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Puro músculo: mira los autos americanos más potentes de todos los tiempos

Daniel Matus

Al igual que la comida, la música o la literatura, cada país expresa su identidad con sus automóviles. Mientras que las firmas europeas y japonesas son conocidas por enfatizar el manejo, el enfoque estadounidense ha sido tradicionalmente la fuerza. Por ello, hablar de los mejores carros en esta parte del mundo es hablar de los autos americanos más potentes.

En la década de los 60, los fabricantes estadounidenses comenzaron a poner los motores más grandes que podían encontrar. Era un momento en que el rendimiento era pieza fundamental en el proceso de comercialización, tan importante como lo es hoy en día la conectividad de los teléfonos inteligentes. Así nacieron los muscle cars.

Tradicionalmente, el rendimiento de un “musculoso” se define por el tamaño de su motor. Los autos modernos de rendimiento estadounidense son más completos, pero los grandes motores y los cientos de caballos de fuerza siguen siendo su tarjeta de presentación. Como cabría esperar, la siguiente lista no está completa, y por lo mismo, la iremos actualizando con el paso de las semanas. Tampoco se sigue un orden o jerarquía. Trataremos de poner algo de cada fabricante importante, eligiendo entre los más clásicos.

AMC AMX

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American Motors Corporation (AMC) fue un niño de pecho al lado de Los Tres Grandes de Detroit (General Motors, Ford y Chrysler), pero el fabricante de automóviles de Kenosha, Wisconsin, tuvo sus momentos memorables. El AMX fue uno de ellos.

En lugar de simplemente “calentar” un automóvil de producción estándar, AMC acortó la distancia entre ejes de su Javelin para crear un modelo de rendimiento de dos asientos. El AMX tenía unos músculos en forma de V8 disponible con 390 pulgadas cúbicas (6.4 litros), pero también una apariencia única. Incluso hoy en día, el AMX original se destaca con facilidad en medio del mar de Fords GMs y carros Mopar que suelen inundar cada exhibición de autos.

Al igual que muchos otros muscle cars, el AMX se fue atrofiando con el paso de los años, convirtiéndose en una insignia aplicada a modelos AMC más peatonales, todo lo cual culminó con el deslucido Spirit AMX, antes de desaparecer por completo en 1980

Buick GNX

En la década de 1980, la edad de oro de los musculosos americanos ya había desaparecido. Pero Buick logró mantener vivo el concepto, intercambiando los grandes V8 de aspiración natural por unos V6 turboalimentados de 3.8 litros. Con ese motor, el Buick Grand National fue uno de los autos más rápidos de su tiempo.

En 1987, el Grand National estaba a punto de desaparecer, pero Buick le dio una buena despedida. Se fabricó un número limitado (547) de versiones de GNX, con motores ajustados para producir 276 caballos de fuerza y 360 libras-pie de torque. El GNX corrió el cuarto de milla en 12.7 segundos a 113 mph, más rápido que un Ferrari F40.

Chevrolet Chevelle SS

En la época dorada de los muscle cars, la insignia Super Sport (o SS, para abreviar) denotaba las versiones de alto rendimiento de los modelos convencionales de Chevy. Ha sobrevivido hasta el día de hoy, con el Camaro SS y, recientemente, con el sedán SS, y todo gracias a un modelo absolutamente legendario: el Chevelle SS.

El Chevelle SS era, en muchos sentidos. el muscle car por excelencia. Chevy tomó su auto mediano y lo fue llenando de una sucesión de enormes motores V8 bajo su capó. La locura culminó con el SS 454, que debutó en 1970 con un motor de 454 pulgadas cúbicas (7.2 litros). Con ese gran motor y un exterior elegante, el SS 454 representó el auténtico Everest de los musculosos americanos clásicos. A medida que la década de los ‘70s fue avanzando, tanto las normas de emisiones como las compañías de seguros los fueron matando poco a poco.

Chevrolet Corvette ZR1 (C7)

El Corvette es, en realidad, más un carro deportivo que un muscle car, pero Chevy ha producido varios ‘Vettes’ excelentes a lo largo de las décadas, los cuales merecen la doble militancia. La actual generación C7 de Corvette puede ser la combinación más efectiva de los atributos deportivos y musculosos.

La familia C7 actualmente está coronada por el ZR1, el Corvette más potente jamás producido. Basado en la plataforma Z06 (con algunos cambios), el vehículo cuenta con un V8 de 6.2 litros con un sobrealimentador mejorado, un sistema de inyección dual de combustible y cuatro nuevos radiadores, aumentando su potencia a 755 caballos de fuerza y 715 libras-pie de torsión. Su aceleración manda al Z06 —e incluso al Dodge Hellcat— al agua, y con una velocidad máxima de —al menos— 210 mph, dejará a casi todos los vehículos del planeta Tierra a sus espaldas. El motor puede acoplarse a una transmisión manual de siete velocidades o a una automática de ocho.

Equilibra toda esta potencia un chasis configurado para la conducción de la pista, así como un diferencial electrónico de deslizamiento limitado, control de conducción magnético y gestión de la tracción de rendimiento. Lo mismo ocurre con los frenos de cerámica de carbono Brembo, que te aseguran poder detener el ZR1 cuando sea necesario. Júntalo todo, y el ZR1 será un automóvil de alto rendimiento para conductores que desean hacer algo más que ir en línea recta.

Dodge Challenger SRT Demon

Si el Dodge Challenger SRT Hellcat de 707 caballos de fuerza es la última expresión del muscle car tradicional, entonces el SRT Demon es (literalmente), un ser del inframundo.

Muchos fabricantes de automóviles han creado modelos enfocados más en las pistas que en la carretera, pero Dodge es el primero en aplicar el mismo nivel de rigor a ambos. El Demon hace el cuarto de milla en 9.65 segundos a 140 mph. En la calle, pasa de 0 a 60 mph en 2.3 segundos.

Ese rendimiento insensato se debe en parte a un motor V8 Hemi de 8.0 litros y 840 caballos de fuerza, si lo llenas con combustible de 100 octanos, pero también gracias a un truco (hardware) que antes solo se encontraba en los autos de carrera. El Demon funciona con radiales de arrastre de estilo de carreras, usa un dispositivo llamado “freno de transmisión” que bloquea la transmisión mientras el automóvil está en la línea de partida, todo para un arranque más rápidos. Además, viene de serie con solo un asiento.

Dodge Charger (segunda generación)

El Dodge Charger se lanzó en 1966 como un elegante fastback, y sigue vivo hoy en día como un sedán de cuatro puertas. Pero es el modelo de segunda generación, vendido de 1968 a 1970, el que lo convirtió en un ícono

El Charger 1968-1970 es probablemente uno de los autos estadounidenses más reconocibles jamás fabricado. Solo su hermoso estilo ya le habría asegurado el sitial, pero el Charger también está familiarizado con innumerables apariciones en cine y televisión, desde The Dukes of Hazzard hasta Bullitt.

Una selección de potentes motores V8 aseguraron que podría mantenerse al día con los rivales de Ford y GM en las calles. Cuando los ingenieros descubrieron que era tan aerodinámico como un ladrillo en la pista, crearon el Charger 500 y las versiones aladas del Charger Daytona, lo que lo llevó a la gloria en el circuito de NASCAR.