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Por un caso de mala praxis, Mendoza fue condenada a pagar $30 millones a una familia

·3  min de lectura
La pequeña fue atendida en 2015 en el Hospital Scarabelli, de Tunuyán, Mendoza.
Los Andes

Mendoza deberá pagarle más de 30 millones de pesos a una familia por un caso de mala praxis, que sucedió en 2015 en un hospital de la ciudad de Tunuyán. Así lo resolvió Tribunal Civil de Gestión Asociada 4, que responsabilizó a la provincia por un diagnóstico erróneo sobre una niña que le generó una enfermedad incurable y una incapacidad total.

El Tribunal ordenó indemnizar a la menor, que tiene siete años en la actualidad, por $13.200.000, más intereses, y a sus padres, por una suma de $16.600.000. No obstante, hasta que la sentencia no quede firme el dinero no estará disponible.

Según el expediente, citado por el diario Los Andes, la niña presenta una “incapacidad total, permanente y definitiva”, debido a un diagnóstico médico equivocado. Al nacer prematuramente, los profesionales le diagnosticaron una ictericia, una condición que surge a partir de los altos niveles de bilirrubina en la sangre del bebé. La calificaron entonces como fisiológica y no patológica.

La definición de los médicos del hospital Antonio Scarabelli de Tunuyán fue determinante. Con el correr de los días, la pequeña desarrolló un cuadro de kernícterus. Se trata de una afección, un tipo de daño cerebral generado a partir de la falta de tratamiento del exceso de bilirrubina.

“Las lesiones sufridas produjeron una enfermedad incurable, con pérdida de la salud mental y física, y una inutilidad para el trabajo permanente”, sostuvo uno de los peritos del caso. Tiene en la actualidad “una encefalopatía crónica no evolutiva”.

El tribunal tuvo en cuenta, para fijar el grado de incapacidad, las gravísimas consecuencias. La niña tiene “parálisis cerebral (daño orgánico cerebral) por lo que no mueve miembros en forma espontánea ni a favor ni en contra de la gravedad”.

Según la sentencia, “por sus múltiples secuelas -permanentes y que impactan en todo su organismo y en todos los sentidos esenciales- debe recibir un tratamiento multidisciplinario, interactuando varias especialidades, como clínica pediátrica, neurología, tratamiento con medicación permanente, oftalmología traumatología y ortopedia. También requiere estimulación psicomotriz temprana, fonoaudiología (por los diferentes trastornos de deglución u auditivos) y odontológicos, ya que tiene trastornos en el esmalte dental”.

El Tribunal Civil de Gestión Asociada 4 respaldó la solicitud de los abogados de la niña que habían solicitado $12.000.000 y $1.200.000 por incapacidad sobreviniente y daño moral. A su vez, se estableció $1.800.000 para cada padre y $12.000.000 debido a los gastos terapéuticos y de transporte.

Alta médica equivocada

De acuerdo a los informes de la Facultad de Ciencias Médicas, un especialista en pediatría y neonatología y el Cuerpo Médico Forense había signos para determinar al día siguiente del nacimiento, que la niña atravesaba una “ictericia patológica”, y no una fisiológica.

Entre otras razones, la bebé tenía una succión débil y dificultad para despertarse. Además, la alta cantidad de bilirrubina, que genera toxicidad, se presentó “dentro de las 24 horas de vida”, un dato que, a modo preventivo, debe considerarse para diagnosticar una condición patológica.

Al tratarse de una prematura, los profesionales que intervinieron en el caso indicaron que el tratamiento correcto “consistía en una exsanguinotransfusión”. Sin embargo, los médicos que atendieron a la bebé en ese momento destacaron la mejora surgida a partir de la luminoterapia y le otorgaron el alta médica.

La niña reingresó al hospital días más tarde. Presentaba ictericia generalizada, llanto vigoroso, apneas y convulsiones. Fue derivada entonces al Hospital Humberto Notti, en la ciudad de Guaymallén, donde fue correctamente diagnosticada. Detectaron en esa oportunidad que tenía alteraciones de origen neurológico con impacto en otros órganos.

De acuerdo a los peritos, el kernícterus -la enfermedad que le sobrevino- “lleva a la parálisis cerebral, sobre todo extra piramidal” y a una “hipertonía generalizada muy marcada, sobre todo en esta niña, [caracterizada por el] predominio de movimientos anormales y la postura, lo que lleva alteraciones en miembros, cuello, tronco y miembros inferiores con hipoacusia sensorial. También a trastornos de la mirada, alteraciones en el habla y en la deglución”.

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