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Soy una sobreviviente de violencia de pareja. El asesinato de Petito es una llamada de atención para todos

·4  min de lectura

El asesinato de Gabby Petito tiene a todo el mundo cautivado. Casi cualquier persona en cualquier medio de comunicación social sabe que la joven viajaba con su novio, Brian Laundrie, antes de que éste volviera a casa sin ella y desapareciera poco después. La gente consume con avidez cualquier medio de comunicación sobre o acerca del caso, comentando como si estuvieran observando una fantasía de asesinato misterioso o un podcast de crimen verdadero en tiempo real.

Mientras la atención nacional se centra en este caso, tenemos que hablar de la muerte por estrangulamiento de Gabby Petito -aún no se conoce el autor- como representante de un problema mundial mucho más amplio: la violencia sexual, física y emocional hacia las mujeres, que a menudo culmina en feminicidio.

Las mujeres son amenazadas con la muerte y la violencia por el simple hecho de existir, salir, negarse o estar cerca de los hombres. Aunque muchos pueden considerar el feminicidio como un “problema del tercer mundo” debido a la atención que se le presta en América Latina en particular, las mujeres no están libres de esta epidemia en ninguna nación. Basta con preguntar a quienes conocieron a Sarah Everard, Miya Marcano y Sabina Nessa.

Según los Centros de Control de Enfermedades, una de cada cuatro mujeres sufre violencia física, sexual o emocional por parte de su pareja a lo largo de su vida, y eso es sólo lo que se denuncia. El 35% de esas mujeres quedan con lesiones, y la mitad de las mujeres víctimas de homicidio son asesinadas por sus parejas actuales o anteriores. Al igual que una de cada seis mujeres que denuncian una violación o una agresión sexual, no todo por los hombres, pero es más frecuente de lo que se piensa.

Lo más probable es que al menos una mujer que conozcas, ya sea tu madre, tu hermana, tu prima o una amiga, se haya enfrentado a la violencia a manos de un hombre. Si te encuentras en una habitación con cuatro o más miembros femeninos de la familia, la probabilidad de que una de ellas sea una superviviente de abusos, violaciones o agresiones es casi del 100%. Alguien que conoces, alguien a quien quieres, se ha enfrentado a esto.

Yo soy una de esas mujeres. Experimenté violencia sexual, física y emocional en una de mis relaciones universitarias, y aun así, luché por dejarlo. Vi cómo “amigos” apoyaban a mi violador y siguen haciéndolo, preguntándome por qué me quedaba si era verdad.

Vivimos en una sociedad que acusa a las mujeres de ser cómplices de sus propios abusos. Nos preguntan por qué no nos marchamos antes, por qué ocultamos los moratones y por qué no denunciamos, en lugar de centrar la atención y la responsabilidad en los hombres que realizaron estas acciones. Las personas que no han sufrido la violencia de pareja no se dan cuenta de que es un patrón de comportamiento, un ciclo de abuso.

Siempre empieza de la misma manera: las tensiones aumentan hasta llegar a la violencia, el maltratador se disculpa y se esfuerza por rectificar y reconciliarse, y entonces se vuelve a la fase de luna de miel en la que todo va bien. Se esfuerzan por darte luz y convencerte de que el comportamiento violento es aislado, que de alguna manera lo has causado tú y que no volverá a ocurrir. Y tú les crees, porque sientes que tú eres la razón de la violencia. El hecho es que estas relaciones causan un daño duradero a tu autopercepción y a tu percepción de la verdad. La violencia de pareja termina de dos maneras para las mujeres: con la muerte o con la huida, y las que tienen la suerte de escapar se encuentran con otro mundo de traumas.

Leer más: Elizabeth Smart, sobreviviente de secuestro, habla sobre el caso de Gabby Petito: “es desgarrador”

En este momento, aún no sabemos si Gabby Petito fue víctima de abusos, y no pretendo asignarle esa etiqueta en la muerte. Lo que sí sabemos es que si te preocupa el caso Petito y los índices de violencia contra las mujeres, lo mejor que puedes hacer es responsabilizarte a ti mismo y a tus compañeros. Es decir, puedes trabajar para garantizar una sociedad más segura para las mujeres que quieres.

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