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El salario mínimo es la nueva caridad: lava conciencias - opinión

María Blanco
Contributor

¿Eres un izquierdista de toda la vida? ¿Quieres mostrar tu genuina preocupación por la clase trabajadora? ¡Propón una subida del salario mínimo y proclámalo a los cuatro vientos! De esta manera, nadie dudará de tu “compasión” (así, entre comillas) hacia los trabajadores más vulnerables. Tal vez, algún economista despiadado saque el libro de Introducción a la Teoría Económica de primer curso y te explique que, en buena lógica, las cosas funcionan de otro modo.

Porque lo cierto es que la fijación de un precio mínimo por encima del precio de mercado genera un aumento del desempleo. Claro que el gobierno podría combinar el aumento del salario mínimo con políticas que compensaran los efectos perversos de la subida. El problema de base es que los empresarios (demandantes de trabajo) no estarán dispuestos a contratar el número de horas de trabajo actual a ese precio. No es que sean unos desalmados. Es que no encaja con sus planes dada su estructura de costes. ¿Y si los gestores de la política económica tratan de compensar ese desfase de alguna manera? Tal vez a los empresarios les merecería la pena mantener el número de trabajadores contratados. Y en este punto hay que considerar algunas cuestiones.

El Gobierno de Pedro Sánchez aprobó el pasado mes de diciembre una subida del salario mínimo del 22%, hasta los 900 euros. Foto: Getty Images.

En primer lugar, es improbable que se produzca esa compensación. No hay más que leer las declaraciones de los políticos socialistas, de diferente calibre y origen, que aplauden la subida del salario mínimo. Para ellos, el empresario es despreciable por el mero hecho de buscar el lucro, y nunca paga lo suficiente. Irene Montero, de Podemos, maneja unas estadísticas que se han demostrado como poco rigurosas si de lo que se trata es de medir la presión fiscal que soportan las empresas españolas. ¿Cómo se les va a ofrecer compensación por hacerse cargo del coste del salario mínimo? De ninguna manera.

Por otro lado, se podría considerar que la idea del gobierno refleja las mejores intenciones hacia mujeres y trabajadores en situación de precariedad laboral, y que, además, responde a una necesidad “europea”. Ya se sabe que hay que igualar el listón, también en cuanto al salario mínimo se refiere y la media europea es de 1.126 euros al mes. Pero ¿cómo son los mercados laborales de los países europeos donde el salario mínimo es mayor que en España? ¿cuál es la cifra de desempleo? ¿cuál es el nivel de desempleo estructural?

La triste realidad española es que nuestro desempleo en la mejor de las situaciones oscila en torno al 10%, nuestro mercado de trabajo es muy rígido y no ofrece muchos incentivos para que los empresarios contraten, es decir, para que los desempleados encuentren un puesto de trabajo. La degeneración de este problema, más por injerencias de la política en la lógica económica que por otra cosa, lleva a que cada vez más, la asignación de recursos sea muy ineficiente. Eso quiere decir que los puestos que se ofrecen y los que se demandan no encajan en cuanto a formación y especialización. Los universitarios formados se van.

La rigidez y el alto paro estructural son dos de los principales problemas del mercado laboral español. Foto: Getty Images.

Otra reflexión que hay que hacer es quiénes van a ser los perjudicados de esta situación. Se trata, ni más ni menos, de aquellos trabajadores que estarían dispuestos a seguir cobrando el actual salario y saben que van a ser despedidos o que no se les va a renovar el contrato al finalizar éste. Ni mas ni menos que los trabajadores más desprotegidos: esos cuya situación se pretendía mejorar. La vieja ley de las consecuencias no deseadas que todo economista debe tener en cuenta.

Pero la ley del gobierno tiene problemas añadidos. Ha profundizado la grieta que siempre ha existido entre los datos del Banco de España y los del Gobierno de la nación, tal vez, excepción hecha del período en el que Miguel Ángel Fernández Ordóñez lo dirigió, coincidiendo con la crisis del 2009 y la pertinaz negación de ésta por el gobierno de Rodríguez Zapatero.

En unos momentos en los que las luces rojas ante una posible recesión global se encienden, en los que la probabilidad de que Estados Unidos entre en recesión aumenta y, en general, se da por hecho que va a haber un frenazo de la economía mundial, la subida del salario mínimo significa cebar la rigidez del mercado y empeorar la posibilidad de que los trabajadores más precarios tengan una tabla de salvación en el futuro. Y eso no es cualquier cosa. El blanqueo de las conciencias “sociales” de nuestros políticos no vale tanto.

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