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Wes Anderson se queda en la preciosa superficie de su nueva película

·7  min de lectura

Hay directores a los que se les puede reconocer inmediatamente por un solo fotograma y Wes Anderson es uno de ellos. El realizador de Moonrise Kingdom y El gran hotel Budapest se ha labrado una de las filmografías más ilustres y aclamadas de Hollywood y cada uno de sus estrenos se convierte en un gran acontecimiento para los cinéfilos.

Su nuevo film, La Crónica Francesa (The French Dispatch), no iba a ser menos, y tras una larga espera provocada por la pandemia, por fin llegó a los cines desde el 22 de octubre, dispuesta a satisfacer a sus fieles seguidores, ansiosos por volver a su peculiar y excéntrico universo. Eso sí, se recomienda ajustar expectativas, ya que, a pesar de haber sido recibida con aplausos por la crítica, la película se queda por debajo de sus mejores trabajos, constituyendo un (como siempre) magnífico ejercicio de estilo que, en este caso, no va más allá de la superficie.

'La Crónica Francesa' (Searchlight Pictures. © 2020 Twentieth Century Fox Film Corporation All Rights Reserved)
'La Crónica Francesa' (Searchlight Pictures. © 2020 Twentieth Century Fox Film Corporation All Rights Reserved)

La Crónica Francesa es el cine de Wes Anderson elevado a la enésima potencia. La película se presenta como un homenaje al periodismo tradicional con el que el director de Los Tenenbaums convierte la publicación de papel ficticia que da título al film en una colección de artículos en movimiento, transformando así el reportaje periodístico en cine, y viceversa. Inspirada en el amor del director por la revista The New Yorker, la cinta está formada por tres relatos independientes, además de un prólogo y un epílogo, que se desarrollan mientras en el despacho de noticias, el periódico prepara su última edición.

La película cuenta con un reparto estelar y multitudinario, entre el que nos encontramos muchos de los rostros habituales del cine de Anderson. Benicio del Toro, Adrien Brody, Tilda Swinton, Léa Seydoux, Frances McDormand, Jeffrey Wright, Mathieu Amalric, Bill Murray, Owen Wilson, Liev Schreiber, Edward Norton, Willem Dafoe, Christoph Waltz, Elisabeth Moss, Saoirse Ronan, Jason Schwartzman, Anjelica Huston (solo voz) y el omnipresente Timothée Chalamet forman un impresionante elenco que ya por sí solo justifica el precio de la entrada.

Todos ellos se reparten entre las diferentes historias que conforman el último número de La Crónica Francesa, narradas por los periodistas encargados de la investigación y redacción de cada una. La primera, La Obra Maestra de Cemento, sigue a un pintor encerrado en prisión (Del Toro), su musa (Seydoux) y su marchante (Brody) en un retrato de la locura como motor del arte y la genialidad. La segunda historia, Revisiones de un Manifiesto, es una historia de amor, revolución intelectual y maduración inspirada en las protestas francesas del mayo de 1968, donde por un joven ajedrecista (Chalamet), se ve envuelto en las revueltas estudiantiles. Y la tercera y última, El comedor privado del comisario de policía, es una historia de suspense que involucra drogas, secuestros y gastronomía.

Desde el primer plano de La Crónica Francesa, Anderson nos recuerda (o nos avisa de) que nos estamos adentrando en su idiosincrásico y personal universo de excéntricos personajes y situaciones estrambóticas. El cineasta americano es conocido por su meticulosidad y detallismo casi enfermizo a la hora de componer sus planos, y esta película supone la máxima expresión de su estilo, la obra más Anderson de Anderson.

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En ella no falta nada de lo que lo ha convertido en uno de los directores favoritos de la comunidad cinéfila: su paleta de colores pastel, sus encuadres perfectamente simétricos que forman viñetas estáticas llenas de detalles a descubrir y preciosos cuadros en movimiento, la siempre deliciosa música de Alexandre Desplat, su encantadoramente extraño sentido del humor o su narración a lo cuento de hadas marciano. Anderson perfecciona su estilo en una obra estéticamente excelente, una gozada para los sentidos en la que ningún elemento, por pequeño que sea, está ahí al azar y cada imagen merece su propio análisis artístico.

