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Robos, fraude y acciones legales en el mayor mercado de NFT del mundo

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Chris Chapman en el estudio de su residencia en Houston, el 9 de abril de 2022. (Arturo Stanig/The New York Times).
Chris Chapman en el estudio de su residencia en Houston, el 9 de abril de 2022. (Arturo Stanig/The New York Times).

Chris Chapman solía ser propietario de uno de los bienes más valiosos del criptomundo: una imagen digital única de un simio vestido de astronauta con un copete puntiagudo.

Chapman compró el token no fungible (NFT, por su sigla en inglés) el año pasado, cuando una serie muy publicitada de obras digitales coleccionables llamada Bored Ape Yacht Club (club de yates de simios aburridos) se convirtió en un fenómeno. En diciembre, puso a la venta su simio aburrido en OpenSea, el mayor mercado de NFT, a un precio de casi 1 millón de dólares. Dos meses después, un día que se alistaba para llevar a sus hijas al zoológico, OpenSea le envió una notificación para avisarle que la imagen se había vendido por aproximadamente 300.000 dólares.

Un estafador aprovechó una falla del sistema de OpenSea para comprar el simio por una cantidad muy por debajo de su valor, explicó Chapman, quien dirige una constructora en Texas. El mes pasado, OpenSea le ofreció a Chapman alrededor de 30.000 dólares como compensación, según dijo, pero rechazó la oferta porque espera negociar una cantidad mayor.

La empresa ha cometido “muchos errores tontos y torpes”, señaló Chapman, de 35 años de edad. “Realmente no saben qué están haciendo”.

Chapman es solo uno de los muchos criptoentusiastas que han puesto en entredicho las operaciones de OpenSea, sitio parecido a eBay en el que las personas pueden ver un catálogo de millones de NFT, comprar las imágenes y poner a la venta otras de su propiedad. En los últimos 18 meses, OpenSea se ha convertido en el mercado dominante de NFT y una de las empresas emergentes más destacadas en el criptomundo. Con una recaudación superior a los 400 millones de dólares de varios inversionistas y una impresionante valuación de 13.300 millones de dólares, ha contratado ejecutivos de gigantes tecnológicas como Meta y Lyft.

Sin embargo, a medida que OpenSea se ha expandido, ha batallado para mantener a raya los robos y actos fraudulentos. Las recriminaciones por la falla técnica que le costó a Chapman su simio se han prolongado meses, y esta situación ha forzado a la empresa emergente a efectuar pagos por más de 6 millones de dólares a personas que habían puesto a la venta NFT.

Otra queja de los clientes de OpenSea es que tarda mucho en bloquear la venta de NFT hurtados por ciberdelincuentes, quienes pueden vender con gran rapidez los bienes robados y embolsarse las ganancias. Por si fuera poco, también ha proliferado en el sitio el plagio de obras de arte, situación que ha indignado a artistas que antes consideraban a los NFT un salvavidas financiero. Los vendedores afectados han promovido por lo menos cuatro acciones legales en contra de la empresa, además de que este mes se presentaron cargos por el uso de información privilegiada en relación con NFT contra uno de sus antiguos ejecutivos.

Imagen proporcionada por Chris Chapman de su obra de arte NFT de la serie Bored Ape Yacht Club, que había puesto a la venta en OpenSea, el mayor mercado de NFT, a un precio cercano a 1 millón de dólares (cortesía de Chris Chapman para The New York Times).
Imagen proporcionada por Chris Chapman de su obra de arte NFT de la serie Bored Ape Yacht Club, que había puesto a la venta en OpenSea, el mayor mercado de NFT, a un precio cercano a 1 millón de dólares (cortesía de Chris Chapman para The New York Times).

Los múltiples contratiempos de OpenSea coinciden con una baja en la demanda de NFT en pleno desplome del precio de las criptomonedas. Las ventas de NFT han bajado aproximadamente un 90 por ciento desde septiembre, según la empresa de monitoreo de datos de la industria NonFungible. Encima, OpenSea debe lidiar con la competencia de mercados más nuevos creados por empresas establecidas en el criptomundo, como Coinbase.

