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Trabajar desde la cama, la tendencia extrema del trabajo remoto

Taylor Lorenz
·7  min de lectura

Por años, los expertos en el sueño han sostenido un consejo por encima de cualquier otra cosa: los dispositivos electrónicos deben quedarse fuera de la habitación.

Sin embargo, desde que comenzó la pandemia en marzo, millones de estadounidenses han desafiado esa directriz y han comenzado a trabajar precisamente en el sitio donde duermen. Redactan documentos legales, producen eventos, realizan llamadas a clientes, programan, envían correos electrónicos, estudian y escriben, todo bajo las sábanas.

Ese no era el plan. Al principio, muchos de ellos invirtieron en escritorios y otros equipos con la intención de que sus hogares fueran los más ergonómicos y parecidos a una oficina que fuera posible.

Cuando la ciudad de Nueva York entró en cuarentena en marzo, Vanessa Anderson, de 24 años, se instaló un pequeño escritorio en su sala. Estaba trabajando para una agencia que maneja chefs privados y quería mantener cierta apariencia de separación entre el trabajo y el sueño. “Por un tiempo estuve realmente comprometida con no trabajar desde mi habitación para nada”, comentó.

En mayo, Anderson trasladó su escritorio a su habitación para tener más luz. “Mi cama estaba ahí, tentándome”, dijo. Estableció reglas: solo se acostaría en la cama después de las 2 p. m. Sin embargo, esa hora de inicio empezó a adelantarse cada vez más. Ya en julio, su cama se había convertido en su oficina de tiempo completo.

Desde entonces, Anderson ha cambiado de empleo —ahora trabaja en el sector de comercio electrónico para una tienda de especias— y solo trabaja de forma remota parte de la semana, pero todavía desde su cama. Hablando con otras personas, ha descubierto lo común que es esa práctica. “He estado en llamadas en las que ambos participantes hemos estado en cama”, mencionó. “Al final de la llamada, algunos han preguntado: ‘¿Cómo te va con la pandemia? Oh, ¿estás en la cama en este momento? ¡Yo también!’”.

Trabajar desde la cama es una tradición que han consagrado a lo largo del tiempo algunas de las figuras más talentosas de la historia. Frida Kahlo pintó obras maestras desde su cama con dosel. Winston Churchill, de quien era bien sabido que solía levantarse tarde incluso durante la Segunda Guerra Mundial, dictaba a sus mecanógrafas mientras desayunaba en la cama. Edith Wharton, William Wordsworth y Marcel Proust redactaron prosa y versos en la cama. “Soy un autor completamente horizontal”, le dijo Truman Capote a The Paris Review en 1957. “No puedo pensar a menos que esté acostado”.

Además de alimentar el pensamiento creativo, el dormitorio puede ser un refugio del caos de la vida hogareña. Los padres se retiran a su recámara para esconderse de sus hijos confinados en casa. Otros huyen de sus compañeros de piso.

“Creo que una de las cosas que estamos reconociendo es que todos estamos en lugares estrechos en sentido figurado y literal, en especial si tienes un compañero de apartamento o un cónyuge, y sencillamente no hay suficiente espacio en casa para tener la privacidad necesaria para realizar tu trabajo”, dijo Sam Stephens, un cantante y compositor de 35 años de Nashville, Tennessee.

Trabajar desde la cama también podría ser un síntoma de un malestar colectivo. “Paso mucho más tiempo trabajando desde la cama a pesar de que tengo una computadora, un escritorio y una silla de oficina”, contó Abelina Rios, una YouTuber de 26 años de Los Ángeles. “Creo que todo el mundo está deprimido por la pandemia y, cuando estás deprimido, una de las cosas más difíciles de hacer es levantarte de la cama”.

Liz Fosslien, de 33 años y autora de “No Hard Feelings”, un libro sobre cómo influyen las emociones en el trabajo, se lleva la computadora a la cama todas las mañanas, con todo y ratón inalámbrico. “Uso mi colchón como alfombrilla del ratón”, dijo. Su consejo para todo aquel que esté haciendo lo mismo estos días: “No te sientas mal por eso. Es fácil decir ‘Fuchi, estoy en pijama, no me he lavado el cabello, ¿qué estoy haciendo?’, pero en realidad lo importante es la calidad de lo que estés realizando”.

