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Reid Hoffman tiene una misión: demostrar que la inteligencia artificial puede mejorar a la humanidad

Mustafa Suleyman, cofundador y director ejecutivo de Inflection AI, en las oficinas de Greylock en Menlo Park, California, el 2 de mayo de 2023. (Clara Mokri/The New York Times)
Mustafa Suleyman, cofundador y director ejecutivo de Inflection AI, en las oficinas de Greylock en Menlo Park, California, el 2 de mayo de 2023. (Clara Mokri/The New York Times)

SAN FRANCISCO — Reid Hoffman, un emprendedor multimillonario e inversionista de capital de riesgo, está preocupado por la inteligencia artificial… pero no por las razones catastrofistas que aparecen en los titulares. Más bien, le preocupa que los titulares catastrofistas sean demasiado negativos.

Por lo tanto, en meses recientes, Hoffman se ha involucrado en un agresivo régimen de liderazgo intelectual para elogiar las virtudes de la inteligencia artificial. Lo ha hecho en publicaciones de blog, entrevistas de televisión y conversaciones informales. Ha hablado con funcionarios de todo el mundo. Es anfitrión de tres pódcast y un canal de YouTube. Y, en marzo, publicó un libro, “Impromptu”, coescrito con la herramienta de inteligencia artificial GPT-4.

Todo esto forma parte de la conquista de la opinión pública en el tema de la inteligencia artificial, en preparación para cuando el estallido inicial de miedo y expectación por la tecnología se asiente en un debate coherente. Se elegirán bandos, se propondrán regulaciones y las herramientas tecnológicas serán politizadas. Por el momento, los líderes del sector como Hoffman intentan inclinar los términos del debate a su favor, aunque dé la impresión de que solo aumenta la preocupación del público.

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“Estoy tocando el tambor positivo muy fuerte y lo hago a propósito”, comentó.

Pocas personas están tan entrelazadas en tantas facetas de esta industria de rápida evolución como Hoffman. A sus 55 años, es parte de los consejos de administración de once empresas tecnológicas, entre ellas Microsoft, la cual ha echado la casa por la ventana en favor de la inteligencia artificial, y de ocho organizaciones sin fines de lucro. Su empresa de capital de riesgo, Greylock Partners, ha respaldado al menos 37 empresas de inteligencia artificial. Fue uno de los primeros inversionistas en OpenAI, la empresa de inteligencia artificial más prominente, y hace poco dejó su consejo. También ayudó a fundar Inflection AI, una empresa emergente de chatbots de inteligencia artificial que ha recaudado al menos 225 millones de dólares.

Y luego está su objetivo más abstracto de “elevar la humanidad” —ayudar a la gente a mejorar sus circunstancias—, un concepto que transmite de forma cordial y objetiva. Hoffman cree que la inteligencia artificial es crucial para esa misión y señala como ejemplos su potencial para transformar áreas como la atención médica (“darle a todo el mundo un asistente médico”) y la educación (“darle a todo el mundo un tutor”).

Reid Hoffman, un capitalista de riesgo, en las oficinas de Greylock en San Francisco, California, el 10 de mayo de 2023. (Clara Mokri/The New York Times)
Reid Hoffman, un capitalista de riesgo, en las oficinas de Greylock en San Francisco, California, el 10 de mayo de 2023. (Clara Mokri/The New York Times)

“Esa es parte de la responsabilidad en la que debemos pensar aquí”, afirmó.

Hoffman forma parte de un pequeño grupo de ejecutivos tecnológicos interconectados que lideran la carga de la inteligencia artificial, muchos de los cuales también encabezaron el último auge del internet. Es miembro de la “mafia de PayPal”, formada por antiguos ejecutivos de PayPal, entre ellos Elon Musk y Peter Thiel. Los dos últimos respaldaron DeepMind, una empresa de inteligencia artificial que Google compró, y los tres fueron los primeros patrocinadores de OpenAI. Jessica Livingston, fundadora de la incubadora de empresas emergentes Y Combinator, también invirtió en OpenAI; Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, fue presidente de Y Combinator.

Musk ahora ya creó su propia empresa de inteligencia artificial, X.AI. La empresa de capital de riesgo de Thiel, Founders Fund, ha respaldado más de 70 empresas de inteligencia artificial, entre ellas OpenAI, según PitchBook, firma que monitorea las inversiones en las empresas emergentes. Altman ha invertido en varias empresas emergentes de inteligencia artificial, además de dirigir OpenAI, que a su vez ha invertido en siete de estas firmas mediante su fondo para empresas emergentes. Y, en la última tanda de empresas emergentes de Y Combinator, hubo 78 enfocadas en la inteligencia artificial, casi el doble de su último grupo.

Los líderes tecnológicos difieren sobre los riesgos y oportunidades de la inteligencia artificial y han promovido a todo pulmón sus opiniones en el mercado de las ideas.

Hace poco, Musk advirtió sobre los peligros de la inteligencia artificial en el programa de Bill Maher y en una reunión con el senador demócrata Chuck Schumer. Hoffman le explicó el potencial de la tecnología a la vicepresidenta Kamala Harris, a la secretaria de Comercio Gina Raimondo y al secretario de Transporte Pete Buttigieg. La semana pasada, Altman mencionó en una audiencia en el Congreso que “los beneficios de las herramientas que hemos desplegado hasta ahora superan por mucho los riesgos”.

