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Se viene un mes con más presión para el dólar y decisivo para la negociación con el FMI

·5  min de lectura

Con una mano en el corazón: ¿Son muchos los que pensaban que, a esta altura, ya arrancado el año 2022, la Argentina todavía tendría pendiente dar pasos clave para asegurar su futuro de corto y mediano plazo?

Seguramente Martín Guzmán no está en ese lote de "pesimistas". El ministro viene prometiendo un acuerdo con el FMI desde hace al menos un año, cuando encabezó reuniones con financistas de Wall Street y también con funcionarios europeos.

Sin embargo, las negociaciones se encuentran estancadas y la distancia entre la postura del gobierno nacional y el staff del Fondo sigue sin reducirse. El acuerdo no está.

Podrían escribirse capítulos enteros con los argumentos oficiales para no cerrar. Pero el hecho concreto es que la Argentina está a punto de arrancar un mes clave para su futuro.

Para ser realistas: si durante febrero tampoco se llega a un trato con el Fondo Monetario, lo más probable es que no quede tiempo para evitar un atraso en los pagos al organismo. Un evento que no sería gratuito para la Argentina.

No es lo único. El segundo mes del año se caracteriza por la caída en la demanda de dinero, simplemente por una cuestión estacional.

Las idas y vueltas alrededor del acuerdo con Washington -recientemente matizadas por el viaje de Santiago Cafiero a la Casa Blanca- tensaron el mercado cambiario. La brecha terminó la semana por arriba del 100%, un nivel que de ninguna manera puede perpetuarse, y que de por sí ya le pone serios condicionamientos a la posibilidad de cerrar trato con el Fondo.

Esa tensión se evidenció la última semana, con un Banco Central que se vio obligado a vender dólares para asegurar la estabilidad del mercado oficial. Se sabe: no quedan demasiadas reservas para que se sostenga esta tendencia negativa.

La tensión en la brecha se da sin que el BCRA pueda intervenir, como hacía antes, y quitarle así volatilidad a la situación.

Las negociaciones se encuentran estancadas y el staff del Fondo sigue sin reducirse

De todas formas, un escenario de intervención tendría éxito si se supiera que, al final del camino, habrá acuerdo (a tiempo) con el FMI.

Los bonos de la deuda argentina, reestructurados hace unos pocos meses, valen como si el default estuviera a la vuelta de la esquina. Lo peor es que nadie puede negar con seriedad que ése no sea el escenario.

"Nadie quiere bonos argentinos, a ningún precio. Ni siquiera los inversores que tienen una mirada más de largo plazo compran a estos precios de país quebrado", dice un reconocido analista de Wall Street, en diálogo con iProfesional.

La volatilidad e incertidumbre también plantea la posibilidad de nuevos cambios en el rumbo.

Una de las cuestiones a resolver en el nuevo mes tiene que ver con las tasas de interés. Se abre la posibilidad a un nuevo ajuste alcista. Así lo quisiera Miguel Angel Pesce. Guzmán resiste esa opción. En enero prevaleció la idea de que "todo no se puede" y finalmente hubo una corrección a la suba. Leve. A la espera del acuerdo que por ahora no llega.

La contraindicación de una suba así ya se conoce a la perfección: incrementa los costos de las empresas, entre otros puntos que desembocan en un enfriamiento de la actividad económica.

Por ahora, la crisis cambiaria y la incertidumbre no provocaron una salida de depósitos desde los bancos. Acaso éste sea el activo más favorable del momento. Una caída de las colocaciones en pesos sería muy grave para el mercado cambiario. De ahí que esa posibilidad sea alejada ofreciendo una mayor rentabilidad a los ahorristas.

El cierre del mercado, el último viernes, marca a todas luces que los tiempos se acortan. Que el costo de la demora en el acuerdo con el FMI es demasiado elevado.

Un reconocido banquero, ya sobre el cierre de las operaciones, se lamentaba en su diálogo con iProfesional: "El país es rehén de una discusión que nadie entiende. Y cuyos detalles se guardan bajo siete llaves en el despacho del ministro de Economía. Todo lo que está pasando es indefendible".

Acaso, el consultor político Raúl Timmerman, de reconocido acercamiento al oficialismo, fue el más ácido con su apreciación acerca de lo que está sucediendo. "¿Alguien sabe cómo sigue esto?", lanzó en su cuenta de Twitter.

El segundo mes del año se caracteriza por la caída en la demanda de dinero

En los hechos, si el Gobierno no cierra un acuerdo en los próximos días, la posibilidad de que se formalice un atraso con el FMI será -ahora sí- el escenario más factible.

Lo que no se podrá evitar de ese escenario son los costos.

Las consecuencias serían inmediatas. La consultora Quantum, que dirige el economista Daniel Marx, enumeró las consecuencias de entrar en atrasos ("arrears", en inglés):

● El país quedaría prácticamente imposibilitado de recibir asistencia de otros organismos internacionales -tipo BID y Banco Mundial-, "salvo y eventualmente para asistir en proyectos sociales, aunque restrictivos", informa la consultora Quantum.

● Desde el momento del incumplimiento, la Argentina es automáticamente excluida de cualquier línea de financiamiento del FMI hasta tanto cancele los atrasos incurridos. Deberá cancelar el atraso antes de cualquier nuevo desembolso del FMI. Si el Gobierno no llega a un acuerdo y no puede pagar el compromiso del próximo 22 de marzo, por unos u$s2.900 millones, tendrá que pedir prestado a terceros países para cumplir el día que haya finalmente acuerdo con el organismo.

● También se afecta el financiamiento comercial para compañías. Dice Marx: "Se restringe el acceso a financiamiento comercial de empresas para pago de importaciones, dificultades adicionales para acceder a crédito bancario, proveedores (empresas vinculadas o no), previsiones de empresas vinculadas, etcétera".

Las próximas semanas serán clave para el futuro. Porque el calendario fijado con el FMI apremia; y también porque el calendario de liquidaciones de divisas impone una definición.

Todavía sin las liquidaciones de la cosecha gruesa, en medio de una sequía que llena de incertidumbre sobre la oferta de divisas a partir de abril, las tensiones sobre el mercado se van a extremar.

¿Será entonces febrero el mes de las definiciones? Para un lado o para el otro, así parece encaminarse la dinámica actual.

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