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CORRECCIÓN: Crisis y rescate: el tortuoso ciclo que acosa a las naciones endeudadas

Obra en secciones de la Ruta Nacional Seis, carretera que conecta a la capital de Ghana, Acra, con la segunda ciudad más grande del país, Kumasi, el 16 de agosto de 2023. (Francis Kokoroko/The New York Times)
Obra en secciones de la Ruta Nacional Seis, carretera que conecta a la capital de Ghana, Acra, con la segunda ciudad más grande del país, Kumasi, el 16 de agosto de 2023. (Francis Kokoroko/The New York Times)

ACRA, Ghana — Emmanuel Cherry, director ejecutivo de una asociación de empresas constructoras de Ghana, estaba sentado en un café a orillas del parque infantil Efua Sutherland en Acra, cerca del tren para niños y la rueda de la fortuna en ruinas, haciendo cuentas para determinar cuánto les debían las agencias gubernamentales a miles de contratistas.

Según dijo, antes de intereses, los pagos en mora ascendían a 15.000 millones de cedis, aproximadamente 1300 millones de dólares. “La mayoría de los contratistas están en casa”, comentó Cherry. Ya despidieron a los trabajadores.

Al igual que muchos otros en este país de África occidental, los contratistas deben esperar en línea para recibir su dinero. Quienes reciben formación docente afirman que ya les deben dos meses de salario. A los productores independientes de electricidad, que han advertido que habrá apagones extensos, se les adeudan 1580 millones de dólares.

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En esencia, el gobierno está en quiebra. Después de incurrir en incumplimiento en el pago de miles de millones de dólares adeudados a acreditantes extranjeros en diciembre, al gobierno del presidente Nana Akufo-Addo no le quedó más remedio que convenir en aceptar un préstamo de 3000 millones de dólares del acreditante de último recurso, el Fondo Monetario Internacional.

Es la 17.ª ocasión en que Ghana se ha visto obligada a recurrir al FMI desde que obtuvo su independencia en 1957.

Esta última crisis se debió en parte al caos provocado por la pandemia de coronavirus, la invasión rusa a Ucrania y el aumento en el precio de los alimentos y el combustible. Pero lo cierto es que este es el tortuoso ciclo de crisis y rescate que viven decenas de países pobres y de ingresos medios de África, América Latina y Asia desde hace varias décadas.

El mercado Makola en Acra, capital de Ghana, el 12 de agosto de 2023. (Francis Kokoroko/The New York Times)
El mercado Makola en Acra, capital de Ghana, el 12 de agosto de 2023. (Francis Kokoroko/The New York Times)

Estos ciclos despiadados serán el tema de conversación en la Asamblea General de las Naciones Unidas que arranca este 19 de septiembre. La carga de deuda de los países en desarrollo, que en este momento se calcula supera los 200.000 millones de dólares, podría trastornar economías y causar el desmoronamiento de los avances logrados con gran esfuerzo en la educación, el cuidado de la salud y los ingresos. El problema es que los países pobres y de bajos ingresos han batallado para captar atención internacional sostenida.

En Ghana, el FMI estipuló un plan de rescate detallado para lograr que el país se recupere (con acciones como controlar la deuda y el gasto, elevar los ingresos públicos y proteger a los más pobres) mientras negocia con sus acreedores extranjeros.

De cualquier manera, persiste la irritante pregunta para Ghana y otros países emergentes endeudados: ¿por qué pensar que esta vez será diferente?

El plan de rescate más reciente preparado para Ghana se ocupa de problemas clave, explicó Tsidi M. Tsikata, investigador sénior del Centro Africano para la Transformación Económica en Acra. Pero también fue así con muchos de los anteriores, señaló, y de todas formas se repitieron las crisis.

La última vez que Ghana recurrió al fondo fue en 2015. En tres años, el país iba encaminado a pagar el préstamo y era una de las economías de crecimiento más acelerado en el mundo. Entonces, Ghana se presentaba como modelo para el resto de África.

La producción agrícola había incrementado y las exportaciones principales (cacao, petróleo y oro) iban al alza. El país había hecho inversiones en infraestructura y educación, e incluso había iniciado un proceso de limpieza en la industria bancaria, que estaba plagada de acreditantes consternados.

Sin embargo, Ghana se encuentra de nuevo en una situación de necesidad desesperada. El convenio de préstamo del FMI y la entrega de una parcialidad de 600 millones de dólares en mayo han ayudado a estabilizar la economía, calmar marcadas fluctuaciones en la moneda y restaurar un mínimo de confianza. La inflación todavía se encuentra por arriba del 40 por ciento, pero ya bajó con respecto a su punto más alto, del 54 por ciento, en enero.

No obstante, a pesar del proyecto del FMI, Tsikata, que por tres décadas fue jefe de división en el fondo, indicó que no hay muchas esperanzas de que Ghana no se encuentre en una situación similar en unos años.

Los efectos devastadores del cambio climático se ciernen sobre el problema. En la siguiente década, según calcula un análisis de las Naciones Unidas, se requerirán billones de dólares en nuevos financiamientos para mitigar el impacto en los países en desarrollo.

En Ghana, el gobierno debía 63.300 millones de dólares a finales de 2022, no solo a acreedores extranjeros, sino también a acreditantes locales como fondos de pensiones, aseguradoras y bancos locales que habían confiado en que el gobierno era una inversión segura. La situación fue tan inusual que el FMI, por primera vez, puso como requisito para el rescate la liquidación de la deuda nacional. En febrero concluyó una reestructuración parcial que redujo los rendimientos y recorrió las fechas de vencimiento. Si bien el recorte era necesario, socavó la confianza en los bancos.

