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Qatar 2022: Irán vs. EE.UU. y otras tensiones políticas de Medio Oriente que se cuelan en el Mundial

Una mujer con una remeria en memoria de Mahsa Amini en el Mundial de Qatar
Una mujer con una remeria en memoria de Mahsa Amini en el Mundial de Qatar - Créditos: @Federico Gambarini

DOHA.– El primer Mundial que se juega en Medio Oriente se ha convertido en una vidriera de las tensiones políticas que atraviesan una de las regiones más volátiles del mundo y del ambiguo rol que suele jugar en esas crisis el país anfitrión, Qatar.

Los partidos de la selección de Irán han sido los más cargados políticamente, ya que en la cancha los hinchas expresan su apoyo a los manifestantes que vienen desafiando valientemente al gobierno clerical de su país. Y también se han convertido en un asunto diplomáticamente sensible para Qatar, que mantiene buenos vínculos con Teherán.

La simpatía pro-palestina entre los hinchas también se coló en los partidos de los cuatro seleccionados árabes. Los jugadores qataríes usaron brazaletes pro-palestinos, por más que por primera vez el gobierno de Qatar haya autorizado vuelos directos de hnchas desde Israel.

Hasta el emir de Qatar hizo gestos políticamente significativos, como lucir la bandera de Arabia Saudita durante su histórico triunfo ante el seleccionado de Argentina, un notable acto de apoyo hacia un país con el que desde hace tiempo intenta recomponer un vínculo marcado por las tensiones regionales.

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Todos esos gestos abonan la dimensión política de un torneo sumido en la controversia desde antes del silbato inicial por el trato a los trabajadores migrantes y por los derechos de la comunidad LGTBQ+ en el conservador país anfitrión, Qatar, donde la homosexualidad es un delito.

Es mucho lo que está en juego para Qatar, que espera que una Copa del Mundo sin sobresaltos consolide su rol en el escenario global y sobre todo en Medio Oriente, donde ha sobrevivido como Estado independiente desde 1971, a pesar de las numerosas crisis y levantamientos en la región.

Qatar, primer anfitrión de un Mundial en Medio Oriente, siempre ha sido visto como un país díscolo en la región: es la base del grupo islamista palestino Hamas, pero también ha mantenido relaciones comerciales con Israel.

También se ha ofrecido como plataforma de islamistas disidentes considerados como una amenaza por Arabia Saudita y sus aliados, pero al mismo tiempo se ha hecho amigo de Irán, el gran enemigo del gobierno de Riad. Además, Qatar alberga la mayor base militar de Estados Unidos en la región.

“Un conflicto interno”

Las tensiones en Irán, un país convulsionado desde hace dos meses por las protestas que se desataron tras la muerte de Mahsa Amini, una joven de 22 años que fue arrestada por violar los estrictos códigos de vestimenta que rigen en ese país, se vieron reflejadas tanto fuera como dentro de los estadios.

“Quisimos venir a la Copa del Mundo para apoyar al pueblo de Irán, porque sabemos que es una gran oportunidad para levantar la voz en nombre de ellos”, dice Shayan Khosravani, una iraní-norteamericana de 30 años que después del Mundial tenía intenciones de visitar a su familia en Irán, planes que debió cancelar debido a las protestas.

Pero algunos hinchas dicen que el personal de seguridad de los estadios les impidió mostrar su apoyo a las protestas de los iraníes. En el partido del 25 de noviembre de Irán frente a Gales, la seguridad del estadio les negó el ingreso a un grupo de hinchas que llevaban la antigua bandera pre-revolucionaria de Irán y remeras con las consignas de las protestas: “Mujer, Vida, Libertad” y “Mahsa Amini”.

Los futbolistas de la selección iraní celebran su victoria en su partido del Grupo B del Mundial contra Gales, en el estadio Ahmad Bin Ali, en Rayán, Qatar, el 25 de noviembre de 2022. (AP Foto/Pavel Golovkin)
Los futbolistas de la selección iraní celebran su victoria en su partido del Grupo B del Mundial contra Gales, en el estadio Ahmad Bin Ali, en Rayán, Qatar, el 25 de noviembre de 2022. (AP Foto/Pavel Golovkin)

Después del partido, en las inmediaciones del estadio se registraron incidentes entre partidarios y opositores del gobierno iraní.

