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¿Cuánto más aguanta la economía? La pregunta clave tras la renuncia de Guzmán

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Renunció el ministro de Economía, Martín Guzmán.
Renunció el ministro de Economía, Martín Guzmán. - Créditos: @JUAN MABROMATA

“No pierdas el tiempo”. La lapidaria respuesta del ahora exministro de Economía Martín Guzmán llegó por WhatsApp nueve minutos después de la medianoche del viernes. La pregunta inicial tenía que ver con versiones concretas gestadas en el propio Gobierno sobre su eventual renuncia o despido. “Lo que sí sabemos es que tarde o temprano no va a seguir”, habían anticipado fuentes del cristinismo más explícito.

Sin embargo, esas profecías fueron varias veces anticipadas por esa ala y nunca cumplidas porque “Guzmán es el garante de Alberto”, se encargaban de repetir una y otra vez entre los laderos del Presidente. Durante la jornada de ayer también crecían los rumores. “No pasa nada de nada. Sergio se está yendo a la cancha y te imaginás que si hubiera un cambio de gabinete eso no sucedería. Lo único que sí puedo decirte es que Guzmán continúa en su puesto”, respondía certero uno de los integrantes de la mesa chica del Frente Renovador. En tanto, fuentes cercanas al canciller albertista Santiago Cafiero fueron más allá. “Martín está firme. Empezaron a operarlo fuerte hace tiempo, pero en la cabeza de Alberto no está cambiarlo y en la de él tampoco irse. Logró un buen programa con el Fondo, reestructuró la deuda privada y tiene agendado conseguir una rebaja con el Club de París. Olvidate”, reveló la misma fuente.

Todos forman parte de lo más alto del poder en el país. Todos son protagonistas de la gestión. Minutos después, en medio de la presentación de Cristina Fernández de Kirchner en el acto de Ensenada, la renuncia de Guzmán pasó de “sarasa” a un hecho indeclinable. La carta de siete carillas no fue improvisada. Su versión borrador estaba redactada hace más de una semana. Lo que faltaba era el timing. La sorpresa para los propios fue tal que la agencia oficial Télam había publicado ayer un artículo con el título “Guzmán viajará este lunes para las negociaciones con el Club de París”, en paralelo a su dimisión en Twitter. Hoy esa nota vegeta en digital con un contenido distinto: renunció Guzmán y vuelve a suceder lo mismo que con la improvisada salida del exministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, quien tenía paga su gira por el exterior y se quedó en la Aduana.

Pese a los respaldos públicos, Guzmán y Fernández ya se habían dado señales mutuas de que algo había cambiado. El Presidente no lo llevó al G7 y Guzmán le había pedido una vez más la cabeza de los Federicos, como internamente se llama a los (no) reportes camporistas que tenía en Energía. Paradojas de esta época de organigramas alterados. Uno de los últimos escollos fue la falta de implementación de los formularios para aumentar las tarifas. Algo que se viene prometiendo y cuya demora es más que evidente. “El Presidente le había dicho que habría cambios y eso no sucedió. Ya no había más margen y encima le exigían resultados de corto plazo. Ya era insostenible. Los Federicos están preocupados sólo por la elección y no por la gestión”, justificó una alta fuente de Economía. Anoche todos los funcionarios ligados a Guzmán seguían en el ministerio en una catarsis privada. “Vivimos días imposibles donde nos trababan todo. Ya está”, daban vuelta la página. Y aseguraban que el ahora exministro seguirá ligado al Presidente, aunque todavía no está claro desde qué rol.

El dato de inflación que llegará en los próximos días tampoco será alentador. La economía cerrará el presente año con la inflación en un rango que va del 72,6% al 75,1%, según el promedio general o el de los 10 pronosticadores que fueron más certeros en este tipo de proyecciones, lo que supondría el mayor nivel desde el final de la última híper, en la primera parte de 1991, según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que mes a mes realiza el Banco Central (BCRA). A su vez, proyectaron que la inflación núcleo (aquella que excluye los precios más volátiles) alcanzaría el 72,8%, siendo 8,6 puntos mayor a la que vaticinaron en la encuesta pasada. Dos datos imposibles de defender para el funcionario que era más longevo dentro del gabinete.

“Es que el Gobierno está signado por la falta de rumbo. Hoy no hay precios de referencia de nada y mucho menos alguien en quien confiar”, sostuvo uno de los empresarios más influyentes del país.

Al punto que al googlear “contradicciones de Alberto Fernández” es el presidente de la Nación quien ostenta por lejos el récord de resultados desde la vuelta a la democracia. Ni más ni menos que 2,2 millones de resultados. Duplica a su vicepresidenta y supera por lejos al expresidente Mauricio Macri. Un botón digital de una realidad política y analógica y una muestra más que justifica la pérdida de credibilidad del titular del Poder Ejecutivo. Ahora es necesario mucho más que un cambio de nombres, resumían ayer antes de los anuncios formales.

Foro MUndial de Derechos Humanos
El presidente Alberto Fernández. - Créditos: @Tomás Cuesta

Es que ahora sin Guzmán es otra la pregunta que está instalada en los ámbitos más altos del poder. Tanto en el gobierno nacional como entre los principales empresarios y sindicalistas, y también entre los dirigentes de la oposición, surge cada vez con más fuerza una pregunta: ¿Cuánto aguanta la economía?

Es justamente ese verbo el que había utilizado en septiembre de 2020 el ministro Martín Guzmán en una entrevista con LA NACION. “Cerrar más el cepo sería una medida para aguantar y no vinimos a aguantar la economía”, fue el título por entonces. Se hizo todo lo contrario.