En cuanto a los acreditantes extranjeros, este grupo incluye a miles de organismos privados, semipúblicos y gubernamentales, entre ellos China, que tienen distintos objetivos, convenios de préstamo y controles regulatorios.

Debido a la magnitud y el tipo de la deuda, “esta crisis es mucho más grave que las dificultades económicas que había enfrentado Ghana en el pasado”, aseveró Stéphane Roudet, jefe de misión del FMI en Ghana.

La vertiginosa proliferación de acreditantes ahora caracteriza gran parte de la deuda que abruma a los países angustiados en todo el planeta, lo que también la vuelve más compleja y difícil de resolver.

“No es que tengas a seis personas en una sala”, explicó Joseph E. Stiglitz, ganador del Premio Nobel y antiguo economista jefe del Banco Mundial. “Tienes a mil personas en una sala”.

‘El año pasado fue el peor de todos’

Fuera del estrecho puesto de Victoria Chrappah en el mercado Makola, hileras serpenteantes de vendedores llevaban pollos vivos, paquetes de papel higiénico y cargadores electrónicos en canastas gigantes sobre su cabeza.

Mientras se realizan las negociaciones de reestructuración con los acreditantes extranjeros, los hogares y las empresas hacen todo lo posible para sobrevivir. Chrappah se ha dedicado a vender tapetes de baño importados, cortinas para regadera y otros artículos para el hogar desde hace más de 20 años.

“El año pasado fue el peor de todos”, comentó.

Se disparó la inflación y el cedi perdió más de la mitad de su valor con respecto al dólar estadounidense, clavándole una estocada a los consumidores y las empresas de un país que importa todo tipo de artículos, desde medicamentos hasta automóviles. El Banco de Ghana elevó las tasas de interés para lidiar con la inflación, lo que afectó tanto a negocios como a los hogares que dependen de préstamos a corto plazo o desean invertir. En este momento, la tasa de referencia es del 30 por ciento.

Debido a la rapidez con que se está depreciando la moneda, explicó Chrappah, “algunas veces vendes algo por la mañana a un precio y luego debes considerar cambiar ese precio para el día siguiente”.

El poder adquisitivo y los ahorros han perdido la mitad de su valor. Doreen Adjetey, gerente de producto para Dalex Swift, empresa de finanzas con oficinas en Acra, señaló que una botella de Tylenol para aliviar el dolor de dientes de su bebé de 19 meses costaba 50 cedis el año pasado. Ahora cuesta 110.

Ahora gasta más de 3000 cedis en las compras de víveres para el mes, mientras que antes gastaba 1000. Anteriormente, su situación era cómoda, pues entre sus ingresos y los de su esposo recibían 10.000 cedis mensuales, equivalentes a alrededor de 2000 dólares cuando el tipo de cambio era de 5 cedis por dólar. Al tipo de cambio actual, sus ingresos equivalen a 889 dólares.

Cuando estalló la pandemia en 2020 y se paralizaron las economías, se redujeron los ingresos y se elevaron los costos de los servicios de salud, aumentó el temor de una crisis de deuda global. Ghana, al igual que muchos países en desarrollo, había acumulado préstamos considerables durante los años de tasas comerciales bajas.

Cuando la Reserva Federal y otros bancos centrales decidieron elevar las tasas de interés para combatir la inflación, los pagos de deuda externa de los países en desarrollo, denominados en dólares o en euros, se dispararon inesperadamente al mismo tiempo que subieron los precios de los alimentos importados, el combustible y los fertilizantes.

Ghana vio deslizar sus reservas en divisas hacia cero y el gobierno comenzó a pagar las importaciones de petróleo refinado directamente con oro comprado por el banco central.

Con todo, aunque esta serie de desafortunados sucesos globales quizás exacerbaron la crisis de deuda de Ghana, lo cierto es que no la crearon.

El gobierno actual, al igual que los anteriores, gastó mucho más de lo que recaudaba en ingresos. Por si fuera poco, los impuestos, como proporción de la producción total, están por debajo del promedio para el resto de África.

Para cubrir el faltante, el gobierno siguió pidiendo préstamos y ofreciendo tasas de interés cada vez más altas con tal de atraer acreditantes extranjeros. Luego pidió más dinero prestado para pagar los intereses generados por los préstamos anteriores. Para finales del año pasado, los pagos de intereses sobre la deuda absorbían más del 70 por ciento de los ingresos del gobierno.

“El gobierno está hinchado y es ineficiente”, afirmó E. Gyimah-Boadi, presidente del consejo de Afrobarometer, una red de investigación. Escuelas, hospitales y otros proyectos a media construcción quedan abandonados cuando llega una nueva administración. La corrupción y la mala gestión son problemas adicionales, señalaron varios economistas y líderes empresariales en Ghana.

Un aspecto más fundamental es que la economía de Ghana no está diseñada para generar el tipo de empleos e ingresos necesarios para lograr un desarrollo amplio y crecimiento sostenible.

“La historia de éxito de Ghana es real”, indicó Aurelien Kruse, economista líder de país en la oficina para Acra del Banco Mundial. “En lo que tal vez exageraron un poco”, dijo, fue en “que el rápido crecimiento no se diversificó”. La economía depende principalmente de las exportaciones de materias primas como el cacao, el petróleo y el oro, cuyo precio llega a un tope y luego baja en picada.

c.2023 The New York Times Company