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Esto hacen los millonarios para mostrar su status: nada de lujos materiales

En 1899, el economista Thorstein Veblen observó que las cucharas de plata y los corsés eran marcadores de la posición social de las élites. Este autor ideó la “Teoría de la clase ociosa” y acuñó la frase “consumo conspicuo” para denotar la forma en que los ricos exhibían los objetos materiales como indicadores de posición y estatus social. Más de 100 años después, el consumo conspicuo sigue siendo parte del panorama capitalista contemporáneo, pero los bienes de lujo son mucho más accesibles que en la época de Veblen.

La democratización del consumo los ha hecho mucho menos útiles como medio para mostrar la posición social. Tanto los ricos como el segmento más boyante de la clase media poseen televisores de lujo, bolsos caros, pueden irse casi a cualquier punto del planeta de vacaciones y  comprar coches de gama alta. La diferenciación social de alto ‘standing’ es mucho más difícil.

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Los bienes intangibles, como la educación y la cultura marcan hoy en día las diferencias sociales y económicas.  Foto: Getty Image.

Ante este panorama, la investigadora y escritora Elizabeth Currid-Halkett plantea cuál está siendo la ‘estrategia’ de muchos ricos para conseguir ser ‘especiales’: consolidan su estatus a través del conocimiento y la construcción de capital cultural, prefiriendo gastar en servicios, educación e inversión en capital humano sobre bienes puramente materiales. Estos nuevos comportamientos se han dado en llamar ‘consumo discreto’. El consumo de estas élites es excluyente.

En un artículo de la BBC, la investigadora explica que los hábitos especiales de consumo de esta clase destacan especialmente en Estados Unidos. Los datos de la Encuesta de Gastos del Consumidor revelan que, desde 2007, el porcentaje de norteamericanos que ganan más de 300.000 dólares al año gastan significativamente menos en bienes materiales, mientras que los grupos de ingresos medios, que ganan aproximadamente 70.000 al año, gastan lo mismo y su tendencia es al alza.

Los ricos están invirtiendo mucho más en formación, jubilación y salud. La educación constituye una parte muy significativa de este gasto, ya que representa casi el 6% de los gastos principales del hogar de las élites, en comparación con poco más del 1% del gasto de ingresos de hogares medios. De hecho, el gasto superior en educación de los más ricos ha aumentado más del triple desde 1996, mientras que el gasto en educación de las familias con ingresos medios se ha mantenido estable.

La clave para las nuevas élites es la adquisición de capital cultural. Saben que es una inversión. Les proporciona acceso a redes y foros sociales que, a su vez, ayudan a allanar el camino hacia empleos de élite, contactos profesionales y colegios privados. En definitiva, el consumo discreto confiere movilidad social.

La inversión en cultura y bienes inmateriales tiene un impacto notable en la calidad de vida de los consumidores y también en las oportunidades de la próxima generación. Padres formados criarán hijos educados. Para la clase aspiracional de hoy, las opciones de consumo ‘discretas’ aseguran y preservan el estatus social, incluso sin mostrarlo.

Aunque siempre habrá gente que presuma de sus éxitos en la vida mostrando bienes materiales exclusivos, parece que triunfa una forma de relacionarse que genera éxito y poco o nada tiene ver con la ostentación. Para tomar nota.

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