En la opinión de Hoffman, las advertencias sobre el riesgo existencial de la inteligencia artificial para la humanidad exageran en torno a lo que la tecnología puede hacer. Además, cree que otros problemas potenciales a causa de la inteligencia artificial —la pérdida de empleos, la destrucción de la democracia, la alteración de la economía— tienen una solución evidente: más tecnología.

“Las soluciones viven en el futuro, no consagrando el pasado”, opinó.

La campaña de Hoffman a favor de la inteligencia artificial busca fomentar la confianza donde no existe. “No quiere decir que no vaya a haber daños en algunas áreas”, afirmó. “La pregunta es si podríamos aprender e iterar hacia un mucho mejor estado”.

Hoffman ha analizado esta pregunta desde que estudió sistemas simbólicos en la Universidad de Stanford a finales de la década de 1980. Allí imaginó cómo la inteligencia artificial podría facilitar “nuestro momento prometeico”, dijo en un video de YouTube en marzo. “Podemos crear estas cosas nuevas y viajar con ellas”.

Después de trabajar en PayPal y cofundar LinkedIn, la red social profesional, en 2002, Hoffman empezó a invertir en empresas emergentes como Nauto, Nuro y Aurora Innovation, todas ellas enfocadas en usar la tecnología de la inteligencia artificial en el transporte. También se unió a un comité ético de inteligencia artificial en DeepMind.

Mustafa Suleyman, cofundador de DeepMind, afirmó que Hoffman se diferenciaba de otros inversionistas de capital de riesgo en que su principal motivación era hacer el bien en el mundo.

“¿Cómo podemos estar al servicio de la humanidad? Siempre se hacía esa pregunta”, comentó Suleyman.

Cuando Suleyman empezó a trabajar en su última empresa emergente, Inflection AI, encontró tan útiles los consejos estratégicos de Hoffman que le pidió ayuda para fundar la empresa. Greylock invirtió en la firma el año pasado.

Hoffman también estuvo presente en los primeros días de OpenAI. En un restaurante italiano de San José, California, en 2015, se reunió con Musk y Altman para hablar de los inicios de la empresa, cuya misión es garantizar que la inteligencia artificial más potente “beneficie a toda la humanidad”.

Altman mencionó que Hoffman ayudó a OpenAI a “modelar Microsoft y pensar en lo que les importaba, en qué eran buenos, en qué eran malos y fue recíproco de ellos hacia nosotros”.

En 2019, OpenAI y Microsoft cerraron un acuerdo por 1000 millones de dólares que las ha impulsado a una posición de liderazgo en la actualidad. (Para evitar un conflicto de intereses, Hoffman no fue parte de las negociaciones y se abstuvo de votar para aprobar el acuerdo en cada uno de los consejos).

Hace poco más de un año, cuando Hoffman vio los progresos de OpenAI en su modelo lingüístico GPT-3, vivió otro momento prometeico. De inmediato, encendió un interruptor de inteligencia artificial en casi todo lo que trabajaba, incluidas las nuevas inversiones de Greylock y las empresas emergentes actuales, así como su pódcast, su libro y sus conversaciones con funcionarios.

“En esencia, era pensar: ‘Si no es esto, más vale que sea algo completamente crucial para la sociedad’”, comentó.

En noviembre, OpenAI lanzó un chatbot, ChatGPT, que causó sensación. Una de las inversiones de Greylock, Tome, integró la tecnología GPT-3 de OpenAI en su software de “narración” inmediatamente después. El número de usuarios de Tome se disparó a 6 millones desde unos pocos miles de equipos, señaló Keith Peiris, director ejecutivo de Tome.

Hoffman comentó que a su enfoque le dio forma, en parte, su acceso a “flujos de información de muy alta calidad”. Una parte es mediante sus relaciones comerciales con Microsoft, OpenAI y otros. Otra parte es por medio de varias filantropías, como el centro de inteligencia artificial de la Universidad de Stanford.

Y parte es a través de sus conexiones políticas. Ha invertido millones de dólares en campañas demócratas y comités de acción política. Barack Obama es un amigo, reveló.

Por el momento, usa su influencia para describir un progreso impulsado por la inteligencia artificial. La gente con influencia en el sector tecnológico aplaude sus vítores. El resto del mundo es más escéptico. Una encuesta reciente que realizaron Reuters e Ipsos mostró que el 61 por ciento de los estadounidenses cree que la inteligencia artificial podría ser una amenaza para la humanidad.

Hoffman les resta importancia a estos temores y los tacha de exagerados. Espera que los problemas más tangibles a los que se enfrenta la inteligencia artificial, como su tendencia a producir información incorrecta, se solucionen a medida que las empresas tecnológicas actualicen sus sistemas y los utilicen para ayudar.

De cara al futuro, Hoffman mencionó que habrá más inversiones, más pódcast, más conversaciones con funcionarios y más trabajo en Inflection AI. Enfatizó que la forma de sortear los riesgos de la inteligencia artificial es orientar el mundo hacia los aspectos positivos.

“Soy un optimista de la tecnología, no un utópico de la tecnología”, afirmo.

c.2023 The New York Times Company