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El truco de los policías para evitar que los graben y compartan los videos en Internet

Jose Mendiola
·3  min de lectura
Policía en Manahattan Nueva York. REUTERS/Kevin Coombs
Policía en Manahattan Nueva York. REUTERS/Kevin Coombs

Un incidente en la calle y pasas casualmente por ahí. Un agente de la policía se acerca y comienza un intenso intercambio de palabras. En Estados Unidos, la Primera Enmienda de la Constitución defiende a capa y espada el derecho sacrosanto de cualquier ciudadano a grabar a cualquier cuerpo policial en el desempeño de sus actividades. 

En España, la Ley de Seguridad Ciudadana (más conocida como “ley mordaza”), limita mucho este derecho fundamental y a pocos se les ocurre grabar a policías por las posibles consecuencias del acto. Pero en Estados Unidos, este derecho elemental ha permitido que los responsables de la muerte de George Floyd, por poner un ejemplo, puedan ser encarcelados.

La secuencia, la conocemos bien: un particular graba desde su móvil un incidente con la policía, lo sube a YouTube o Twitter, y el resto, ya lo conoces. Son los conocidos como “auditores” de la Primera Enmienda. 

Las redes sociales se han convertido en un incómodo acompañante para quienes no respetan las leyes, pero parece que hay quien ha encontrado la forma de esquivarlas: lejos de evitar que se les grabe, algunos policías han comenzado a reproducir música desde sus móviles mientras les graban. ¿El motivo? Que los algoritmos que supervisan los derechos de autor hagan su trabajo y retiren el vídeo de la plataforma a la que se ha subido.

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Unos vecinos graban un video con su móvil cerca de un policía en la ciudad de Nueva York. REUTERS/Keith Bedford (UNITED STATES - Tags: POLITICS SOCIETY)
Unos vecinos graban un video con su móvil cerca de un policía en la ciudad de Nueva York. REUTERS/Keith Bedford (UNITED STATES - Tags: POLITICS SOCIETY)

SKA para sabotear la grabación

El suceso que ha desvelado esta siniestra y sutil práctica de algunos agentes de la policía tuvo lugar en una comisaría de Berverly Hills. El sargento Billy Fair —según parece, un viejo conocido entre los llamados auditores de la Primera Enmienda—, atiende a uno de estos auditores (MrCheckPoint, en Instagram), quien, lógicamente, grabó la secuencia en livestream.

Todo parecía seguir el guión al que nos tienen habituados los protagonistas, cuando de repente, el agente se calla y saca el móvil de su bolsillo. En ese momento pone música a todo volumen (en concreto, “Santería”, el grupo de SKA, Sublime) y se mantiene en silencio. En este punto, al situación se vuelve kafkiana. El auditor sigue con su bombardeo de preguntas, ahora a ritmo de SKA, y con un agente silente en una situación que dura cerca de un minuto.

A la búsqueda del algoritmo censor

En realidad, el agente de policía sabe a ciencia cierta lo que está haciendo: su intención consiste en hacer que el algoritmo de YouTube o Instagram detecte de forma automática una música protegida bajo derechos de autor, y retire el video. Si por algún motivo, el algoritmo no la detectara, siempre queda la opción de que luego los implicados la denuncien y el sistema retire el vídeo de forma fulminante.

Sobre el papel, no hay ningún comportamiento ilegítimo por parte del agente: no se extralimita en sus funciones, sino que lo único que se le podría echar en cara es una falta de respeto hacia el ciudadano al optar por escuchar música en lugar de atenderle. Sin embargo, la efectividad de este “sabotaje” puede resultar demoledora para los auditores, sobre todo porque la política de protección de derechos de autor no está muy clara.

Así ¿Debe el algoritmo impedir que nos grabemos cantando una canción en el coche? ¿Y haciendo un baile? Imagina el impacto que tendría en el contenido si se aplicara esta medida a rajatabla. No sabremos muy bien cómo terminará este duelo pero sospechamos que la policía acabará reculando y prohibiendo estas prácticas puesto que les terminan reportando muy mala imagen.

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