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Las vacaciones cada vez son más caras: por qué toca rascarse el bolsillo para viajar

Cada año la llegada del mes de junio suele estar asociada con el comienzo de las vacaciones en el hemisferio norte. Las altas temperaturas del verano hacen que la sociedad busque destinos en los que poder relajarse y disfrutar de un merecido descanso.

Aunque la pandemia del coronavirus supuso un freno a los viajes internacionales, lo cierto es que entre 2022 y 2023 se ha restablecido la normalidad en la mayoría de rincones del planeta. Pero hay una gran diferencia respecto a la época previa al virus: los precios.

Las vacaciones van a ser más caras. (REUTERS/Andrew Kelly)
Las vacaciones van a ser más caras. (REUTERS/Andrew Kelly) (Andrew Kelly / reuters)

Los billetes de avión o los hoteles ahora cuestan más. Y eso se traduce en que el presupuesto destinado a las vacaciones debe aumentar. Eso o quedarse en casa.

La demanda de vacaciones es masiva y en los últimos meses se va de récord en récord en lo que se refiere a las reservas. La oferta, sin embargo, no ha aumentado, por lo que apenas hay opciones baratas en temporada alta. Simplemente, cualquier plaza hotelera o billete de avión tiene una larga cola de personas interesadas en adquirirlas, independientemente de lo que cueste.

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Además de por la demanda, hay otros factores que están impulsando las tarifas a lo alto, como es el caso de la inflación y los impuestos. Sin embargo, muchos de estos viajes, que se imaginan idílicos, pueden terminar decepcionando, ya que se espera que los destinos estén masificados y que además haga mucho calor.

Así, aquellos que visiten lugares muy turísticos, como España, Francia, Grecia o Italia, van a exponerse a temperaturas asfixiantes, espacios muy concurridos y precios por las nubes. Y la reacción de los viajeros está siendo asumir esta situación y realizar el viaje igualmente. Algo comprensible después de años de restricciones a la movilidad, pero que no resulta lo más confortable posible.

Zoover, un comparador de reservas holandés, cifra que este año unas vacaciones de verano van a costar unos 2.200 euros de media (US$ 2.350), frente a los 1.950 (US$ 2.090) del año pasado. El aumento del 13% se debe a los altos costes de energía, las secuelas del coronavirus, la guerra de Ucrania y los impuestos a los vuelos.

Aviones y hoteles, en el centro de los gastos

A la hora de planificar un viaje, tanto el transporte como el alojamiento se comen buena parte del presupuesto. Y tanto los vuelos internacionales como los hoteles están en el centro de este encarecimiento de las tarifas.

En lo que se refiere a los billetes de los aviones, se ha producido la reapertura de la mayoría de los países asiáticos, pero todavía no se han recuperado todas las conexiones aéreas que había en 2019. Misma situación con Estados Unidos y Europa. Es decir, hay menos plazas y todo el mundo quiere bajar, por lo que conseguir un asiento sale mucho más caro, especialmente si la fecha de salida está cerca. Hay que tener en cuenta también que los costes de los vuelos de larga distancia han subido y que ese aumento se está repercutiendo en el cliente.

Tanto los vuelos como los alojamientos están más caros. (Photo By Alejandro Martinez Velez/Europa Press via Getty Images)
Tanto los vuelos como los alojamientos están más caros. (Photo By Alejandro Martinez Velez/Europa Press via Getty Images) (Europa Press News via Getty Images)

Los hoteles también han experimentado un alza. Hay varios factores que explican este repunte, como son los altos costes de salarios, energía o alimentos. Pese a que alojarse fuera de casa sale más caro que antes, la demanda sigue en máximos. Por ejemplo, en Nueva York y Miami, el precio por noche ha subido un 51% y un 33% respectivamente.

Mejores noticias ofrece el mercado de los coches de alquiler. Tras un 2022 marcado por la escasez de chips y por la falta de vehículos, los precios estratosféricos parecen haber quedado atrás. El problema venía desde la pandemia, cuando las agencias se desembarazaron de gran parte de su stock, pero parece que en este año ya se ha estabilizado la oferta y la demanda. Otro punto positivo es que el precio del petróleo ha bajado significativamente este año.

Con este panorama, ya se está vislumbrando que muchas personas están recurriendo a destinos vacacionales más cercanos a los que poder acudir con vehículo propio. Una forma de ahorrar en transporte. Por lo demás, las sociedades están asumiendo los precios más caros y no están dispuestas a renunciar a sus proyectos veraniegos. Así que a corto plazo, parece que toca rascarse el bolsillo para disfrutar de las vacaciones.

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