Desde que comenzó la pandemia en marzo, millones de estadounidenses han comenzado a trabajar en el mismo lugar donde duermen. (Fotoilustración de Justin J Wee para The New York Times)
Desde que comenzó la pandemia en marzo, millones de estadounidenses han comenzado a trabajar en el mismo lugar donde duermen. (Fotoilustración de Justin J Wee para The New York Times)

Un argumento importante contra el uso de los dispositivos en la cama es que puede erosionar aún más los límites entre el trabajo y el hogar e interrumpir el ciclo del sueño. Pero hasta Arianna Huffington, ejecutiva de medios convertida en predicadora del sueño, ha llegado a trabajar en la cama desde que comenzó la pandemia.

“Creo que puede funcionar muy bien para la gente, pero es fundamental poner ciertos límites”, opinó. Huffington aconseja mantener la mesita de noche libre de desorden y asegurarte de detener el trabajo por completo a la hora que debe terminar tu jornada laboral, levantarte de la cama y guardar los dispositivos electrónicos en otra habitación.

“Recomiendo encarecidamente tener una transición real”, dijo. “Yo me doy una ducha caliente para olvidarme de lo sucedido durante el día. Cámbiate de ropa, ponte una camiseta diferente para dormir. Me encanta la lencería bonita. Te hace sentir como que ya por fin es hora de dormir”.

Los que critican trabajar en la cama

Los defensores de la cultura del escritorio argumentan que no hay manera de que alguien pueda ser productivo desde la cama. “No conozco a nadie que trabaje realmente acostado bocabajo, pero conozco a muchas personas que trabajan en la cama (mi esposo, por ejemplo). Creo que todos ellos son unos vagos perezosos en rápido deterioro y propensos a desarrollar llagas por no pararse de la cama”, le dijo la escritora Susan Orlean a The New Republic en 2013. “O quizá son muchísimo más felices (e inteligentes) que el resto de nosotros”.

Pero de lo que muchos trabajadores confinados en casa se están dando cuenta durante la pandemia es de algo que las personas con discapacidades y enfermedades crónicas han sabido desde hace años: trabajar en cama no significa que uno sea flojo o esté deprimido. De hecho, es perfectamente posible conservar un trabajo a distancia desde la cama, siempre y cuando tu empleador sea flexible con respecto al trabajo remoto.

“Tenemos datos que muestran que la creación de tiempo es buena para la felicidad. Si puedes trabajar desde cualquier lugar y eliges hacerlo desde la cama, ese es un ejemplo de creación de tiempo”, señaló Ashley Whillans, profesora adjunta de la Escuela de Negocios de Harvard. “Elegir dónde trabajar y cómo cumplir con el trabajo puede aumentar la satisfacción de los empleados”.

Tessa Miller, de 32 años y autora del libro “What Doesn’t Kill You”, sobre su lucha con una enfermedad crónica, ha estado trabajando en su cama desde que le diagnosticaron la enfermedad de Crohn a los 23 años. “Creo que la pandemia está resaltando todas las cosas que las personas discapacitadas y con enfermedades crónicas hemos estado haciendo durante mucho tiempo, y ahora todo el mundo también las está haciendo. Trabajar desde la cama es una de ellas”, dijo Miller. “Conozco a muchas personas altamente productivas, inteligentes y talentosas que tienen que trabajar en la cama por necesidad”.

Las personas con discapacidades o enfermedades crónicas afirman que esperan que, de la misma forma en que la pandemia ha hecho que las empresas sean más abiertas respecto al trabajo a distancia, también se elimine el estigma de trabajar en la cama. “Espero que una de las cosas buenas que salgan de todo esto sea la revelación de que se puede hacer un buen trabajo desde la cama, la bañera o el sofá de la sala con una almohadilla térmica. Espero que eso genere oportunidades para las personas con discapacidades o enfermedades crónicas en campos laborales en los que tal vez no se sentían bienvenidos antes”, afirmó Miller.

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This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company