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Casa El Gaucho: el negocio que desde 1924 es una parada obligada para los que vacacionan en la costa

·5  min de lectura
La máquina registradora de Casa el Gaucho data de 1918 y aún funciona
LA NACION/Tomas Cuesta

GENERAL MADARIAGA.– Un poco más de tres horas en auto demanda llegar desde la Capital a esta localidad, a 25 km de Pinamar, donde todavía se conservan intactas las tradiciones campestres. Entre ellas, la de comprar en la antigua Casa El Gaucho, atendida desde 1924 por cuatro generaciones que hicieron crecer su comercio de la mano de la urbanización de la costa bonaerense. Su atractiva vidriera, donde se exhiben platería criolla, ponchos, estribos y sombreros hechos a mano, invita a turistas y a lugareños a pasar, ver y preguntar.

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Todos se saludan con amabilidad al ingresar en este comercio ubicado al 255 de una de las calles principales, Avellaneda. Un hombre pide un par de alpargatas negras, una mujer busca una ruana de colores para la suegra y un joven pregunta cuánto cuestan los estribos, que necesita para la jineteada del fin de semana. Osvaldo José Pedroche y su familia atienden sin apuro, y, en forma personalizada, a cada uno. Es una costumbre que viene de principios de siglo, cuando el primer Pedroche fundó el comercio, épocas donde las calles eran de tierra y no existían los grandes centros turísticos aledaños. Él está rodeado de su mujer, su hijo y una empleada. El dinero sale de una máquina registradora que data de 1918 y que aún funciona. Según dice, marca lo que se fía, lo que se gasta, lo que se recibe y lo que va a cuenta. “¿Lo fiado?”, pregunta LA NACIÓN. “Los clientes son amigos”, responde Pedroche.

Osvaldo José Pedroche es el dueño del comercio, que fundó su abuelo en 1924
LA NACION/Tomas Cuesta


Osvaldo José Pedroche es el dueño del comercio, que fundó su abuelo en 1924 (LA NACION/Tomas Cuesta/)

Durante el verano reciben a muchos turistas de Villa Gesell, Pinamar y Cariló, entre otras localidades, pero a lo largo del año proveen a la población estable de General Madariaga, que cuenta con 20.000 habitantes. Aquí todos los años se celebra la Fiesta Nacional del Gaucho, entre otras festividades típicas, explica el dueño del comercio. “También está la del Mejor Reservado y del Talar, que son cinco días de jineteadas”, afirma.

En el pequeño local se respira olor a cuero, a hilados, a lana virgen (de vicuña, alpaca o de oveja). Está tan marcado a fuego por las tradiciones del campo que ofrecen todo lo necesario para montar a caballo: pretales, riendas, estribos, fustas y lazos, entre otros artículos. Sombreros hay para todos los gustos, y de marcas clásicas: Lagomarsino, Juan Laguna y Maidana.

Las mujeres pueden comprar camisas, zapatos, botas, suéteres, camperas de cuero y pashminas, entre otras prendas. A esto se suman objetos trabajados en plata, mates, y una gran variedad de cuchillos.

“Excelente atención. De primera, las prendas y los artículos de cuero. Volveremos”, dice una de las clientas, Julia Cicchini. Por su parte, la guía de turismo local, Laura Lurati, cuenta: “Me compré una montura. Hay lindos y clásicos productos de talabartería. Botas, pantalones, buenos ponchos. Es para darse una vueltita”.

Cuchillos, una de las estrellas del comercio
LA NACION/Tomas Cuesta


Cuchillos, una de las estrellas del comercio (LA NACION/Tomas Cuesta/)

El fundador

Casa El Gaucho abrió el 10 de octubre de 1924. Fue fundada por Silo José Pedroche, un personaje bohemio y buscavidas del sur de la provincia. Según cuenta su nieto, “era muy pobre, tenía ocho hermanos y no había nada en su casa para comer. Se escapó de su hogar, trabajó en un campo cercano, hizo la conscripción, vivió en Mar del Plata y estuvo en Coronel Vidal donde pintó las paredes de un club. Llegó hasta 4to. grado, pero era un artista plástico”.

Desde Coronel Vidal llegó hasta General Madariaga cuando era un pueblo nuevo que crecía. Trabajó en una tienda llamada Casa Galli, vivía en una pensión y ahorraba dinero. Compró mercadería y en una peluquería instaló su primer negocio, que luego trasladó a la actual ubicación. Solo vendía artículos de talabartería, ropa de campo y productos de perfumería. No se le ocurría vender jeans ni zapatos, ya que esas prendas no eran utilizadas por los gauchos.

Conquistó al hombre de campo, porque supo comprender su idiosincrasia y se hizo sentir como un igual”, relata su nieto. Por eso, en el local no podían faltar las guitarras e instrumentos musicales ya que ahí se reunían a cantar. “Fue el primero en vender acordeones en las inmediaciones. Tuvo tal éxito que por aquella época se escuchaba la frase ´sos gaucho, porque te viste Pedroche´”, dice el nieto.

Artículos de platería también se venden en el comercio
LA NACION/Tomas Cuesta


Artículos de platería también se venden en el comercio (LA NACION/Tomas Cuesta/)

Don Silo José quería que en la familia todos tuvieran el nombre José tomado del Santoral católico. Se cumplió su deseo. Su hijo se llamó Oscar José, el nieto a cargo del negocio Osvaldo José y sus dos bisnietos, Facundo José y José Ulises. Uno de ellos colabora en el negocio y el otro se dedica a las jineteadas.

La familia Pedroche fue testigo de los cambios que sufrió General Madariaga. Antes de que se hicieran los balnearios, los ómnibus llegaban a media cuadra del local, y la estación de ferrocarril estaba a dos cuadras. El pueblo abastecía a toda la costa, donde prácticamente no había nada construido. Ahora es una localidad, viven muchos trabajadores de campo y también aquellos que se dedican al turismo: muchos comerciantes y dueños de balnearios de Pinamar y Villa Gesell tienen su hogar en General Madariaga, explica Osvaldo José.

En Casa El Gaucho, también se pueden conseguir ponchos
LA NACION/Tomas Cuesta


En Casa El Gaucho, también se pueden conseguir ponchos (LA NACION/Tomas Cuesta/)

En cuanto al futuro del negocio familiar, no lo duda: “Vamos a seguir mostrando aquello que nos apasiona: la tradición y todo el riquísimo conjunto de costumbres “gauchas”, no solo sus prendas y avíos, sino también los más nobles valores del gauchaje: la hospitalidad, la decencia, el esfuerzo, el sacrificio en el trabajo, la honradez, la lealtad, el respeto y la austeridad”.

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