Y dos hinchas que discutieron en ocasiones diferentes con el personal de seguridad de los estadios por la confiscación de banderas dijeron estar convencidos de que esa política responde a los vínculos de Qatar con el gobierno de Teherán.

Consultado por la prensa, un funcionario qatarí dijo que “se establecieron medidas de seguridad adicionales durante los partidos vinculados a Irán debido a las recientes tensiones políticas en ese país”.

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Cuando se le preguntó sobre el material confiscado y los hinchas arrestados, un portavoz del máximo comité organizador remitió la lista de artículos prohibidos por la FIFA y Qatar. Allí figuran “todos los artículos que contengan mensajes políticos, ofensivos o discriminatorios”.

La controversia también envuelve a la selección iraní, que en su primer partido demostró visiblemente su apoyo a las protestas al abstenerse de cantar el himno nacional. Solo lo cantaron, en voz baja, antes de su segundo partido.

Quemars Ahmed, un abogado de 30 años de la ciudad de Los Ángeles, dice que los hinchas iraníes se están debatiendo en un conflicto interno: “¿Apoyar a Irán es también apoyar al régimen de Teherán y la forma en que está silenciando las protestas?”

Antes del decisivo partido del martes entre Estados Unidos e Irán, la Federación de Fútbol de Estados Unidos exhibió temporalmente en las redes sociales la bandera nacional de Irán sin el emblema de la República Islámica, en solidaridad con los manifestantes, por lo que Teherán le pidió a la FIFA que lo expulse del Mundial.

El partido frente a Estados Unidos solo potenció la relevancia que tiene este Mundial para Irán, donde desde hace años el liderazgo clerical acusa a Washington de ser el “Gran Satán” y ahora lo señala como instigador de los actuales disturbios.

Una declaración “orgullosa”

Por el contrario, en los estadios y en las zonas frecuentadas por los hinchas abundan las banderas palestinas, que ya se han agotado en las negocios, a pesar de que el seleccionado de Palestina no clasificó para el torneo.

En su partido del 26 de noviembre frente a Australia, los hinchas de Túnez desplegaron una enorme pancarta con el lema “Palestina Libre”, un gesto que no pareció provocar una reacción de los organizadores. Pero los hinchas árabes se niegan a responder preguntas de los periodistas israelíes que informan desde Qatar.

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Omar Barakat, entrenador del seleccionado palestino que viajó a Doha para la Copa del Mundo, dice que pudo llevar su bandera a los partidos sin problemas. “Es una declaración política y nos orgullece”, dice Barakat.

Reconciliación

Si bien en algunos partidos surgieron tensiones, el torneo también fue el escenario propicio para algunos gestos de aparente reconciliación. El emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad al-Thani, por ejemplo, lució la bandera de Arabia Saudita alrededor del cuello durante el partido contra Argentina del 22 de noviembre.

Los lazos de Qatar con Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto estuvieron congelados durante años, debido a la política de Doha para la región, como el apoyo a grupos islamistas durante los levantamientos de la Primavera Árabe de 2011.

En otro acto de reconciliación entre Estados cuyos vínculos quedaron dañados por la Primavera Árabe, en la ceremonia de apertura del 20 de noviembre el presidente turco, Tayyip Erdogan, estrechó la mano de su homólogo egipcio, Abdel Fattah al-Sisi.

Kristian Coates Ulrichsen, politólogo del Instituto Baker de la Universidad Rice, Estados Unidos, dice que el período previo al torneo estuvo marcado “por la década de rivalidades geopolíticas desde la Primavera Árabe”.

Las autoridades qataríes, dice Ulrichsen, “tuvieron que encontrar un delicado equilibrio” en cuanto a Irán y Palestina, pero que al final “el Mundial logró poner nuevamente a Qatar en el centro de la diplomacia regional”.

Por Maya Gebeily y Charlotte Bruneau

Traducción de Jaime Arrambide