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De la trinchera de Malvinas a empresario pyme: el arduo camino del soldado Vázquez

Julio Pedro Vázquez, en una de sus perfumerías de Ituzaingó y con el recuerdo siempre presente de Malvinas
Julio Pedro Vázquez, en una de sus perfumerías de Ituzaingó y con el recuerdo siempre presente de Malvinas - Créditos: @NOELIA MARCIA GUEVARA/ AFV

Menos mal que el chofer de la línea 238, la de Transportes Unidos de Merlo, no lo creyó un fabulador. Al contrario: esa noche, en Ituzaingó, vio a Julio Pedro Vázquez flaco y hambriento en la parada y aceptó llevarlo sin cobrarle boleto. Era junio de 1982. “Vengo de Malvinas”, le dijo el pasajero, todavía con 20 años, y el conductor no dudó. Vázquez, hoy presidente de la Cámara Argentina de Perfumerías, ni soñaba entonces con tener comercio propio. Venía de la guerra con 16 kilos menos y del modo en que la Argentina trata a sus veteranos: colado en el ferrocarril Sarmiento desde Mercedes, esquivando guardas pese a su condición de ex combatiente. Había llegado hacía tres días de Río Gallegos al Regimiento de Infantería en Hércules y, antes, directamente de las islas al continente en el buque Bahía Paraíso.

Vázquez recuerda la guerra con dolor. No sólo la guerra: él es un caso viviente de la dificultad que tuvieron muchos de aquellos soldados para reinsertarse después en el mercado laboral. Había estado 74 días en Las Malvinas y ese trance, dice, les dejó a él y a sus compañeros heridas emocionales para siempre. “Me echaron de varios trabajos”, cuenta hoy a LA NACION. En el primero, equipamientos Villber, estuvo unos seis meses. Parece que un gerente tenía mal modo y él le venía advirtiendo que lo tratara bien, que él no era un tipo fácil. Y un día explotó: volvieron a hablarle mal y terminó a las trompadas. Meses después se dedicaba a vender pasta de dientes para Quickly, una fábrica de Mataderos. Ahí duró unas semanas. Después fue visitador médico en Farmacólogica Argentina de Avanzada (FADA), cinco o seis meses hasta que descubrieron lo que pretendía ocultar, que había peleado en las islas.

"Me acaba de llegar, es la única foto que tengo de Malvinas... Estoy conmocionado. Después de 5/6 días prisionero y subiendo al barco Bahía Paraíso. Del bolsillo delantero derecho de mi chaqueta me querían sacar las cargas, que no se los permití, pero sí me sacaron los rollos de fotos Kodak que tenía encima y correspondían a mis compañeros del grupo adelantado que cubríamos una posible incursión inglesa en ese lugar", escribió en su cuenta de Instagram, unos años atrás, junto con esta imagen, Julio Pedro Vázquez

“Yo salí psicológicamente como pude. Pero hay compañeros que se quedaron mentalmente allá. Una guerra es algo muy doloroso”, dice Vázquez, que vuelve a la noche de junio en que llegaba a su casa y sorprendió a su madre, que comía con una hermana y ya lo creía muerto: no había recibido noticias de él desde hacía casi un mes. Como su padre trabajaba en ese momento de sereno de 22 a 6 en Prive, la fabricante de cerraduras y candados de la calle Henri Dunant, ambos se fueron sin perder tiempo a la planta a darle la noticia. Vázquez se emociona con esas imágenes, se le corta la voz. Ahí descubrió a su padre con la barba casi hasta la cintura: había prometido no tocarla hasta que su hijo volviera.

Cuarenta y un años después tiene dos perfumerías en Ituzaingó: 14 empleados y una facturación de unos 250 millones de pesos al año. A una le puso “EICE” aprovechando las iniciales de sus dos primeros hijos, Constanza y Eugenio, y a la otra, Greyros, en homenaje a sus padres, Elías Gregorio y Rosa. Después de los 20 estudió Marketing en la Universidad de Palermo, se recibió, y hasta pudo recuperar parte de la vida que había llevado hasta ese sábado 10 de abril de 1982 en que, ya con el servicio militar terminado desde hacía cuatro meses, lo sorprendió una carta documento con la instrucción de que debía alistarse sin demoras en el Regimiento de Infantería de Mercedes. Imposible olvidarlo: eran las 10 de la mañana y Vázquez estaba solo. Su madre, también empleada de Prive, estaba en ese momento en la fábrica, y su padre había aprovechado el fin del turno noche para ir directamente a Plaza de Mayo a celebrar una gesta: la Argentina había recuperado Las Malvinas. La famosa plaza de Galtieri.

