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Hollywood va camino a perder un tesoro inestimable

A partir de 2024 quedará disponible la primera película donde aparece la figura del ratón Mickey
A partir de 2024 quedará disponible la primera película donde aparece la figura del ratón Mickey - Créditos: @archivo

En el Bosque de los Cien Acres de Winnie Pooh se avecinan problemas. Christopher Robin, ya crecido, regresa a los pagos de su infancia y descubre que Igor el Burro ha muerto, que el chanchito Piglet creció hasta convertirse en un feroz jabalí, y que Pooh anda de acá para allá con una enorme maza al hombro. Son animales salvajes que asesinan a quien se les cruce, mayormente mujeres jóvenes, algunas en bikini.

Tal vez A. A. Milne, que creó a Pooh en 1926, no habría aprobado Winnie-the-Pooh: Sangre y Miel, la película de terror de bajo presupuesto que se estrenará el mes próximo. Pero no hizo falta el permiso de sus herederos: los derechos de copyright de Winnie-the-Pooh en Estados Unidos expiraron en enero de 2022 y la obra pasó a ser de dominio público. Desde entonces, el osito también ha aparecido en una publicidad de celulares como “Winnie-se-jodió”, donde se queja ante Conejo de que su factura de teléfono es demasiado alta.

Todos los años hay una nueva tanda de trabajo creativo que deja de estar protegido por el copyright y queda liberado para que lo adapte o explote quien quiera. En Estados Unidos, donde el copyright para obras viejas suele ser de 95 años, acaban de ingresar al dominio público, por ejemplo, El sol también sale, de Ernest Hemingway, y El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald.

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Pero ya asoma una nueva era del copyright. A medida que se acerca el límite para las obras creadas a fines de la década de 1920, el dominio público está empezando a recibir no solo obras de literatura, arte y música, sino también de imágenes. O sea que la propiedad intelectual de Hollywood, en algunos casos de un valor inestimable, empieza estar al alcance de quien quiera aprovecharla. Este mes quedó libre El cantor de jazz, una de las primeras películas del cine sonoro. La Warner Bros., que lanzó la película en 1927, probablemente no se preocupe mucho por la pérdida de los derechos de una película que actualmente es más una curiosidad histórica que otra cosa, pero el año que viene caen los derechos de Willie y el barco de vapor, el cortometraje donde aparece por primera vez el Ratón Mickey, pieza central del negocio de merchandising de Disney, que le reporta más de US$5000 millones al año.

Y en la década de 2030 vencerán los derechos de una lista imbatible de películas de Disney, entre ellas Blancanieves, Bambi y Fantasía. Lo mismo ocurrirá con algunos de los superhéroes de historieta más exitosos en las boleterías actuales. La última película de Batman recaudó más de US$770 millones, y la Warner ya tiene planeadas dos secuelas. Sin embargo, a partir de 2035, cualquier podrá filmar una película con el hombre murciélago como protagonista.

Los derechos de autor de Batman vencen en 2035
Los derechos de autor de Batman vencen en 2035

Plazos extendidos

Tal vez a los ejecutivos de Hollywood 95 años les parezcan demasiado poco, pero antes los derechos de copyright solían ser mucho más breves. La primera ley moderna sobre el copyright en un país angloparlante fue publicada en 1710 en Inglaterra y les otorgaba a los derechohabientes un periodo de 28 años de protección sobre su obra. Estados Unidos tomó ese ejemplo con su ley federal de copyright de 1790. Para 1909, el plazo se había extendido a 56 años, y así fue hasta la década del ‘70. Pero en ese momento, justo cuando los tesoros de Hollywood estaban a punto de pasar a ser propiedad pública, el Congreso norteamericano intervino y extendió el plazo a 75 años. En 1998, cuando el “día del juicio” se acercaba una vez más, el Congreso aprobó la “Ley de protección de Mickey Mouse”, como se la llama en burla, que extendió la protección del copyright a 95 años.

Ahora muchos esperaban una nueva extensión. Nada de eso se concretó. Y en más de un sentido, la razón es el auge de Internet. Para empezar, porque internet convirtió a los votantes en “liberales del copyright”. En la década de 1990, el tema del copyright “les interesaba solamente a los docentes, historiadores y bibliotecarios”, dice Mitch Stoltz, de la Fundación Frontera Electrónica, un grupo de defensa de la libertad de expresión. Con la llegada de Internet, la gente advirtió lo fácil que el copiar información y hasta qué punto las leyes de copyright frenaban su posibilidad de compartir música e imágenes, o de postear en las redes sociales.

Internet también alteró el equilibrio del poder de lobby. Las editoriales, los sellos discográficos y los estudios de cine siempre presionaron para extender los plazos del copyright, y no había intereses comerciales que tuvieran motivo para hacer fuerza en contra. Pero eso cambió con la llegada de empresas como Google y YouTube, cuyos ingresos provienen de compartir los contenidos de la gente. Google ganó batallas legales sobre la aparición de imágenes protegidas por copyright cuando el usuario hace una búsqueda. Las discográficas demandaron a YouTube por contener clips con música protegida, pero finalmente llegaron a un acuerdo extrajudicial.

Defensas legales

A medida que esas valiosas propiedades intelectuales pasan al dominio público, los estudios cinematográficos van reforzando sus defensas legales. Un consuelo para Hollywood es que las versiones más recientes y conocidas de sus personajes más importantes todavía están fuera de los límites.

