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Wall Street ve un giro al kirchnerismo y duda que sobreviva el programa con el FMI

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En Estados Unidos tomaron la llegada de Silvina Batakis al Palacio de Hacienda como un claro giro del Gobierno hacia el kirchnerismo
En Estados Unidos tomaron la llegada de Silvina Batakis al Palacio de Hacienda como un claro giro del Gobierno hacia el kirchnerismo

WASHINGTON.- Al final, Martín Guzmán terminó en el destino al que parecen condenados los Ministros de Economía en la Argentina: cerró un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y se fue, apenas tres meses después, en medio de una crisis dejando una bomba de tiempo en el escritorio. En Estados Unidos tomaron la llegada de Silvina Batakis al Palacio de Hacienda como un claro giro del Gobierno hacia el kirchnerismo que pone en duda el programa con el Fondo y lo deja otra vez en las puertas del limbo, y preludia un deterioro mayor en la economía.

En medio de una fuerte incertidumbre, la única declaración oficial que intentó llevar algo de calma apenas despuntó el lunes surgió de la vocera presidencial, Gabriela Cerruti. “El plan económico y el rumbo están garantizados”, dijo Cerruti, antes de que la apertura de los mercados en el país –en Estados Unidos fue feriado por el Día de la Independencia– abriera las puertas a la huida de los inversores y una nueva disparada del dólar paralelo, que marcó otro récord.

Ya desde antes de que se conociera la designación de Batakis, las expectativas en Wall Street y en Washington sobre el futuro del país estaban por el piso. Pero, así y todo, quienes miran a la Argentina mantenían una lógica curiosidad por saber quién sería el reemplazante de Guzmán ante la posibilidad, muy efímera, pero siempre latente, de que el Gobierno pudiera tejer consensos políticos para marcar un cambio de rumbo. Batakis pulverizó ese escenario. Las primeras reacciones en Estados Unidos mostraron que el mercado espera un claro giro hacia el kirchnerismo, y un riesgo mucho más alto a una crisis más profunda, con más inflación, más brecha y menos crecimiento, y una relación más difícil con el Fondo, donde Guzmán había tejido relaciones estrechas con el staff.

En Estados Unidos ven una crisis política, y descartan que un simple cambio de nombres pueda resolverla.

El Fondo solo se limitó a darle la bienvenida a Batakis. “Esperamos trabajar con la ministra Silvina Batakis y su equipo para continuar apoyando a la Argentina y su gente a fortalecer la estabilidad macroeconómica y abordar sus profundos desafíos para sentar las bases de un crecimiento más sostenible e inclusivo”, indicó un portavoz del Fondo ante una consulta de LA NACION. La salida de Guzmán y el azote de confianza del mercado lo dejaron al programa al borde de la defunción.

El mensaje más áspero provino del Argentina Exchange Bondholders, el grupo de inversores más duros de los que negociaron la reestructuración de deuda de 2020 que encaró Guzmán. “Cuando se te está incendiando la casa, en general es mejor llamar a los bomberos que a un piromaníaco, ¿no?”, dijo el grupo en Twitter.

Un informe del banco de inversión JP Morgan que circuló anoche luego de la designación de Batakis dijo que el equilibrio de poder en el Frente de Todos se había volcado hacia el kirchnerismo, alertó por el riesgo a una hiperinflación y dijo que la Argentina se encuentra en una situación de “desequilibrio latente”.

“El nombramiento de Batakis parece indicar que el equilibrio de poder se ha inclinado hacia el lado kirchnerista, y esperaríamos una postura fiscal más expansiva y, potencialmente, una renegociación del programa del FMI en medio de crecientes desequilibrios y una brecha cambiaria más amplia”, indicó un informe del banco de inversión JP Morgan.

Los analistas del banco, Diego Pereira y Lucila Barbeito, consideraron que la ausencia de anclas y la perspectiva de una política fiscal y monetaria más expansivas generan el riesgo de “un nuevo cambio de régimen de inflación” y una corrección forzada por el mercado.

“El camino a seguir parece inestable a medida que nos acercamos al año electoral, lo que hace que cualquier ajuste ortodoxo sea políticamente costoso y, por lo tanto, inviable”, concluyeron.

“Estas restricciones dejan un camino muy estrecho por delante para lograr los objetivos de política comprometidos en el marco del programa del FMI. “Este equilibrio inestable (probablemente mejor descrito como desequilibrio latente)”, señalaron, es característico de regímenes que se dirigen hacia a un alza del costo de vida mayor a la actual y, eventualmente, una hiperinflación.

Otra nota del banco de inversión Goldman Sachs, escrita por Alberto Ramos, consideró que la salida de Guzmán puede verse como un “golpe político” contra el presidente Alberto Fernández –que quedó mucho mas debilitado– y “puede comprometer la relación con el FMI”.

“Una presidencia políticamente más débil e impopular aumentaría el riesgo de que la política macro se vuelva más heterodoxa e intervencionista”, indicó Ramos. “Dada la política inestable actual y el entorno político, en nuestra evaluación, la probabilidad de que la Argentina cambie hacia una combinación de macropolíticas más disciplinada y convencional es baja. Y, dado el bajo capital político de la administración actual, existe el riesgo de que la calidad de la combinación de políticas se debilite aún más”, agregó.

Héctor Torres, quien representó a la Argentina ante el board del FMI durante la presidencia de Cristina Kirchner y el inicio de la administración de Mauricio Macri, reiteró la necesidad de un consenso político. Nada indicaba que fuera posible.

“En el FMI siguen los acontecimientos con inquietud. Quieren saber si el cambio afecta el compromiso del gobierno con un programa que tiene poca condicionalidad y por ende pocas posibilidades de ser flexibilizado. No hay mucho para cambiar”, indicó Torres. “Es indispensable buscar consensos sobre políticas que puedan ser continuadas después del 2023. Para eso hace falta que quien ocupe la silla de economía tenga apoyo político, capacidad de articular intereses, tomar compromisos y hacerlos cumplir”, indicó.

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