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Trabajar gratis SÍ puede ser una gran idea, pero debes saber cuándo hacerlo

Francisco García Pimentel
·12  min de lectura

Lo que estoy a punto de decir probablemente no sea lo más popular. Pero escucha: trabajar gratis no siempre es una mala idea. Antes de que vengas a mi casa con picos y antorchas, dame tres minutos.

En el entorno de la comunicación, colaboro con muchas personas que realizan trabajos en entornos creativos: escritores, diseñadores, fotógrafos, editores, productores, conductores, actores, modelos, DJ’s, etcétera, y participo en muchos de sus grupos y discusiones.

Uno de los tópicos más constantes es la discusión sobre “regalar el trabajo”, o “trabajar gratis”. En algunos casos el cliente promete darte exposición o publicidad; en otros simplemente experiencia. En general, la tendencia (que me parece correcta) es que los creativos no regalen su trabajo. Por supuesto, esta tendencia no se refiere solo a trabajos creativos; pero es el entorno que tengo más a la mano.

Yo estoy aquí para decirte que, aunque la regla general apunta en la dirección correcta (no trabajes sin cobrar), existen muchos momentos en que debes considerar hacerlo. Todo parte de una estrategia personal, y de las cosas que tú consideras tanto o más valiosas que el dinero. Yo cambiaría, quizás, algunas palabras de la oración. En vez de “Nunca trabajes sin cobrar”, usaría una frase mucho más positiva y estratégica: “Trabaja siempre en cosas que te generen valor”.

Así la cosa cambia.

Hace algunos meses, Eugenio Derbez estuvo en medio de una tormenta mediática porque en una entrevista afirmó que a él no le gusta que los jóvenes que buscan trabajar con él pregunten “¿cuánto me vas a pagar?” en la primera reunión. Después afirmó que trabajó mucho tiempo sin cobrar en Televisa, y que aún hoy no cobra en muchas de sus producciones. Los comentarios no se hicieron esperar, y le acusaron de explotador, millonario inconsciente, sinvergüenza, esclavista y hasta -horror de los horrores- boomer.

En este punto, y aunque soy millennial, yo estoy con Derbez. Hay muchos casos en los que vale la pena cobrar menos, o no cobrar, siempre que la ocasión esté alineada con tu estrategia personal, profesional, económica o de reputación. ¡Mantén los ojos abiertos! La experiencia cuesta, y se paga con tiempo. Algunas veces, trabajar sin cobrar puede ser para ti una gran inversión. Es por eso que…

1. Las personas más ricas del planeta han trabajado sin cobrar… y por mucho tiempo

Bill Gates. Elon Musk. Mark Zuckerberg. Richard Branson. Jack Ma. Jeff Bezos. Además de ser billonarios, ¿qué otra cosa tienen en común? Fácil: trabajaron por años sin ganar un solo dólar, o ganando apenas lo suficiente para vivir. Bezos, Branson, Musk, dormían debajo de su escritorio mientras iniciaban sus negocios. Y no son la excepción. De hecho, este es el camino habitual de un emprendedor, dedicar meses o años sin paga (y sin seguridad de retorno) con miras a un objetivo concreto. Cambiar lo inmediato, por lo duradero.

Verás: la riqueza o el éxito no son juegos de corto plazo. Las empresas japonesas, por ejemplo, tienen por cultura que los socios no pueden sacar dinero de ellas durante los primeros cinco años. Durante ese tiempo, el 100% de las ganancias se reinvierten. Como resultado, un 25% de las empresas japonesas sobreviven; a diferencia del 5% en México, en donde muchas veces los socios se “comen” a su propia empresa por querer ganar rápido. Al ganar pierden. Los japoneses al perder, ganan. 

“Pero claro” -dirás- “ellos trabajaban para sus propias empresas, pero yo no voy a trabajar para otros a cambio de nada”. Y en verdad… tienes razón. Pero tú, cuando trabajas para tu jefe o para un cliente ¿para quién trabajas?

Hay otra manera de ver las cosas. Toma nota de una perspectiva que cambió mi propia vida, y mi proyecto profesional, por completo. Imagina que durante toda tu vida trabajarás para una sola empresa, y para un solo jefe. Esa empresa eres tú. Ese jefe eres tú. Si te llamas Juan Pérez, tu empresa se llama “Juan Pérez S.A.”. Esa empresa, como cualquier otra, tiene su visión, su misión, sus valores y sus metas. Absolutamente todo lo que hagas suma -o resta- a tu organización.

No importa si hoy trabajas en un banco, en un restaurante o lavando coches. De fondo, siempre trabajas para “Tu Nombre S.A.”. Nadie te posee, ni te domina, ni te obliga. Haces las cosas porque quieres, porque puedes y porque abonan a tu propia empresa, la que lleva tu nombre y tu apellido. 

