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Texas ahora quiere arrestar a los 50.000 migrantes que envió en autobús

Migrantes se apresuran a subir a un lugar en la orilla norte del río Bravo antes de que miembros de la Guardia Nacional de Estados Unidos puedan instalar alambre de concertina para bloquear su acceso desde Matamoros, México, a Brownsville, Texas, el 10 de mayo de 2023. (Meridith Kohut/The New York Times)
Migrantes se apresuran a subir a un lugar en la orilla norte del río Bravo antes de que miembros de la Guardia Nacional de Estados Unidos puedan instalar alambre de concertina para bloquear su acceso desde Matamoros, México, a Brownsville, Texas, el 10 de mayo de 2023. (Meridith Kohut/The New York Times)

HOUSTON — Año y medio después de que el gobernador de Texas, Greg Abbott, comenzó a enviar en autobuses a los migrantes recién llegados a su estado rumbo a grandes ciudades demócratas cuyos líderes habían prometido proporcionar santuario; ahora, Texas ha mandado más de 50.000 migrantes a destinos de todo Estados Unidos, lo que ha contribuido a causar una crisis de refugio en diversas ciudades que ha reconfigurado el debate sobre la migración.

Cuando Abbott anunció que el primer autobús había sido enviado a Washington en abril, muchos recibieron la decisión simplemente como una manera de ganar puntos políticos al atraer la atención a lo que el gobernador calificó como la inacción del presidente Joe Biden en la frontera. El gobernador de Florida, Ron DeSantis, decidió hacer algo similar y alquiló un avión que trasladó a 48 migrantes de Texas a Martha’s Vineyard en Massachusetts.

No obstante, desde ese momento, el programa ha crecido hasta convertirse en un sistema organizado de transporte de migrantes, el cual colabora a aliviar la sobrecarga de nuevas llegadas en ciudades fronterizas pequeñas al mandarlos de manera sistemática a una lista de destinos cada vez más amplia, que incluye a Chicago y Denver, con un costo de alrededor de 75 millones de dólares y en aumento.

Basado en las labores de ayuda ante desastres como huracanes e inundaciones en Texas, pero empapado de un deseo político de “llevar la frontera” a los bastiones demócratas, el programa de autobuses ha funcionado incluso mejor de lo que Abbott y sus asesores anticiparon, al alterar la conversación sobre la migración en las principales ciudades estadounidenses. También ha causado que algunos demócratas, incluyendo al alcalde de Nueva York, Eric Adams, exhorten a la acción del gobierno federal y a tomar decisiones incómodas sobre cuán generosamente trata a aquellos que llegan ante sus puertas.

George Arzt, un consultor político demócrata en Nueva York desde hace mucho tiempo, opinó: “Ha tenido un efecto real en el alcalde y las políticas aquí. Las personas en el Partido Demócrata quieren ayudar a los migrantes sin hacer enojar a los residentes permanentes de este lugar”.

Las tensiones se han encendido en Chicago, donde el alcalde Brandon Johnson anunció este mes que viajaría a la frontera para evaluar la situación, pero, después, canceló el viaje, al señalar que se quedaría y abordaría el desafío desde casa. En su lugar, acudió una delegación de la ciudad.

Migrantes esperan ser procesados por agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos mientras una tormenta de polvo cae sobre el área justo antes de que expire el Título 42 en El Paso, Texas, el 11 de mayo de 2023. (Ivan Pierre Aguirre/The New York Times)
Migrantes esperan ser procesados por agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos mientras una tormenta de polvo cae sobre el área justo antes de que expire el Título 42 en El Paso, Texas, el 11 de mayo de 2023. (Ivan Pierre Aguirre/The New York Times)

En Denver, los funcionarios respondieron con una estrategia parecida a la de Abbott: pagar boletos para enviar a miles de migrantes en autobús a otras ciudades.

Muzaffar Chishti, un socio sénior en el Instituto de Política Migratoria, un centro de investigación apartidista, comentó: “La crisis migratoria no habría captado la atención en los estados y ciudades demócratas de no haber sido por la campaña dirigida de autobuses del gobernador de Texas. Pienso que por eso los historiadores de inmigración siempre describirán esto como el capítulo de los envíos en autobús en la historia de inmigración estadounidense”.

Aun así, los asesores de más alto rango de Abbott reconocieron que el programa de Texas no ha tenido éxito en lo que tal vez es la meta más grande del mandatario estatal: obligar al gobierno federal a adoptar controles fronterizos más estrictos, favorecidos por los republicanos.

Los agentes fronterizos federales encontraron a cerca de 1,1 millones de migrantes a lo largo de la frontera de Texas en los 11 meses antes de fines de agosto. Cerca del 40 por ciento de aquellos descubiertos a lo largo de la frontera sur estadounidense fueron liberados dentro del país.

