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El futuro vuelve al pasado: el zepelín revive como alternativa al avión

Las nuevas generaciones de viajeros reclaman una forma de turismo que sea capaz de combinar ocio con el respeto al medio ambiente, el llamado ‘eco-turismo’. En la búsqueda de alternativas sostenibles, los zepelines han resurgido del olvido para convertirse en una de las opciones más viables para cuidar del planeta.

Los zepelines triunfaron durante la primera mitad del siglo XX. Aunque su objetivo inicial era el transporte de pasajeros y mercancías, en la Primera Guerra Mundial se empezaron a usar como armas estratégicas. Sin embargo, fueron poco a poco relegados a tareas de observación, en favor del aeroplano, más rápido y barato de producir. Catástrofes como la del dirigible Hindenburg en 1937, que se incendió accidentalmente mientras trataba de aterrizar en la costa de Nueva Jersey, hizo que se frenaran todos los proyectos aerostáticos durante décadas.

Con la irrupción de nuevas formas de turismo, se está estudiando el regreso del zepelín como alternativa respetuosa con el medio ambiente. El avión es el medio de transporte más rápido y, con las aerolíneas ‘low cost’, es posible aterrizar en decenas de ciudades del mundo a un precio muy asequible. Sin embargo, ante la crisis climática actual, cada vez más viajeros están concienciados de la importancia de optar por un turismo sostenible, que dañe el planeta lo mínimo posible.

Según la International Air Transport Association, los aviones son responsables del 2% de las emisiones globales de gases efecto invernadero, y los dirigibles podrían reducir su uso en un 90%, puesto que se mueven mediante hidrógeno o helio. El primero es más sostenible y barato, el segundo, más seguro, al no ser inflamable. 

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Un zepelin despegando cerca de París. Reuters

Empresas como Varialift Airship han diseñado ya modelos de zepelines que apenas tienen que ver con el modelo clásico. Aunque todavía se encuentran en fase de prueba, se ha demostrado que estas naves son capaces de llegar a sitios inaccesibles para los aviones, además de poder transportar un volumen mayor de cargas y de pasajeros. Estas utilidades los harían idóneos, por ejemplo, para la distribución de ayuda humanitaria.

Los dirigibles son silenciosos, por lo que tampoco generan contaminación acústica, y no requieren largas pistas de aterrizaje y despegue, al poder alzar el vuelo de forma prácticamente vertical. También podrían ser utilizados, por tanto, para tareas como la vigilancia aduanera, la prevención de incendios o investigaciones científicas y espaciales. De hecho, la NASA está investigando el empleo de los zepelines para recoger datos climáticos y meteorológicos.

Empresas como Amazon están barajando su uso para el transporte de mercancías, pudiendo sustituir no solo a los aviones, sino también parte de los vehículos de transporte por carretera. Esto evitaría generar más contaminación ambiental y acústica, además de reducir colapsos en autopistas.

El lado malo

Sin embargo, los zepelines son menos resistentes a las inclemencias del tiempo, como las tormentas o los huracanes, no permiten el mismo nivel de maniobra que los aviones y requieren hangares muy grandes.

Su velocidad máxima puede llegar hasta los 300-350 kilómetros por hora, que ni siquiera es la mitad de la que podría alcanzar un avión comercial, y esto es una desventaja en la ‘sociedad de la inmediatez’.

Los vuelos transatlánticos, por ejemplo, tardarían el doble en completarse. Esto puede no representar un inconveniente para algunos turistas, pero no es una opción viable para personas que viajen por trabajo, o por emergencias. Tampoco compensan para el transporte de mercancías urgentes.

Aunque resulta muy improbable que los zepelines sustituyan del todo a los aviones convencionales, es evidente que conviviremos con ellos en un futuro no muy lejano.

  

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