuoso palacio construido por un escocés en 1891 en el que han residido, en diferentes momentos, reyes y príncipes europeos, así como otras personalidades, desde Rilke hasta Churchill. Y a pocos kilómetros hacia el este, el pueblo de pescadores Cámara de Lobos, con sus barcas típicas multicolores llamadas xavelhas flotando en el puertecillo. Lo típico allí es el ponche de maracuyá o tanjarina y también el bacalao, según recetas tradicionales.

Las casas de techos de paja de Santana.
Las casas de techos de paja de Santana.

Toda la costa este puede recorrerse gracias a un ingenioso sistema de túneles que comunica a cada pueblo pesquero y caleta, pues las laderas suelen ser muy abruptas y los paisajes impresionantes. Vale la pena visitar el mirador de Cabo Girao, desde una plataforma vertiginosa suspendida en el vacío. También almorzar en A Poita, de Madalena do Mar, auténtico restaurante de pescadores, así como visitar Ponta do Sol, pueblecillo de donde era originaria la familia del escritor norteamericano John Dos Santos, cuyo centro cultural y casa pueden visitarse.

Los impresionantes árboles de Funchal, Jardín Municipal.
Los impresionantes árboles de Funchal, Jardín Municipal.

En las empinadas laderas que dan forma de anfiteatro a Funchal, encontraremos los dos jardines más espectaculares de la isla. El primero y mi preferido es el Jardín Botánico de Madeira, situado en la antigua Quinta do Bom Sucesso, un auténtico mirador con vistas al valle, los barrancos y la capital. La casona pertenecía a la familia Reid y sus jardines albergan más de 2500 especies entre palmeras tropicales, cactus de múltiples variedades, plantas aromáticas, árboles centenarios, coníferas, cicadáceas, además de coloridos parterres geométricos a la francesa y otros ornamentos.

El otro, el Jardín de Monte Palace, abierto desde 1991, se encuentra en la localidad de este nombre en donde se halla también la iglesia del Monte. El jardín discurre en un enorme parque alrededor de una villa y posee como atracción mayor dos jardines orientales (chino y japonés) con el mobiliario propio de estos, como perros fo de mármol, un buda gigante, puentecillos, estanques con peces, pérgolas, dragones y hasta una casa de té. La casona es privada, pero se puede recorrer la parte del gran estanque con cuevas artificiales, una isleta decorativa y gran cantidad de azulejos.

A ambos jardines se puede subir en funicular desde Funchal, pero la mejor opción para evitar las colas y verse encerrado en una cabina suspendida y atiborrada de visitantes, es el autobús, ya que varias rutas cubren la trayectoria por un precio ocho veces inferior e idénticas vistas.

En el centro de la isla está Curral das Freiras, entre altas montañas. Las vistas son increíbles y la cocina a base de castañas es deliciosa. La carretera zigzaguea entre bosques de eucaliptos centenarios, y el restaurante La Perla ofrece la mejor terraza con vista al valle y las montañas que lo circundan.

Mi segunda etapa en Funchal incluyó una estancia en San Vicente, al norte de la isla. Muy abrupta, con grandes farallones e incluso cascadas que caen en el océano, esta porción de litoral es mucho más salvaje y, por ende, menos frecuentada. El pueblo es espectacular, los paisajes inolvidables y cuando llueve se forman poderosos saltos de agua en las carreteras. Vale la pena visitar, a pocos kilómetros de allí, los pueblos de Seixal y Porto Moniz, con piscinas naturales formadas por la lava de los volcanes e inundadas por las mareas del océano. Son sitios inolvidables que no pueden recorrerse sin un coche, también muy útil para subir a los parques nacionales entre altos picos y mares de nubes.

Partiendo de Sao Vicente hacia el este, encontraremos el pueblo de San Jorge, que posee la iglesia más barroca de la isla, así como el de Santana donde único perduran las coloridas casas típicas de Madeira, con techos cónicos cubiertos de guano.

Sin olvidar, en la costa oeste de la isla, los pueblos de Machico, primera capital de la isla, con su antigua fortaleza Amparo y su iglesia renacentista; así como Santa Cruz, a escasos minutos del aeropuerto, y con una plaza que recuerda las que luego se construyeron en Brasil o el resto de América Latina.

Madeira es un archipiélago, y como tal, tiene dos islas más. La del Porto Santo, más pequeña y con la única auténtica playa (de aguas frías) y arenas doradas del archipiélago, a donde se va en avión o ferry. Y las llamadas “Desiertas”, completamente deshabitadas, a las que se puede llegar gracias a excursiones que proponen algunos operadores turísticos.

William Navarrete es escritor franco-cubano establecido en París.

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