Ahora, Abbott busca emprender una iniciativa todavía más audaz: modificar las leyes de Texas para convertir el cruce fronterizo desde México sin autorización en un delito estatal, lo que permitiría a la policía de Texas arrestar a las personas que atraviesen el río Bravo, incluyendo a los solicitantes de asilo.

El Senado estatal aprobó un proyecto de ley que hará precisamente eso durante una sesión legislativa especial realizada este mes, aunque todavía tiene que pasar el mismo proceso por la Cámara de Representantes de Texas. Los abogados de inmigración indicaron que la legislación equivalía a una violación del rol preventivo del gobierno federal para fijar política migratoria.

Algunos críticos consideran la decisión como un intento deliberado de crear un caso judicial que podría permitir a la más conservadora Corte Suprema ampliar el poder estatal sobre la inmigración. Jennefer Canales-Pelaez, una abogada y estratega de políticas de Texas en el Centro de Recursos Legales para el Inmigrante (ILRC, por su sigla en inglés), llamó a la propuesta “un intento obvio de desafiar el caso Arizona contra Estados Unidos”, en referencia al fallo de 2012 de la Corte Suprema de hacer valer el papel que desempeña el gobierno federal en la inmigración.

Los asesores principales de Abbott manifestaron que la intención no era cambiar ese precedente, pero agregaron que el gobierno estaría preparado para defender una ley así en la corte como parte de su desafío a la política migratoria federal.

Gardner Pate, el jefe de personal del gobernador, declaró: “Sentimos que somos los únicos que expresamos nuestro rechazo. Estamos utilizando todas los recursos que podemos y tratamos de pensar en nuevos cada día”.

Los asesores de Abbott señalaron que el gobernador inició el programa de envío en autobuses después de enterarse a través de funcionarios locales de que no podían continuar con el ritmo de la gran cantidad de llegadas de migrantes. Además, Abbott deseaba marcar un punto político a los demócratas que afirmaron que recibirían con agrado a los migrantes.

Pate precisó: “Esto se trata de enviar inmigrantes a aquellas ciudades que han dicho públicamente que damos la bienvenida con los brazos abiertos a estas personas”.

El programa es administrado por el Departamento de Manejo de Emergencias de Texas, el cual tiene amplia experiencia en mandar a personas en autobuses fuera de áreas de desastres naturales. Alrededor de 40 inmigrantes son transportados en cada autobús, el cual parte cuando los funcionarios encuentran suficientes personas interesadas en viajar a un destino elegido por el estado. Cada autobús es un servicio comercial abastecido de agua y raciones que se proporcionan en caso de desastres.

Chishti, del Instituto de Política Migratoria, asegura que se ha corrido la voz entre los migrantes recién llegados de la existencia del programa, lo que contribuye a remodelar las rutas migratorias. Chishti aseveró: “Sabemos que las redes sociales hablan mucho de esto después de que comenzaron los autobuses a la ciudad de Nueva York”.

Denver comenzó a ver llegar autobuses enviados por Texas en mayo.

En una entrevista este mes, el alcalde de Denver, Mike Johnston, demócrata, relató: “Tan solo anoche, recibimos nueve autobuses”. En referencia a Abbott, agregó: “Una abrumadora mayoría de esos autobuses los envía directamente el gobernador. Antes, era más orgánico; ahora, casi todo es deliberado”.

Isaac Cuevas, director de inmigración de la Arquidiócesis de Los Ángeles, que forma parte de una coalición de grupos creados para dar la bienvenida a los inmigrantes, mencionó que los autobuses contratados por Texas también han comenzado a llegar con mayor frecuencia a Los Ángeles. Añadió: “Ayer, hubo un autobús que llegó sin previo aviso, simplemente sin anunciarlo”.

Esta semana, la delegación de funcionarios de Chicago viajó a varias ciudades fronterizas de Texas para conocer la situación de voz de los lugareños y pedir que se avise con mayor antelación sobre los autobuses que salen. También dieron un mensaje sobre el duro invierno en el Medio Oeste.

Cristina Pacione-Zayas, primera subjefa de personal del alcalde de Chicago, expresó: “Enviar gente a Chicago en invierno no es humanitario”.

Además de los autobuses provenientes de Texas, indicó que la ciudad ha recibido casi 3000 migrantes en vuelos desde San Antonio, pagados en parte con recursos federales. Exhortó al gobierno de Biden a hacer más para que Chicago pueda atender a los migrantes cuando lleguen.

Respecto al programa de Abbott, Pacione-Zayas concluyó que la política detrás de él era clara: de los 430 autobuses que el gobernador de Texas ha enviado hasta ahora, 320 llegaron a Chicago desde abril, cuando se anunció que la urbe sería la ciudad anfitriona de la Convención Nacional Demócrata del próximo año.

c.2023 The New York Times Company