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Los subsidios al transporte crecieron 76% en un año y llegan US$8 millones diarios

·4  min de lectura

En esta Argentina de los servicios públicos con los precios destrozados y con los costos desatados es difícil saber si es poco o mucho. Pero más allá de esa discusión, lo real es que el Estado destinó US$8 millones para subsidiar el transporte por día durante el primer semestre. Sin embargo, pese a los millones, salvo los ferroviarios que están callados gracias a las bondades de los cheques oficiales, los colectiveros y los aeronáuticos están en pie de guerra. Nadie está conforme pese a que si se compara el primer semestre de 2021 con este de 2022, el aumento fue de 76%, según datos de la Asociación de Presupuesto (ASAP).

La cifra por sí sola puede indicar poco, por eso es necesario ponerla en contexto. Las compensaciones a las empresas públicas y privadas que componen el mundo del transporte sumaron $181.016 millones. Ese compilado de números que conforma una millonada cuando se le agregan seis ceros es superior a lo que se gastó en Salud ($140.367,5 millones), al ejecutado en el Ministerio de Obras Públicas ($171.671,4 millones) y 88% más que todo lo que se destinó al Poder Judicial de la Nación ($96.163,3 millones). Una comparación más: es 525% más que lo que devengó en estos seis primeros meses del año el Ministerio de Desarrollo Productivo. Los números presupuestarios son el mejor método para mira las prioridades.

Dentro de esa cifra se esconde la decisión de política pública, que está vigente desde 2008, cuando se estatizó Aerolíneas Argentinas, de poner dinero del Tesoro para casi todos los sistemas de transporte que circulan por el país. La excepción, por ahora, son los colectivos de larga distancia que ni tienen ayuda estatal y las dos líneas aéreas privadas que compiten con la estatal. Los demás -trenes, colectivos urbanos e interurbanos, y la empresa que maneja La Cámpora y los gremios del sector- reciben importantes subsidios.

Analizar el monto sirve para empezar a entender las quejas y los intereses de muchos de los actores del sector. Pablo Biró, el poderoso líder del sindicato de pilotos (APLA), se quejó el otro día del ajuste que el ministro de Economía, Sergio Massa, le pidió a la cúpula política de Aerolíneas Argentinas. A oídos del jefe de hecho de la empresa, el senador Mariano Recalde, llegó la solicitud: ahorro de 30% en dólares en el segundo semestre. El camporista se lo traslado a su delegado en la empresa, el gerente General, Pablo Ceriani, y este a Biró. “Si quiere ajustar, que la ajuste a Moria”, dijo poco después de que termine sin acuerdo una negociación con la empresa.

Biró debe haber mirado los números presupuestarios del sector y de ahí su bronca con Massa. El exintendente de Tigre maneja se quedó, en aquel reparto del Gabinete de fines de 2019, con el Ministerio de Transporte, con la excepción de la política aerocomercial que es el juego de poder y negocios de La Cámpora. Los subsidios a los ferroviarios subieron entre el primer semestre del año pasado y este un 40%, ya que pasaron de $39.747 a $71.687 millones. A los colectiveros tampoco les fue mal: los subsidios crecieron 77% en el mismo período.

Con esos números en su planilla de cálculos, Biró no puede dejar de pensar en Massa y su familia política encabezada por su suegro, Fernando Galmarini, y Moria Casán. Sucede que en ese mismo tiempo, Aerolíneas aumentó los subsidios en 40%. Estar debajo del ala de Massa fue el doble de productivo que quedarse con el liderazgo de La Cámpora. Por eso el sindicalista, ahora, les pega bofetadas discursivas a unos y a otros. Se equivocaron de padrinos los aeronáuticos.

Pero todo podría ser peor después de este julio de récord de inflación. Si se mira cómo se movió la ejecución presupuestaria que publica diariamente el Ministerio de Economía, el impulso de los subsidios parece haberse acelerado. Por caso, las partidas devengadas que van a los colectiveros $ 28.745,50 pasaron de aquellos $ 72.526 a $94.322 millones ($21.796 millones de crecimiento).

Pero pese a esta suba, los colectiveros tampoco están conformes. Sucede que, según dicen los empresarios del sector, que esté devengado no quiere decir que estén pagos. Cuentan que son varios los meses que no se ha pagado y de ahí la decisión de un plan de lucha que consiste en quietar servicios y frecuencias.

Es verdad que una de las decisiones de las últimas semanas es la suba de los colectivos y los trenes. Pero con paritarias de alrededor de 80%, la recomposición de la tarifa es poso menos que nada. Sólo para ejemplificar. En 2015, el boleto de trenes era el 3% de lo recaudado; el 97% correspondía a subsidios. Cuando Cambiemos dejó el poder ese porcentaje estaba en una relación de 92 subsidios y 8 de pasajes. Ahora, los aportes del Tesoro ya llegan a 98%.

La dependencia del dinero del Estado ha configurado la red actual de transporte. En el primer semestre, por día, Aerolíneas recibió US$1,3 millones, los ferrocarriles US$3,3 millones y los colectivos, que jamás tuvieron subsidios hasta 2002, US$3,4 millones. Lejos, muy lejos, quedó aquella discusión en la que se tensaba la cuerda privatista cuando el tren perdía un millón de pesos diarios.