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Una investigación revela que Ticketmaster tiene acuerdos con algunos revendedores de entradas

Si has intentado comprar entradas para un concierto o para cualquier otro tipo de espectáculo a través de Internet, seguro que te has llevado una sorpresa desagradable: al intentar hacerte con ellas, habrás descubierto que los mejores asientos ya estaban vendidos. Da igual que entraras a los pocos segundos de que abriera la taquilla virtual: alguien se había adelantado y se los había llevado en tus narices. Y esto pasa especialmente en los boletos que vende la empresa Ticketmaster. 

¿Quién se lleva esas jugosas entradas? Todo el mundo sabe que precisamente esos mejores sitios luego son ofertados en otras páginas web que se dedican a la reventa. Pero en vez de tener el precio original, cuestan el triple o el cuádruple.

Ticketmaster tiene acuerdos con revendedores, según denuncia CBC. (Ticketmaster)

¿Cómo es posible esta injusticia? Tickemaster, que casi tiene un monopolio global de los mayores espectáculos, está en contra de la reventa. Así lo han manifestado sus portavoces una y otra vez. Aunque eso es lo que dice en público, porque luego tiene su propia marca de reventa de asientos, la empresa Seatwave, de la que es propietaria.

Pero hoy no venimos a hablar de esta paradoja, sino de una investigación publicada por la cadena CBC en la que se demuestra que Ticketmaster tiene acuerdos con revendedores y que incluso ha creado un software que compra de forma masiva entradas para espectáculos que luego son revendidas. 

El periodista Dave Seglins ha grabado a unos ejecutivos de la compañía que reconocen y admiten este tipo de prácticas. En concreto, uno de ellos reconoce tener un agente que dispone de 200 cuentas de Ticketmaster desde las que compra los tickets de una sola vez.

Ticketmaster incluso habla abiertamente de ese programa, que se llama TradeDesk, en sus reuniones internas, y que de alguna forma ‘hackea la propia web de Ticketmaster para comprar muchas entradas de una sola vez. Y no solo eso, la CBC ha tenido acceso a un manual de Ticketmaster en el que se detalla cuánto dinero gana la compañía por revender entradas.

Estamos ante un escándalo mayúsculo que daña muy seriamente la imagen de una compañía que vende la gran mayoría de entradas de espectáculos en buena parte de Estados Unidos y de Europa. Pero la compañía no se ha quedado de brazos cruzados ante estas acusaciones y ha emitido un comunicado en el que califica la investigación de ‘no verdadera’. 

Tal y como recoge la edición estadounidense de Rolling Stone, Ticketmaster asegura que en su código ético y en sus condiciones legales se prohibe de manera categórica la reventa de entradas. Además, asegura que ha iniciado una investigación interna para conocer la identidad de esa persona que asegura tener 200 cuentas y tomar medidas legales contra él o ella si descubre que está llevando a cabo ese tipo de operaciones fraudulentas. 

Pero no este no es el primer borrón en su expediente.  Como se demostró en una investigación llevada a cabo en los años 90, esta compañía obligaba a las salas de conciertos y a los propietarios de los grandes recintos deportivos a firmar en exclusiva la venta de sus entradas.

De esta forma, los artistas tienen que pasar por el aro y vender las entradas de sus conciertos a través de esta plataforma, y dar parte de su precio a ella (los famosos gastos de venta y distribución). El grupo de grunge Pearl Jam no solo denunció este hecho, sino que decidió hacer una gira por Estados Unidos en recintos que no tuvieran acuerdos con Ticketmaster. ¿El resultado? Se dieron cuenta de que casi no podían actuar en ningún lugar del país con las mínimas condiciones exigibles para un grupo de tanto éxito.

De este escándalo hace ya más de 20 años. En 2018, Ticketmaster sigue siendo polémica, pero por otros motivos.