En la vida cotidiana ¿Te pagarían por estudiar? ¿Te pagan por comer o hacer ejercicio? No. Esas son cosas que haces porque te sostienen, te dan fuerza y crecimiento.

Lo mismo con el trabajo. Si inicias desde la idea de que el dinero (lo que cobras) es la parte más importante del trabajo, ya podemos ir cerrando tu empresa. La gente que solo trabaja por dinero hará lo que sea por dinero. Y conviene alejarse de ellos. La gente que trabaja por una visión… es la gente que llega lejos. 

2. Hay cosas más valiosas que el dinero

¿Puedes cobrar un trabajo con otra cosa que no sea dinero? Respuesta simple: SÍ. Respuesta compleja: TAMBIÉN. Hay muchas cosas que valen más que el dinero. 

Cuando estás empezando, estas son seis monedas que valen más que tu tarifa por hora: experiencia, contactos, reputación, promoción, inversión y crecimiento. En realidad estás pagando con tu trabajo cosas que, de otra forma, te serían costosisimas. Desde el punto de vista de “Tu Nombre S.A.” estás adquiriendo una ganga. 

Si ya estás instalado, estas son las seis monedas que valen mucho más que un cheque más: crecimiento, contactos, salir de tu zona de confort, nuevos leads, reputación y reconocimiento. Cuando ya estás establecido y tienes reputación, puedes cobrar muy bien, y también puedes elegir con más cuidado el trabajo que regalas.

Además, en ambos casos, existe una séptima moneda que siempre debes de considerar, y que siempre vale muchísimo más que unos pesos: la satisfacción de ayudar a los demás. Los mejores profesionales regalan mucho de su tiempo y talento a personas y causas. Una vez más, esto es impensable si crees que el dinero va por delante, pero recuerda que el dinero es un resultado y una necesidad: nunca una razón; mucho menos una visión.  

3. Eso sí: hay que tener estrategia

Cuando te animo a que trabajes mucho y trabajes gratis, no te estoy diciendo que te conviertas en el ingenuo de la cuadra que le regala su trabajo a todo el mundo. Tampoco que te dejes explotar, o que no levantes la voz ante abusos. Es verdad que hay gente que no entiende el valor del trabajo y querrá que no le cobres; familiares y amigos que creen que “el descuento” es obligatorio; sinvergüenzas acostumbrados a explotar gente para su beneficio; “jefes” que abusan miserablemente; “empresarios” que no son sino timadores de poca monta y hasta “influencers” que quieren cosas gratis a cambio de “exposure”. Ante cualquiera de estas personas, te conviene ser claro y decisivo: Gracias, pero NO, gracias. Aprender a decir “no” es uno de los hábitos más difíciles de adquirir; pero uno muy necesario para cualquier persona que aspire al éxito. 

Ahora bien. Si alguien te invita a trabajar en un proyecto o a colaborar con ellos a cambio de algo distinto al dinero; lo primero es no apresurarse a contestar. Si te presionan para “aprovechar esta oportunidad” o “no perder el tren”, entonces puedes estar seguro de que te quieren ver la cara. Pide un tiempo para dar una respuesta (para verificar tu agenda, por ejemplo) y haz tu investigación: pregunta quiénes son estas personas, qué es lo que hacen o han hecho; etcétera. Si el proyecto aporta en una tus seis monedas, entonces dialoga con ellos para que las reglas del juego estén claras. 

Si la propuesta es real, vale la pena preguntar sobre opciones. ¿Se puede explorar una sociedad? Quizás puedas tener un porcentaje del negocio; o quizás puedas establecer algún reconocimiento específico; o créditos que aporten a tu negocio. Si la estrategia fiscal es válida, quizás puedas pedir una factura deducible por el monto del valor que vas a donar; o tener algún tipo de intercambio. Si las personas valoran lo que haces, no tendrán objeción en buscar una manera de hacerlo justo para todos; en buscar una relación ganar-ganar.

Recuerda: las personas serias no tienen problema en poner las cartas en la mesa. Si sientes que te están robando, si no, aléjate y cuéntaselo a quien más confianza le tengas. Si algo suena demasiado bueno para ser verdad… probablemente lo sea. Si decides colaborar, ten en mente que siempre hay un porcentaje de riesgo. Puede ser que eso te reditúe muchísimo; o puede ser que no tanto. Como en todos los negocios, unos salen mejor que otros. El asunto es este: haz lo que tú quieras, cuando tú quieras, con quien tú quieras. Tú trabajas para “Tu Nombre S.A.”, no para el vecino.

