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Saberes ancestrales: tejidos en telar que nacen en un pueblo salteño y llegan a Uruguay

·3  min de lectura
Desde hace 26 años la marca trabaja con comunidades de la puna.
Desde hace 26 años la marca trabaja con comunidades de la puna.

La marca Manto nació hace 26 años cuando su fundadora, Clara de la Torre, hizo un viaje a la puna salteña y se “enamoró” de los tejidos en telar que producían sus habitantes. Con comunidades de San Isidro (Salta, a 2900 metros del nivel del mar) y de la puna jujeña siguen trabajando y con sus telas fabrican unas 400 piezas al año, de las que una parte van a Uruguay.

“Manto es diseño y artesanía contemporánea. Es la relación del pueblo y la ciudad. Es poner en valor el saber hacer. Es la elegancia recuperada en su esencia. Es la dignidad y el respeto de un legado cultural. Es el compromiso con la herencia histórica”, dice el “manifiesto” de la empresa que cuenta con tres socias; además de De la Torre están Verónica Olavide y Diana Dal Chee Chaung.

En diálogo con LA NACION, De la Torre cuenta que su atracción hacia la naturaleza y la diversidad cultural fueron las bases del proyecto que se transformó en empresa y que, hasta el día de hoy, sigue teniendo como filosofía el cooperar con las comunidades del noroeste argentino y, a la vez, interconectarlas entre sí para el intercambio de saberes.

Hacen unas 400 prendas al año; no hacen stock.
Hacen unas 400 prendas al año; no hacen stock.


Hacen unas 400 prendas al año; no hacen stock.

Define a la marca como una suerte de “pretexto” para que los integrantes de esas comunidades puedan mostrar al resto sus trabajos y la calidad que tienen: “Las piezas son para ser usadas, para que los resultados del telar se vean y se vistan en la ciudad”.

Olavide ratifica que lograron una “prenda urbana” de la que los usuarios se “apropian; abriga en las ciudades”. El tejido en telar y la agricultura constituyen la economía de las que viven las familias de las comunidades. “Poder trabajar y generar ingresos con sus saberes ancestrales les permite seguir en sus tierras, habitarlas y no emigrar”, apunta.

Por ejemplo, en ese “acompañamiento” las comunidades lograron comprar más telares, incorporar la tecnología base que requieren para su oficio. La empresa está a punto de certificar “comercio justo”. Ese sello implica que las dos partes cumplieron parámetros como la creación de oportunidades para productores; transparencia; relaciones comerciales justas; pago de un precio justo; no al trabajo infantil; promoción de la equidad; condiciones de trabajo y prácticas saludables; desarrollo de capacidades y respeto del ambiente.

En algunas familias, el proceso de producción incluye desde la cría de la oveja, el hilado, el teñido naturales y el tejido de las telas. Otras compran el hilo, lo tiñen y lo tejen. De la Torre explica que en los últimos tiempos se abocaron al cuidado y formación de hilanderos, ya que no son muchos los que hay. La definición de los colores y la trama se hace, muchas veces, en conjunto.

“Siempre tuvimos relación con el mercado internacional pero no podríamos decir que nuestro ADN es exportador -sostiene Olavide-. Son prendas valoradas en el exterior; hemos participado en ferias internacionales; hemos ido a embajadas. Nos compran tiendas y en Uruguay estuvimos tres años con marca propia”.

Define como muy “ventajosa” la herramienta Exporta Simple que facilita las operaciones hacia afuera: “El mercado internacional siempre valoró estos productos que tienen entre sus valores la conciencia del cuidado del medio ambiente, el respeto por las comunidades autóctonas”.

Hay familias que hilan, tiñan y tejen.
Hay familias que hilan, tiñan y tejen.


Hay familias que hilan, tiñan y tejen.

Los tiempos de fabricación son un punto que mantienen porque el proceso es lento. Las telas se piden y, cuando llegan a Buenos Aires, los productos se diseñan en función de las características de los tejidos. Un artesano corta, otro cose; los botones son realizados por un orfebre. Todo el modelo de la empresa es acompañado por artesanos.

Las socias admiten que podrían producir más piezas de las que hacen, pero no hacen stock. “No hacemos para stockear ni para desechar; hacemos lo que se puede siguiendo el mismo equilibrio que proponemos”, sintetizan.

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