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La nueva estrategia de las tiendas físicas contra las ventas online

Con el auge de plataformas como Amazon o AliExpress, los comercios físicos han perdido tirón. Y es que comprar por Internet tiene muchas ventajas: permite adquirir artículos con solo un clic, sin moverse de casa ni hacer largas colas, además de poder acceder a artículos que no se encuentren en venta en el propio país. Ante este panorama, solo queda reinventarse para sobrevivir.

Según datos del Ministerio de Industria y Consumo, los que más compran por Internet son los adultos de edades comprendidas entre 35 y los 44 años, debido a su mayor poder adquisitivo. Los millennials y la generación Z también compran por Internet, pero gastan menos dinero. De hecho, una de las razones que motiva la compra online es la existencia de descuentos y códigos promocionales de las tiendas online. Cuando estas generaciones crezcan, es muy probable que mantengan estas costumbres, por lo que la necesidad de actualizar el comercio tradicional se hace, cada día, más evidente.

Los comercios físicos ya se están planteando ideas para atraer a la población más joven, porque su futuro depende de ellas. La clave está en ofrecer un ‘extra’: los establecimientos deben ser capaces de recompensar a los clientes por haberse desplazado hasta allí, deben contar con un elemento diferenciador que las tiendas online no tengan, algo que haga que el tiempo de transporte merezca la pena. Aunque sea un esfuerzo mínimo, si la tienda no convence, los clientes podrían pasarse exclusivamente a las compras por Internet.

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Las tiendas físicas están en pleno proceso de reinventarse para no morir ante el empuje de las ventas online. Foto: Getty Images.

¿Qué buscan los jóvenes?

Las tiendas físicas tienen la ventaja de la atención personalizada. La presencia de una persona que te preste ayuda a la hora de encontrar una prenda de tu talla, o que te asesore para comprar un móvil u otro, es un aspecto muy valorado por los jóvenes. Ante los millones de reseñas y opiniones que se pueden encontrar en las páginas web, la del dependiente puede ser clave, porque trabaja allí y se entiende que ‘sabe del tema’. Además, comprar ropa o calzado por Internet es arriesgado, porque la calidad y tallas pueden ser diferentes a lo esperado, y el proceso de devolución es complicado.

Otro asunto a tener en cuenta es la posibilidad de ofrecer elementos interactivos y una decoración atractiva y original, que llame a los clientes a hacer el famoso ‘postureo’ en redes sociales para presumir ante amigos y conocidos. De hecho, los establecimientos más ‘instagrameables’ suelen ganar adeptos a través de usuarios que hayan publicado fotos o vídeos de la tienda en la red social. Por eso, muchos comercios han dejado de ser simples locales de almacenamiento para transformarse en showrooms, o espacios de experiencia.

Un estudio de este año de McKinsey Global y el Foro Económico Mundial refleja que el comercio online aumentará las emisiones de carbono hasta en un 30% de aquí a diez años, lo que también es un punto a explotar por los pequeños comercios. Las nuevas generaciones poseen una mayor conciencia por el planeta, y podrían estar dispuestos a renunciar a la comodidad de comprar por Internet, siempre y cuando se pueda llegar a la tienda andando o en transporte público.

No obstante, los comercios físicos no pueden prescindir de la parte digital, de hecho, deben usarla en su favor. Los clientes valoran que, de no poder adquirir un producto en la tienda por falta de stock, sea posible encargarlo a través de Internet. Ambas formas de comercio son complementarias, pero las tiendas físicas deben ir un paso por delante, ofreciendo tanto las ventajas de las nuevas tecnologías como servicios exclusivos que hagan que ‘ir de tiendas’ no pase de moda.

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