Todas las empresas tienen una estrategia que apunta a su visión. “Tu Nombre S.A.” también debe tenerla. Por poner un ejemplo; si tu visión es llegar a ser un fotógrafo de talla internacional para National Geographic, entonces tomar las fotos de la primera comunión de la hija de la tía de una amiga no es un trabajo que debas regalar. Aunque te quite dos horas. ¡Aunque te quite un minuto! Y si menosprecian tu trabajo para pagar menos (“Ay amigo, al fin que a ti no te cuesta nada…”) mándalos a volar. Un trabajo así ni aporta a tus seis monedas, ni tienes una obligación moral de hacerlo. En cambio, si hay una pasantía no pagada de verano en NatGeo en Washington… entonces en ese momento compras el avión, aunque tengas que comer Maruchan dos meses y trabajar sin cobrar, porque claramente es parte de tu estrategia. 

Claro, si “Tu Nombre S.A.” no tiene estrategia; es decir, si tú no tienes visión de lo que quieres lograr con tu vida y solo estás buscando chambas… entonces sí, cualquier trabajo mal pagado se siente así, como una explotación, porque solo estás perdiendo el tiempo… en vez de invertir tu tiempo.

En diversos entornos profesionales se utilizan pasantías o prácticas no pagadas; y he leído de muchos jóvenes que están en gran desacuerdo. Yo pienso que, por el contrario, suelen ser una gran oportunidad. De hecho, pueden ser los trabajos mejor pagados de tu carrera; son los únicos en los que, literalmente, tú pones tu precio, tú cobras lo que quieras. Porque en esos seis meses de prácticas puedes cobrar millones en cualquiera de tus seis monedas. O puedes “solo cumplir” y no aprender nada. Habrás malgastado seis meses de tu vida. ¡Exprime esas oportunidades!

¿Has oído hablar de Ana Ramírez? Ana -mexicana y guanajuatense- trabajó de pasante en Pixar y Google antes de regresar -ya con sueldo- para colaborar en la producción de Coco, uno de los grandes éxitos de la productora y ganadora del Oscar. En su caso, las pasantías no solo le sirvieron para aprender muchísimo (que con eso estarían bien pagadas), sino que le ayudaron a ser reconocida por sus jefes, que luego la invitaron a trabajar. Si Ana hubiera pensado que solo “con dinero baila el perro”, hoy probablemente seguiría en Guanajuato. El caso de Ana Ramírez no es, ni de lejos, el único. Todo parte -perdón que insista- en tener una estrategia; una visión, y estar dispuesto a pagar el peaje.

4. Mejor regalar… que malbaratar

Yo mismo he enfrentado retos de este tipo a lo largo del camino, porque a veces podemos perder de vista nuestra estrategia. Durante varios años hice mucho trabajo cobrando baratísimo; en muchos casos saliendo apenas “tablas” o poniéndole de mi dinero, porque me estaba haciendo de un nombre. Y eso no tiene nada de malo per sé; el problema fue que después, cuando quería cobrar bien, me costaba trabajo hacerlo.

Mi estrategia -que me fue sugerida por una buena amiga y conferencista, Carla- fue absolutamente contraintuitiva: no regalar menos, sino regalar más. Lo que ya no podía hacer más era malbaratar mi trabajo. Volvamos al ejemplo del fotógrafo. Si, digamos, tu trabajo como fotógrafo cuesta 100 pesos, entonces ¡cobra 100 pesos! Quizás a un buen cliente puedas cobrarle 90 pesos; pero de ninguna manera puedes cobrar, a nadie, 20 pesos. 

Si quieres ayudar a alguna persona, entonces es mejor regalarle tu trabajo (que sigue valiendo 100 pesos), pues en esa medida te agradecen y te valoran. Es un favor, una donación que te será reconocida. Pero si cobras 20 pesos, entonces querrán siempre pagarte eso mismo, y en ese precio valorarán tu trabajo. Si cobras 20, no ganas 20; pierdes 80. Igualmente, si viene la gran oportunidad (¡Esa llamada de NatGeo!), entonces el dinero pasa a segundo plano: lo que te acerque a tu visión vale mucho más.

Hay que aprender a cobrar; sí. También hay que aprender a invertir tiempo y esfuerzo en cosas que abonen a tu estrategia. Recuerda lo que ya dijimos: establece una estrategia, trabaja siempre en cosas que te generen valor y recuerda que el dinero no es el único valor; ni siquiera el principal.

Y no te olvides de ayudar con tu talento a la causa que te interese; o a personas que verdaderamente lo necesiten. Ayuda, cuando puedas, a tu familia y tus amigos, en tanto que no abusen. No creas que soy exagerado cuando te digo que no solo nuestros talentos, sino que todo lo que poseemos, verdaderamente sirve solo si sirve a otros. Nadie que trabaje solo para sí mismo alcanza el éxito… mucho menos la felicidad.

Así que la siguiente vez que te inviten a “trabajar gratis”, toma una pausa. Antes de tuitear sobre lo ofendido que estás, revisa tu estrategia. Puede ser que estés parado en una mina de oro.

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