La preocupación actual coincide con la realidad y es que, independientemente de los nombres, la economía argentina se le está yendo de las manos al Gobierno. En la reunión de Cristina Fernández de Kirchner con Carlos Melconian eso quedó latente. Ella le admitió su preocupación y él le sugirió que la fórmula de salida para evitar una crisis mayor sería aplicar “el Fabregazo”. En referencia a Juan Carlos Fábrega, quien fue titular del Central cuando produjo la mayor devaluación del peso en doce años y le puso fin al gradualismo cambiario. “Había una situación equivalente de estrangulamientos de reservas, con algún atraso cambiario, el Central que no compraba dólares, tenías cantidad de pesos –en aquel entonces parado el Club de París y los buitres–, un ajuste clásico significó que no te alcanzaba a devaluar diariamente, sino que tuvo que hacer un saltito”, le habría dicho el extitular del Banco Nación.

Para profundizar en su explicación sobre el ajuste que habría que hacer para evitar una crisis terminal, el economista recurrió a un curioso paralelo. “Los saltitos no son una operación a corazón abierto, pero necesita sedación y se hace en quirófano, no es en el consultorio”. Cristina, quien se enteró en tiempo real de la salida de Guzmán, escuchó a Melconian con atención. Ayer, sin embargo ante su tribuna electoral, los reflejó en el mismo espejo. Esa aseveración, que para el círculo rojo sería un elogio, es todo lo contrario en territorio del conurbano, y mucho más para toda su primera fila, donde se reían cómplices Máximo Kirchner y Axel Kicillof.

De no hacer cambios de fondo, la economía se encamina a un sendero de no retorno y así también el gobierno de los Fernández. No se trata de un diagnóstico agorero sino de la realidad. Tanto Fernández como Kirchner conocen los detonantes de grandes crisis sociales en la región. En Venezuela (2017) fue por la quita de poderes a la Asamblea Nacional, de mayoría opositora. En Colombia (2021), por la reforma tributaria. En Chile (2019) el disparador fue el aumento en el precio del metro y en Ecuador por el “paquetazo” de medidas que eliminaban subsidios a los combustibles (2019) y por el aumento del precio del combustible (2022). En Paraguay hubo también dos capítulos. Uno ocasionado por la gestión de la pandemia (2021) y el otro por aumento del precio del combustible (2022). En Brasil (2014) también fue por el incremento del precio del transporte público.

Cristina Kirchner y Alberto Fernández.
Cristina Kirchner y Alberto Fernández. - Créditos: @Rodrigo Nespolo

En la Argentina hay varias encuestas que actúan como luces rojas de un tanque en reserva. Las expectativas negativas volvieron a manifestarse en el mes de junio. El 60% de los argentinos cree que la inflación será más alta en el mes de julio y sólo el 23% estima que la situación económica será mejor en dos años. Es la cifra más baja del último año y medio, según el relevamiento de la consultora Fixer, que fue la que acertó en los resultados de las PASO en 2021. Además, según ese relevamiento, la inflación es considerada el principal flagelo. Otro estudio de la consultora Giacobbe avanza en igual sentido. “Economía, inflación, trabajo y dinero” son los principales desvelos de las familias argentina para ese informe que está hoy en los principales despachos empresarios.

La situación es tan crítica que hasta los albertistas –especie en extinción dentro del gabinete nacional– le habían avisado al Presidente sobre la necesidad de cambiar al titular de la cartera. “Claro está, ahora el debate en ciernes no es quién es el dueño de la lapicera, sino de la cartuchera, porque Cristina maneja casi todo el gabinete y habla de este gobierno como si fuera de la oposición”, describe un todavía ministro de Fernández. Las cuentas que tienen son las siguientes: salvo en una sola elección, que fue la de Carlos Menem en 1995 y en un contexto totalmente distinto, nunca un oficialismo ganó una elección en la Argentina con la economía en crisis. Por eso, medidas como la que propone Kicillof de un inviable salario universal o la idea de volver al control de precios estilo Guillermo Moreno son dos utópicas soluciones electorales que vuelven a la cancha para legitimar votos entre el núcleo duro. Desde ayer se abren nuevos interrogantes en la relación con el Fondo Monetario Internacional, en la renovación de deuda y hasta en la relación entre Economía y el Banco Central.

Desde la oposición tampoco ven con buenos ojos que la economía penda de un hilo y temen por una herencia anticipada.

De hecho, no fueron casuales las declaraciones y el tono de Elisa Carrió, titular de la Coalición Cívica, en LN+. Ella expresó que agosto “es un mes clave” para la economía de la Argentina. Y agregó: “Estos chicos grandes tienen que dejar de pelear. Vamos a un tiempo terrible: no los puedo engañar. Vine a decir la verdad y me retiro”, advirtió. Antes de sus declaraciones, que habían sido compartidas con toda la cúpula del espacio opositor, Carrió se reunió con tres de las principales espadas económicas de Juntos y le anticiparon la fricción inminente entre movimientos sociales e intendentes, las dificultades que generarán los frenos en la importación y la falta de credibilidad que existe hoy entre los inversores internacionales.

“Tocaron el botón equivocado. Ahora se les está escapando la economía y la política. El acuerdo con el Fondo Monetario era un ancla inflacionaria y había estabilizado el mercado cambiario. Pero ahora la pelea política escaló y sus lapiceras también”, resumió la economista Marina Dal Poggetto, titular de EcoGo.

A lo que un empresario argentino que vive en Uruguay agregó: “Esta película ya la vimos. O se despierta Alberto Fernández rápido u otro tomará las decisiones por él. La economía no aguanta más y la lapicera no tiene tinta”.

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