Los conflictos de OpenSea con los usuarios ilustran algunas de las tensiones centrales de la web3, una visión utópica cuya meta es crear un internet más democrático, controlado por personas comunes y corrientes y no por las gigantes empresas tecnológicas. Al igual que muchas plataformas para criptoactivos, OpenSea es un portal de “autoservicio” que da acceso a un mercado de regulación laxa, por lo que no pide el nombre de la mayoría de sus clientes y anunciantes. Para su desgracia, los usuarios ejercen presión para que la compañía opere de manera más parecida a las empresas tradicionales, que compensan a las víctimas de fraude y toman medidas enérgicas para combatir los robos.

En tres entrevistas, los ejecutivos de OpenSea reconocieron la gravedad de los problemas e indicaron que la empresa está tomando medidas para incrementar la seguridad y generar más confianza. OpenSea, que tiene oficinas centrales en Nueva York, ha contratado a más personal de servicio a clientes para poder responder a todas las quejas en un plazo de 24 horas. La empresa congela las ofertas de NFT robados y tiene un nuevo proceso de verificación de antecedentes para evitar que circule en la plataforma contenido plagiado.

“Como toda empresa tecnológica, hay un periodo de ajuste”, explicó Devin Finzer, director ejecutivo de OpenSea, de 31 años. “Intentamos hacer todo lo posible para complacer a los nuevos usuarios que llegan al espacio”.

OpenSea fue fundada hace cuatro años y medio por Finzer, egresado de la Universidad de Brown que le vendió a la empresa de tecnología financiera Credit Karma su empresa emergente anterior, una aplicación para finanzas personales, y Alex Atallah, quien trabajaba como ingeniero en la empresa de software Palantir. Ahora se cuentan entre los multimillonarios más ricos del mundo gracias a las criptomonedas, según la revista Forbes.

Su modelo de negocios es muy sencillo. OpenSea cobra una comisión del 2,5 por ciento cada vez que un NFT se vende en su plataforma. El año pasado, el negocio explotó cuando los NFT se convirtieron en una sensación cultural y el valor del bitcóin y otras criptomonedas se fue a los cielos.

Como OpenSea cobra una comisión por cada venta de NFT, algunos usuarios consideran que la empresa tiene un incentivo financiero para no impedir la venta de bienes robados. Este año, Robert Armijo, inversionista de Nevada, interpuso juicio en contra de OpenSea porque esta no impidió que un ciberdelincuente que se había apoderado de varios de sus NFT vendiera uno de ellos en la plataforma (los abogados de OpenSea dijeron que el procedimiento no tiene “ninguna posibilidad de éxito” y señalaron que la empresa tomó medidas de inmediato para evitar que los demás NFT robados se vendieran).

En febrero, Eli Shapira, antiguo ejecutivo del sector tecnológico, dio clic en un vínculo que, según explicó, le dio acceso a un ciberdelincuente a la cartera digital en que guarda sus NFT. El ladrón vendió dos de los NFT más valiosos de Shapira en OpenSea por una cantidad total superior a los 100.000 dólares.

Solo unas horas después del hecho, Shapira se puso en contacto con OpenSea para reportar el robo. Pero, según dijo, la empresa no hizo nada. Desde entonces, ha utilizado datos públicos para rastrear la cuenta que obtuvo sus NFT y ha visto al delincuente vender otras imágenes, que tal vez también sean el producto de un robo, en OpenSea.

“Es muy fácil para estos ciberdelincuentes abrir una cuenta ahí, y de inmediato intercambiar o vender cualquier cosa que hayan robado”, dijo Shapira. “Todos estos servicios tienen que mejorar la seguridad”.

El mes pasado, después de que The New York Times cuestionó a OpenSea sobre el caso, la empresa le respondió a Shapira y congeló los NFT robados para evitar su venta en el futuro.

Anne Fauvre-Willis, encargada de las operaciones de apoyo a clientes en OpenSea, informó que la empresa ha estado trabajando para mejorar sus tiempos de respuesta a los reportes de robos de los usuarios.

“Es importante ser más rápidos”, dijo. “Es un área en la que hoy en día estamos invirtiendo, y seguiremos invirtiendo todo lo posible en el futuro”.

© 2022 The New York Times Company

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