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Tras el cambio de postura de Biden sobre el muro fronterizo, un condado de Texas se pregunta: ¿por qué construirlo aquí?

Nayda Álvarez, profesora de secundaria que vive junto al río Bravo, en Rio Grande City, Texas, el 10 de octubre de 2023. (Verónica G. Cárdenas/The New York Times)
Nayda Álvarez, profesora de secundaria que vive junto al río Bravo, en Rio Grande City, Texas, el 10 de octubre de 2023. (Verónica G. Cárdenas/The New York Times)

CONDADO DE STARR, Texas — En las afueras de Rio Grande City, Texas, Eva Álvarez pasó junto a las tumbas de sus padres y abuelos antes de detenerse al borde del pequeño cementerio, estupefacta ante los bolardos de acero rojo óxido apilados en montones, fila tras fila, no muy lejos de su casa.

Durante años, el gobierno de Trump inspeccionó y expropió terrenos a lo largo de la frontera en el condado de Starr, donde Álvarez vive, y levantó una barrera de acero en segmentos para disuadir y redirigir los cruces no autorizados. Muchos residentes veían el muro como algo innecesario y mal concebido y cuando el presidente Joe Biden asumió al cargo y ordenó detener la construcción, Álvarez y otros residentes de estas tierras accidentadas y casi rurales en su totalidad en la frontera de sur de Texas pensaron que el proyecto había sido descartado.

Ya no.

Los residentes del condado de Starr, en especial los que tienen tierras a lo largo del río Bravo, se preparan para la reanudación de la construcción después de que el gobierno de Biden anunció la semana pasada que pasaría por alto varias leyes y reglamentos federales para comenzar a levantar nuevas secciones del muro fronterizo en Texas.

La decisión de construir poco más de 27 kilómetros de muro nuevo en el condado de Starr provocó la ira de muchos demócratas, que acusaron a Biden de incumplir una promesa electoral. Pero coincidió con una oleada de cruces no autorizados a lo largo de muchas partes de la frontera sur en las últimas semanas, lo cual ha desbordado a comunidades de Texas, Arizona y California y ha supuesto un formidable desafío político para Biden.

El enorme número de llegadas ha trastocado la política migratoria tradicional, ya que los alcaldes demócratas, incluidos los de Nueva York y Chicago, han instado a que se tomen medidas para frenar el flujo de inmigrantes a sus ciudades, quienes llegan hasta ahí en autobuses facilitados en muchas ocasiones por Greg Abbott, el gobernador de Texas.

Un refugio nacional de vida silvestre cerca de La Grulla, Texas, el 9 de octubre de 2023. (Verónica G. Cárdenas/The New York Times)
Un refugio nacional de vida silvestre cerca de La Grulla, Texas, el 9 de octubre de 2023. (Verónica G. Cárdenas/The New York Times)

Al pasar por alto las leyes existentes como la ley de aire limpio y la ley de especies protegidas la semana pasada en un esfuerzo por acelerar la construcción, el gobierno de Biden señaló la urgencia de la situación — “una necesidad urgente e inmediata de construir barreras físicas”, según el secretario del Departamento de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas— incluso cuando el presidente mismo dijo que no creía en la utilidad de los muros.

Es poco probable que la construcción de la valla en el condado de Starr repercuta en el número de llegadas a lo largo de la frontera, al menos a corto plazo, según las autoridades locales, porque la zona no ha experimentado un aumento reciente de la migración.

“Nos dijeron que esto era para reducir el flujo de inmigrantes ilegales en el país”, dijo el juez del condado, Eloy Vera, que es el funcionario de mayor rango del condado. “Si ese es el caso, y para eso es, se está construyendo en el lugar equivocado”.

Vera sugirió que una mejor ubicación en Texas sería alrededor de El Paso o Eagle Pass, donde todos los días llegan cientos y a veces más de mil migrantes.

El gobierno de Biden ha dicho que la reanudación de la construcción de una barrera fronteriza federal en el condado de Starr fue solicitada por el Congreso mediante un presupuesto aprobado durante el gobierno de Trump. Se basó en planes que ya habían estado en marcha para el condado, cuyos cerca de 66.000 residentes, en su mayoría hispanos, viven justo río arriba de los centros urbanos del Valle del Río Grande, que, en términos generales, tienen una mayor población.

El estado de Texas también ha venido construyendo poco a poco su propia barrera fronteriza en el condado de Starr, aunque se han construido alrededor de 3 de los cerca de 11 kilómetros planeados.

Desde hace tiempo, el condado ha sido un punto de cruce popular, tanto para los migrantes como para el contrabando de drogas, sobre todo en la pequeña ciudad de Roma.

“Hay gente cruzando todos los días”, comentó Alejandro Barrera, administrador de la ciudad de Roma. Pero afirmó que los números eran manejables y que agentes de la Patrulla Fronteriza se llevaban a los migrantes a otras áreas para procesar su ingreso. “Hasta ahora, la inmigración no afecta a la población local”, dijo Barrera, además de la persecución ocasional de los contrabandistas por las fuerzas del orden en las carreteras locales.

La zona es conocida desde hace décadas por sus índices delictivos y tráfico transfronterizo de drogas, aunque algunos funcionarios de las fuerzas de seguridad afirman que esos tiempos ya pasaron. La ciudad más grande, Rio Grande City, registró solo un homicidio al año durante los últimos dos años, según el subjefe de policía, José Solís.

El condado es una de las áreas más pobres de Texas —muchos de sus jóvenes se marchan a trabajar a otras partes, sobre todo a los campos petroleros de Texas— y en fechas recientes se intentó crear puestos de trabajo con el aumento del tráfico de camiones comerciales desde México. En Roma, se está construyendo un gran centro industrial.

A la par del aumento del comercio legal, la actividad ilegal también ha continuado a lo largo de la frontera. Un día laboral reciente, se pudo ver avanzar en formación hacia una casa a agentes de la Patrulla Fronteriza y de las fuerzas del orden locales para una operación en la pequeña comunidad de Fronton, río arriba de Roma.

Algunos habitantes del condado afirman que la situación general en la frontera ha llegado a un punto en el que es necesario hacer algo y que un muro fronterizo podría ser parte de la solución. “No veo por qué no”, dijo Leonardo Sánchez, que se trasladó de México hace dos años para abrir una destilería de agave en un barrio histórico de Roma. “Leyendo las noticias y todo lo que está pasando, entiendo por qué a la gente no le gusta lo que está pasando, abrir la puerta y dejar entrar a toda esta gente”, agregó.

Nayda Alvarez, de 52 años, profesora de secundaria que vive en la ribera del río a las afueras de Rio Grande City, ha sido una de las residentes que más ha luchado contra la construcción del muro fronterizo desde que el gobierno de Trump lo propuso, cuando se subió al tejado de su casa y pintó la leyenda “No al muro fronterizo” en grandes letras blancas.

Durante años, ha luchado en los tribunales, con el apoyo de la organización Texas Civil Rights Project, y ha tratado de mantener a los topógrafos fuera de su tierra. De pie bajo un mezquite en su patio trasero, señaló el área donde, durante el gobierno de Trump, le dijeron que pasaría un muro: a unas decenas de metros de su casa.

“Estoy cansada, de verdad, muy cansada”, dijo, para describir su reacción a la reanudación de la construcción por parte del gobierno de Biden, pero señaló que la mayoría de sus vecinos no se habían pronunciado al respecto. “Creo que mucha gente se dio por vencida”, dijo. “Empezando desde arriba; hasta Biden dijo: ‘Tengo las manos atadas’”.

c.2023 The New York Times Company