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Todas las vergüenzas sociales que el apagón de Facebook ha sacado a relucir

El apagón de Facebook e Instagram fue el más largo de los últimos 15 años.

El “soy yo o Facebook se cayó” fue una de las frases más repetidas de este miércoles, día en que la red social de Mark Zuckerberg e Instagram sufrieron un apagón que hizo saltar las alarmas. Los más dependientes no lo podían creer y las mentes más ácidas tuvieron la excusa perfecta para difundir sus memes. Se trató del parón más largo que ambas plataformas experimentaron en 15 años y Twitter se convirtió en el punto de encuentro donde afectados, responsables y bromistas se dieron cita.

No es casualidad que el hashtag, #FacebookDown fuera trending topic durante buena parte de la jornada en Estados Unidos porque para muchos es como si le hubieran arrancado una parte de ellos mismos. Se le dio bombo, y mucho. Ya sea por los mensajes de incredulidad o por las reacciones de mofa de otros usuarios, lo cierto es que la dependencia generalizada en las redes sociales retrata a nuestra sociedad de una manera fulminante.

Nos gusta exponernos y juzgar a los que lo hacen. Mostramos nuestros momentos más felices y nos vanagloriamos en público. Nos rendimos ante gente que abre sus corazones con mensajes salidos del alma. Buscamos información, seguimos a las cuentas que nos interesan, nos nutrimos de la creatividad de otros, nos reímos de sus bromas y de sus miserias. Nos apiadamos. Condenamos o ensalzamos publicaciones con la cultura del pulgar hacia arriba o el corazón. Y cuando nos queremos dar cuenta, hemos pasado entre dos horas y media y cinco horas diarias pegados a la pantalla de un celular. Así lo recoge PEW Research, cuyas estadísticas indican que la dependencia en los smartphones es excesiva.

Según los expertos hay gran parte de la sociedad adicta a las redes sociales.

Por eso cuando se cae Facebook e Instagram se cae el mundo. Simplemente porque según Hootsuite, la primera red social cuenta con aproximadamente 2,271 millones de usuarios en todo el planeta y la segunda con unos 1,000 millones. Para gente, sentimientos, y ante tal cantidad de cuentas hay absolutamente de todo. Es un hecho que antes incluso de haber llegado a la era de la realidad virtual, hay mucha gente que pasa más tiempo online que leyendo o conversando cara a cara. Cambian las prioridades, los comportamientos, las necesidades y los problemas.

La aceptación social se mide a base de ‘likes’ y de ello dependen los estados de ánimo.

“Las razones por las cuales un usuario muestra una vida feliz, cuando a veces no la tiene, responde a muchas motivaciones. Entre ellas podemos destacar la necesidad de aprobación, algo esencial en los seres humanos, ya que es casi natural querer que nos acepten. También nos encontramos con la necesidad de pertenencia, porque deseamos que nos incluyan dentro de un determinado circuito social o profesional “, afirmó la psicóloga, Adriana Guraieb, a Infobae.

Hay quien retrata una vida feliz para ser aceptados.

A fin de cuentas, una de las mayores preocupaciones es el aumento de comportamientos narcisistas en los que las comparaciones se convierten en el día a día. Los efectos en este sentido, según los expertos, pueden ser devastadores, ya que se crean inseguridades en personas débiles que con tal de ser aceptadas, son capaces de adoptar patrones que no siempre son los adecuados. Las fake news y la manipulación, la exposición de nuestra privacidad a compañías que poseen nuestros datos… son tantas las amenazas, que los puntos positivos caen en el olvido. Las redes sociales han hecho bien a aquellas personas que tienen dificultad para comunicarse y para desarrollar una identidad propia, movimientos ciudadanos han corrido como la pólvora, concienciación y sentimientos positivos entre los jóvenes.

En lo bueno y en lo malo, nos guste más o menos, le demos mayor o menor importancia, tiempo o exposición, las redes sociales forman parte de nuestro día a día. Son tantos los sentimientos que generan, que la adicción a ellas es total. Por eso, cuando un día como el de este miércoles Facebook e Instagram dejan de funcionar, aparece la parálisis, el vacío. Es entonces cuando en el tren nos da por levantar la cabeza y mirar a los demás, cuando decidimos no hacernos ese selfie para subir nuestra moral o entendemos que un almuerzo en buena compañía es mejor que cuatro likes y dos zooms a fotos. Que nunca se nos olvide porque en el momento en el que eso suceda habremos sumado otro fracaso como sociedad. La de carne y hueso. 

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