Pero para que la filigrana visual y técnica de Anderson vaya más allá de lo puramente estético, hace falta corazón, y en La Crónica Francesa cuesta encontrarlo. Sí, Anderson siempre ha sido un narrador frío, pero el aparente desapego de sus historias siempre ha escondido un pulso muy real, una emoción que en su última película brilla por su ausencia. Incluso en su anterior film, Isla de perros, quizá uno de los menos accesibles al gran público, se puede hallar fácilmente ese componente emocional que aquí apenas hace acto de presencia.

Para haber sido descrita como “una carta de amor” a los periodistas, La Crónica Francesa no enamora. A pesar de sus muchas virtudes, la película está bastante desprovista de sentimiento y humanidad. Es fría a más no poder, incluso para Anderson, que nos tiene acostumbrados a un estilo narrativo desapasionado, incluso robótico, que obliga a buscar la emoción en los rincones menos obvios. Es decir, aun apreciando el cine de Anderson y entendiendo sus códigos, como espectador, me costó mucho dar con la forma de conectar con sus personajes, como sí lo he hecho con otras de sus obras.

Quizá uno de los aspectos que lastran la película es la duración de sus episodios. Anderson utiliza muy inteligentemente el formato antológico para traducir el lenguaje de los reportajes de investigación en relatos cinematográficos, pero los capítulos se pueden hacer largos y van de más a menos.

Benicio del Toro en La crónica francesa (Photo Courtesy of  Searchlight Pictures. © 2020 Twentieth Century Fox Film Corporation All Rights Reserved)
Benicio del Toro en La crónica francesa (Photo Courtesy of Searchlight Pictures. © 2020 Twentieth Century Fox Film Corporation All Rights Reserved)

El primero es el mejor con diferencia. La historia del artista demente encarnado por Benicio del Toro pone alto el listón, pero los dos siguientes pasajes no están a la altura. El capítulo de Chalamet embriaga con su recreación plástica del mayo del 68, pero no va más allá, y para cuando llegamos al último, el más aburrido de todos, la película ya se ha alargado más de la cuenta. Quizá el ritmo se habría beneficiado considerablemente con capítulos más cortos, lo que habría permitido además añadir alguno más. En otras palabras, extrañamente, La Crónica Francesa me dejó agotado, pero a la vez con ganas de más.

Al César lo que es del César. Wes Anderson ha confeccionado otra obra cinematográfica exquisita, como se espera de él, un trabajo de elegante y pictórica puesta en escena que supone la cumbre de su estilo y la enésima confirmación de que no hay nadie como él, un maestro del uso del encuadre, la planificación y el color en el cine. Jamás se me ocurriría decir que La Crónica Francesa es una mala película, nada más lejos de la realidad. Pero, a pesar de ser continuista y 100% fiel a sí mismo, está desprovista de la magia de otras obras del director. Sus detractores suelen acusarlo de anteponer el estilo a la sustancia, y en este caso me temo que tengo que darles la razón.

'La Crónica Francesa' (Searchlight Pictures. © 2020 Twentieth Century Fox Film Corporation All Rights Reserved)
'La Crónica Francesa' (Searchlight Pictures. © 2020 Twentieth Century Fox Film Corporation All Rights Reserved)

Una nueva película de Wes Anderson siempre será una gran noticia para los amantes del cine, un oasis de originalidad en un panorama donde cada vez es más difícil encontrarla. Pero si bien La Crónica Francesa está llena de buenos momentos y cada uno de sus planos es una obra de arte en sí mismo, a la vez, estamos ante el trabajo más autoindulgente y superficial de su filmografía, un plato de gourmet que entra bien por los ojos y los oídos, pero que no cuenta demasiado con su sabor. En definitiva, Anderson se repite, para bien y para mal, con una película que, en lugar de ser un homenaje sentido al periodismo como se suponía, es más bien una carta de amor a sí mismo.

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