El Mickey Mouse de El barco de vapor es en blanco y negro y no usa guantes blancos. El Winnie-the-Pooh que ahora en de dominio público es la versión dibujada por E.H. Shepard en 1926, y no la creación con la camiseta roja y el trasero al aire que Disney popularizó en 1966. Y los derechos de autor de Batman caerán en 2035, pero el Batimóvil seguirá protegido hasta 2037, ya que durante sus primeros años Batman conducía un sedán rojo común y silvestre. Además, Hollywood tiene listas otras defensas. Los abogados de estudios como Disney se preparan para argumentar que personajes como el Ratón Mickey no son solo obras literarias, sino logotipos. Las marcas y los logos se rigen por la ley de marcas registradas, que existe para ayudar a los consumidores a identificar los productos originales de una determinada empresa. Y mientras que los derechos de autor tienen fecha de caducidad, las marcas registradas pueden durar para siempre.

Bambi volverá a la pantalla grande en una nueva versión
En la próxima década Bambi pasará a ser de dominio público

El pionero de las obras creativas de “doble envoltura” —protegidas tanto por los derechos de autor como por ser marcas registradas— fue Edgar Rice Burroughs, quien se aseguró ambos derechos para Tarzán de los monos, que escribió en 1912. Hoy Tarzán ya no está protegido por el copyright, lo que significa que cualquiera es libre de escribir una historia con Tarzán con protagonista. Pero cualquiera que ponga el nombre o la imagen de Tarzán en un producto puede ser denunciado por infracción a la marca registrada de Edgar Rice Burroughs, Inc., que se ocupa de autorizar puntualmente el uso del nombre de Tarzán para todo tipo de productos, desde videojuegos hasta casinos. En la práctica, eso alcanza para disuadir a los grandes estudios de crear historias de Tarzán sin licencia. Y hoy en día, ese tipo de secuelas son una parte esencial de la economía de la industria cinematográfica.

Los límites

Desde ese punto de vista, Disney es dueña de la marca registrada de Mickey Mouse para una amplia gama de usos comerciales, y podría argumentar que la aparición del ratón en una camiseta, por ejemplo, puede ser una trampa para que los consumidores piensen que se trata de un producto de Disney. Sin embargo, este argumento tiene sus limitaciones, según Eric Perrott, del estudio de abogados Gerben, que se especializa en derechos de autor y marcas registradas.

Perrott dice que a partir de 2024, por ejemplo, una empresa tendrá derecho a usar una imagen de Willie y el barco a vapor en una camiseta. Y al vendedor se le permitiría usar las palabras “Mickey Mouse” para describir dicho producto, al igual que un vendedor de autos usados puede usar una marca como Volvo sin permiso.

Disputa en puerta

Pero quienes vendan productos de Mickey puede tener problemas. “Aunque tengan razón, luchar contra Disney es una batalla legal perdida de antemano, por los costos que implica”, advierte Perrott. A la hora de defender su propiedad intelectual, Hollywood no tiene piedad de nadie. En 2015, un tribunal falló a favor de la demanda presentada por la Warner Bros contra un mecánico que fabricaba y vendía réplicas del Batimóvil por 90.000 dólares. Y en su fallo, la jueza incluso citó a Batman: “En nuestra sociedad ordenada, la protección de la propiedad privada es esencial”.

A medida que los derechos de autor se acercan a sus fechas de caducidad, los estudios de Hollywood se están apurando para exprimir a productos como Batman mientras pueden, dice Dan Mayeda, de la Universidad de California en Los Ángeles, y al mismo tiempo desarrollan secuelas y desprendimientos cuyos derechos de autor durarán muchos años más. Las marcas registradas también están reforzando sus protecciones. Desde 2007, la rama de animación de Disney incluye unos segundos de Willie y el barco de vapor en el logotipo que aparece al comienzo de sus películas, lo que según Stoltz constituye un esfuerzo por dejar establecido que el Ratón Mickey no es un personaje, sino una marca registrada específica.

Los defensores de los plazos de los derechos de autor prolongados argumentan que eso fomenta la creatividad, ya que obliga a los artistas a crear contenidos originales, en vez de repetir o copiar los existentes. Sin embargo, ninguna industria ha demostrado mejor que Hollywood que la reinvención de una obra antigua es un arte en sí mismo. De hecho, Disney hurgó en los catálogos de escritores que ya eran de dominio público, como Hans Christian Andersen, en busca de material que sus animadores convirtieron en películas originales, como Frozen o La sirenita. También se basó en los cuentos populares árabes para Aladino y en la mitología polinesia para Moana. Y desde que adquirió Marvel, Disney recuperó a los agotados héroes de los cómics de la década del ‘60 y los convirtió en protagonistas de las películas más taquilleras del siglo XXI.

El paso del acervo cultural de Hollywood al dominio público promete generar más creaciones y recreaciones, que seguramente le agregarán más valor que la inminente Sangre y miel con su reguero de muertos. Mientras tanto, los fanáticos de la nueva y cruenta aventura de Winnie Pooh se deleitarán con el próximo proyecto de sus realizadores: una reversión en clave de terror de Peter Pan, cuyos derechos de adaptación teatral pasarán al dominio público el año que viene.

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