A Vázquez lo convocaron y le dijeron que iba a viajar a Malvinas porque otro soldado estaba enfermo y no podía ir
A Vázquez lo convocaron y le dijeron que iba a viajar a Malvinas porque otro soldado estaba enfermo y no podía ir - Créditos: @NOELIA MARCIA GUEVARA/ AFV

Vázquez no le dijo nada a nadie y se fue a jugar, como todos los sábados, al fútbol para Central Ballester. Lo hacía de 9 y esa tarde les tocaba en la cancha de Ituzaingó. Cuando terminó el partido, ya en el vestuario, se sacó la camiseta y, antes de llegar a las medias, estalló en llanto y salió apurado. “¿Qué te pasa?”, lo corrió el DT, y él entonces le explicó todo. Y, ya en su casa, también a sus padres. Le quedaba un fin de semana en Buenos Aires. Esa noche salió con su novia y volvió a verla el domingo para despedirse. Hizo lo mismo con su familia. El lunes se tomó el Sarmiento y, antes de las 8, ya estaba en el regimiento con un bolso. Le dieron uniforme, casco, una bolsa negra de residuos para guardar la ropa de civil y le dijeron que iría a Malvinas porque Vargas, otro soldado, estaba enfermo y no podía ir.

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Llegó a las islas un martes 13. ¿Superstición? Vázquez dice que no hay lugar para eso en una guerra.Iba con el rosario en la mano. Nunca en la vida recé tanto. Te la pasás rezando”, recuerda. Su primera misión fue cuidar, desde un monte, la casa del gobernador Mario Benjamín Menéndez, que acababa de llegar, y después hacer guardia frente a una bahía por la que se suponía podrían llegar los ingleses. Él y un grupo de unos diez soldados. Vigilaban desde adentro de pozos de zorro que habían hecho con dificultad porque, por el terreno pedregoso, las palitas desplegables de jardín que habían llevado se rompían. La orden era esconderse ahí y esperar. Eran lo que en un conflicto bélico se conoce como “observadores adelantados”. Así fue hasta el final. Tenían tanto hambre que de vez en cuando recorrían 3,5 km hasta el aeropuerto y robaban comida, en algunos casos dispersa como consecuencia de los bombardeos, y esa práctica les valió un día un arresto después de que oficiales de la Fuerza Aérea los vieron desde un Jeep.

Tampoco podrá olvidar el último día ahí. Cuando, después de la cruenta batalla en monte Tumbledown que se llevó para siempre a varios compañeros, se les acercó un teniente primero y les dijo que fueran caminando por la ruta al aeropuerto porque había habido un cese del fuego. El modo en que se los dijo es todavía un tabú entre los ex combatientes: “Nos rendimos”, recuerda Vázquez haber oído, pero corrige y aclara que un soldado jamás se rinde. Antes de llegar, en la ruta, los interceptó una fila de ingleses que los despojaron de cascos, municiones y armas: con ellos tuvieron que convivir dos días en el aeropuerto. “No fue fácil. Cada tanto alguno se agarraba. Eran los tipos que habían matado a nuestros compañeros. Eso de que nos trataron bien es un mito”, agrega.

"Es casi imposible ser empresario en la Argentina", dice Vázquez, que abrió dos locales del rubro perfumería, luego de un largo camino para su inserción laboral tras volver de la guerra en Malvinas
"Es casi imposible ser empresario en la Argentina", dice Vázquez, que abrió dos locales del rubro perfumería, luego de un largo camino para su inserción laboral tras volver de la guerra en Malvinas - Créditos: @NOELIA MARCIA GUEVARA/ AFV

Al salir intentó hacer una vida normal. No fue fácil. Dice que hay siete u ocho meses de los que no recuerda absolutamente nada: los borró de su mente. Al año siguiente volvió al fútbol. Jugó en Ituzaingó, en J.J. Urquiza, en Vélez de Mercedes, en Mercedes, en Chaco for Ever, en Huracán Las Heras de Mendoza y en Cipolletti: torneos del interior para los que viajaba durante los fines de semana, porque ya había empezado a trabajar con mayor estabilidad. Como corredor en Biferdil, por ejemplo, donde llegó a gerente general, y después en otra empresa de cosméticos, Hannah Collins.

En 1999, todavía vinculado con el fútbol como entrenador, Vázquez decidió que era un buen momento para abrir su propia perfumería. Probó suerte con un local de 60 metros cuadrados en Ituzaingó y le fue bien. Después abrió otras sucursales. “Tengo un muy buen pasar”, cuenta, y se nota que eso es de lo que preferiría hablar. Su costado emprendedor. “Es casi imposible ser empresario en la Argentina: tenemos todas en contra. No dormimos pensando en las indemnizaciones”, dice. El fútbol le tenía reservada otra alegría en 2014: ascendió a primera división con Chicago acompañando a Omar Labruna como asistente. A lo otro, a su paso por Malvinas, prefiere dejarlo en el pasado, aunque admite haber aprendido: “Una guerra no se puede graficar con palabras, pero enseña que uno puede salir adelante aun en las peores condiciones”.